| miércoles, 16 de julio de 2003 | En recuerdo de Norberto Campos Hay tanto para decir de Norberto que es bastante difícil escribir estas líneas sin tener la sensación de que algo puede quedar en el olvido. Pero lo más destacable era su lucidez con respecto al arte, su postura intransigente y creativa en demasía hacia la apertura mental de todos los que de alguna manera se acercaban a él. A Norberto le debo ese aprendizaje; siendo yo muy joven el me enseñó que el arte era otra cosa, que las disciplinas artísticas compartimentadas no existían, que todo era uno y lo mismo, todo era una otredad que siempre nos atravesaba. Su impecable formación artística no era solamente teatral, sino en la danza, la expresión corporal, las artes plásticas, y todas las variantes posibles; tal vez su paso por el Di Tella había reforzado esa concepción abierta y abarcativa de las artes hacia los estamentos netamente populares. Norberto jamás podrá morir, porque de una manera tan viva y hermosa perdura en nosotros, aconsejándonos, corrigiéndonos constantemente, observando el momento justo de lo prístino, divirtiéndose con un paseo en bicicleta, observando la belleza perdurable de la vida. Además Pepino siempre estará acompañándolo en una fiesta constante de colores, sonrisas e ironía política. Este es mi saludo para su despedida, para su familia cercana y todos sus amigos.
Marcela Römer
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