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 domingo, 29 de junio de 2003

Letra chica
Controversias en torno a un mural de Siqueiros

Dentro de cuatro contenedores, a la intemperie en los suburbios de Buenos Aires, un enorme mural del artista mexicano David Alfaro Siqueiros valuado en unos dos millones de dólares sufre desde hace 12 años el rigor de la humedad y el sol.

“Ejercicio plástico” fue pintado en 1933 sobre el piso, el techo y las paredes de un sótano de una casa de campo en las afueras de Buenos Aires y en 1990 fue fragmentado para su transporte, pero por un litigio judicial que impide moverlo o exhibirlo ahora se está deteriorando.

Según un peritaje realizado en enero, el mural está afectado por una “enfermedad estructural grave”, aunque de acuerdo con la subsecretaria de Cultura de la Nación, Magdalena Faillace, “le hace falta una restauración, pero no hay un deterioro muy importante”.

“Milagrosamente, ya que no está en las condiciones que requiere, el mural está en buen estado”, dijo la funcionaria.

Natalio Botana, el famoso director del diario Crítica, encargó la obra en 1933 a Siqueiros, durante una visita del artista al país.

El muralista, que nació en 1896 y estuvo en prisión en diversas ocasiones —entre otras causas, por atentar contra la vida del revolucionario León Trotsky—, contó con la ayuda de reconocidos artistas argentinos como Antonio Berni, Lino Spilimbergo y Juan Carlos Castagnino.

La obra es, según algunos críticos, una pieza fundamental del arte argentino y el inicio del muralismo local. El motivo, en el que se emplearon distintos tipos de pintura, son figuras femeninas que se mezclan y deforman a lo largo de la superficie.

El mural fue realizado con pinturas sintéticas, lo que estaría evitando una destrucción mayor. Las pinturas son “lo que volvió al mural inéditamente resistente y le permiten soportar las inclemencias a las que es sometido”, señaló un experto que pidió que no se revele su identidad.

La historia del conflicto en el que se encuentra envuelta la obra comenzó cuando la empresa que la compró y que financió el impresionante operativo de ingeniería para rescatarla pidió una protección ante una posible quiebra. Antes de desaparecer, la empresa vendió el mural a una firma argentina que luego la revendió a otra llamada Dencanor y que está sospechada de ser una empresa fantasma.

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