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 domingo, 29 de junio de 2003

Lugares
City Lights, cincuenta años de literatura y polémica
La librería que cobijó a la Generación Beat continúa siendo atendida en San Francisco por el poeta Lawrence Ferlinghetti

Michael Kahn

Los escritores de la “generación beat” casi han desaparecido pero la librería de San Francisco donde solían reunirse con su dueño, quien los ayudó a hacerse famosos, no parece estar decayendo después de cincuenta años.

Este mes, la legendaria librería City Lights cumple su medio siglo en el negocio literario, pero el editor y poeta Lawrence Ferlinghetti, de 84 años, sigue mostrando la misma actitud inconformista con el orden político y social establecido que lo llevó a los tribunales en 1957 por haber publicado un libro de poemas de Allen Ginsberg, “Howl” (Aullido).

“Tuvimos una posición disidente desde el comienzo”, dice Ferlinghetti en su oficina en la tienda de dos plantas ubicada en North Beach, San Francisco, un vecindario de restaurantes y bares donde su librería constituye una popular atracción turística desde hace mucho tiempo.

Cuando City Lights se inauguró en lo que entonces era un barrio predominantemente italiano, la librería se convirtió en el primer lugar dedicado a la venta de ediciones de bolsillo en el país —aunque ahora también vende libros de encuadernación dura— y se hizo famosa por sus libros radicales sobre una amplia gama de temas políticos, que no podían encontrarse en los negocios tradicionales.

En esa época, City Lights se convirtió en un refugio para escritores como Ginsberg y Jack Kerouac, quienes se mudaron a San Francisco en la década de 1950 para formar parte de la generación beat, llamada así porque incorporó en su obra el ritmo del lenguaje cotidiano de los estadounidenses y del jazz.

Mientras frecuentaban los bares y cafés de North Beach y escribían sobre su desencanto, rebelión e ira contra la complacencia del pueblo estadounidense después de la Segunda Guerra Mundial, los jóvenes rebeldes también hallaron un refugio en Ferlinghetti, autor de numerosas colecciones de poemas y de otras obras, incluida la aclamada “A Coney Island of the Mind” (Un parque de diversiones mental).




Contra la obsenidad
Aunque Ferlinghetti recalca que la historia de su librería va más allá de la generación beat, la fama de City Lights se debe principalmente a ese grupo de escritores y a su decisión de publicar “Howl”.

Poco después de la publicación del libro de Ginsberg, el gobierno de Estados Unidos acusó a Ferlinghetti de obsceno por vender una colección de poemas plagados de imágenes sexuales. El caso lanzó a City Lights a la arena internacional.

Ferlinghetti, de padre italiano y nacido en Yonkers, Nueva York, fue absuelto tras un fallo judicial que despejó el camino para la publicación de otros libros prohibidos, como “Lady Chatterley’s Lover” (El amante de Lady Chatterley), de D.H. Lawrence, y “Tropic of Cancer” (Trópico de Cáncer) de Henry Miller.

“Incluso entonces la ciudad estaba de parte de City Lights”, dice Ferlinghetti sobre su adoptiva San Francisco, urbe a la que ve como una isla independiente del resto del país.

En la década de 1960, la librería fue objeto de dos redadas por vender libros de temas sexuales y, aunque los cargos se retiraron, la reputación de City Lights como centro de libre expresión aumentó.

A pesar de esas batallas, Ferlinghetti considera que el clima político actual es más preocupante y que la gente de hoy tiene menos libertades civiles tras la aprobación del Acta Patriótica, ley antiterrorista puesta en vigor después de los atentados suicidas del 11 de septiembre del 2001, en comparación con la cacería de comunistas de la década de 1950.

Ferlinghetti lamenta que los empleados de City Lights, donde se toman decisiones de manera colectiva, optaran por quitar los carteles que decían que disentir no es antinorteamericano y pedían el fin de la guerra contra Irak.

“Algunas veces me superan (en número de votos)”, se queja Ferlinghetti, un hombre de barba blanca y pendiente en una oreja.

Aun cuando Ferlinghetti siente poco interés en los asuntos monetarios, sus poemas, traducidos a muchos idiomas, han vendido miles de ejemplares y nunca parece haber escasez de clientes entre los anaqueles de la famosa librería. “Nunca imaginé que estaría en la misma esquina vendiendo libros durante 50 años —dice—. De hecho, ¿quién espera estar vivo a los 84 años?”

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