Año CXXXVI
 Nº 49.703
Rosario,
jueves  26 de
diciembre de 2002
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Reflexiones
El Mercosur adolescente

Walter Andreozzi (*)

Desde la firma del Tratado de Asunción en 1991, partida de nacimiento del Mercado Común del Sur, más conocido por su sobrenombre de Mercosur, ya han transcurrido once años (a los que les debemos sumar el tiempo de concepción desde la época de los acuerdos Sarney-Alfonsín), con lo cual, y continuando con la asimilación a la vida de un ser humano (en definitiva el único destinatario del proceso de integración), podemos decir que dicho proceso se encuentra en plena etapa de adolescencia (1). La criatura Mercosur ha andado sus primeros años de vida, no sin sobresaltos ni tropezones (y alguna magulladura), pero ha entrado en esta verdadera etapa de transición, para establecer, definitivamente, su personalidad.
"...La compleja transición de la infancia a la vida adulta no suele ser fácil...".
Esta nueva etapa que está desarrollando el proceso de integración más fuerte que han encabezado los países de este fin del mundo (sin ninguna otra interpretación más que una posición geográfica) debe constituir un verdadero desafío para quienes habitamos en ellos, a la hora de sumar un rol protagónico en dicho destino.
El proyecto Mercosur (como tantos otros) no puede quedar aislado a un grupo de dirigentes o funcionarios, más o menos capacitados y/o más o menos bien intencionados, de los países miembro, sino que debe ser incorporado en nuestras problemáticas y debates cotidianos.
Los habitantes de cada uno de los países con vocación de ser actores, y no meros espectadores, del destino de los mismos, debemos participar en la definición de la personalidad del Mercosur, no tomado como una mera construcción artificial de un proceso de integración regional, sino como el fin mismo de nuestra calidad de vida (y la de nuestros hijos, y...).
Para ello debemos impulsar, en cada una de las entidades intermedias en las que participamos, el conocimiento, primero; el debate, luego; y la acción, después, de lo que significó, significa y significará un proceso de integración económica entre países ligados por su proximidad geográfica y su historia común.
En cuanto al conocimiento, debemos acercarnos -eliminando definitivamente los blancos o negros- a cuantificar y cualificar cuáles han sido las consecuencias en la vida real de nuestra gente: ¿hubo más trabajo, más ingresos, más calidad de vida? Y a partir de las cifras, ampliar el análisis a los porqués de las mismas. Sólo a partir de conocer los aciertos y errores, podremos confirmar los primeros y no repetir los segundos.
Una nueva oportunidad histórica se cierne sobre los países principales de la región, Brasil y Argentina. El 2003 encontrará a ambos, con nuevas administraciones gubernamentales elegidas popularmente (nunca nos olvidemos de esto), con todo lo que ello significa en cuanto a posibilidad de "airear" el proceso, que en los últimos tiempos, y al compás de las crisis individuales, entró en un peligroso stand-by que no debe significar la agonía que anticipa la muerte, sino el respiro para más vida.
Y el Mercosur, como no es un niño que creció y se desarrolló solo en el mundo, tiene, también en esta transición adolescente, que definir cómo se va a relacionar y entender con el resto, y fundamentalmente, con el más grande del barrio (EEUU, que anda con su propia barra, llamada explosivamente "Nafta", pero que la quiere agrandar y bautizar "Alca") y con los vecinos de enfrente, que formaron su propia comunidad, a la que bautizaron Unión Europea, y en la cual hay algunos primos (España, Italia, Portugal) que a veces parecen olvidar el lazo de parentesco. Por supuesto, sin olvidarnos de unos chicos "de ojos raros", pero que son muchos y parece que tienen bastantes monedas, como China, Japón, etcétera.
Como señalara el profesor Raúl Bernal-Meza en su libro "Sistema mundial y Mercosur": "Uno de los interrogantes más importantes que se presentan es si el Mercosur tendrá la capacidad de mantener un dinamismo tal que le permita enfrentar las estrategias de regionalización hemisférica impulsadas por Estados Unidos, o si éstas terminarán por fagocitar, como en el pasado, otra de las iniciativas latinoamericanas".
O el Mercosur es el "gordito que siempre va al arco" o se planta con personalidad y muestra su juego, con sacrificio y habilidad, y no confiando siempre en que "la mano de Dios" lo va ayudar a ganar. (Quizás esta "ayuda no terrenal" nos llevó muchas veces a confiarnos y esperar siempre ese último recurso, pero me parece que estos últimos años jugando en el "descenso" ya nos han demostrado fehacientemente que dicho camino estaba equivocado).
A partir de formar nuestra propia personalidad como países independientes, conscientes de su potencialidad y viabilidad, podremos, en definitiva, retomar un camino de crecimiento, relacionarnos mejor con el mundo y vivir más felices. Tan breve, tan simple, tan sencillo, ¿por qué no lo hacemos?
(1) Adolescencia, del latín «adolescentia»: edad que sucede a la niñez y comprende hasta el completo desarrollo del organismo. Los fisiólogos están de acuerdo en establecer que esta etapa va aproximadamente de los 10-12 años a los 16-19.
(*)Secretario Instituto de Integración, Colegio de Abogados de Rosario


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