Año CXXXVI
 Nº 49.687
Rosario,
lunes  09 de
diciembre de 2002
Min 16º
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Música / Crítica
Drexler: El placer de un gesto honesto

Orlado Verna / La Capital

No sólo son canciones de amor, ni de protesta. No sólo hay sonidos tecnos, ni tradicionales. No sólo hay nostalgia, ni loas a un futuro incierto. Si es verdad que menos por menos es más, todos esos no se vuelven un gesto honesto, ese mismo con que Jorge Drexler deleitó a los rosarinos el sábado en el Auditorio Fundación Astengo en su tercera visita a la ciudad.
Drexler arrancó mojándose en recuerdos dentro de "Un país con el nombre de un río" y le explicó a sus descendientes cómo su familia se formó en una mixtura "De amor y de casualidad". Sus melodías sinceras se abrieron paso "Río abajo" combinando rock y candombe, un producto típicamente yorugua. Precedidos por sonidos de DJ y algunos rasguidos funkys, el músico y el público interactuaron bajo la ley de la "Causa y efecto" para rápidamente rendirse a los influjos rítmicos de una "Luna negra".
Los decibeles caen lentamente mientras las gotas hablan de una tierna modorra mientras "Llueve" y algunos acordes sinfónicos se hacen percusión. El "Tamborero" marca a fuego los orígenes negros, los mismos que compartieron su lugar de expresión popular en "El sur del sur". Ahora la milonga se pasea vital y conmovedora con bases sostenidas construidas allí mismo sobre el escenario. Tiempos en forma de pentagrama que lucen pop "Durante" una pequeña y profunda reflexión sobre la eternidad y el propio ombligo.
El contrato ya está rubricado. No hay fisuras entre la propuesta de un Drexler tan globalizado como local, tan tecnológico como natural, y los ciento y pico de seguidores, muy bien empilchados, que aplauden a rabiar cada nota. Una simbiosis perfecta donde el uruguayo no necesita demostrar que es algo más que sopa. "Me haces bien" parecen sugerir las sonrisas de satisfacción, aquellas que adornaron las mejillas de un Drexler adolescente cuando Brasil se convertía año a año en un "Edén" de pasión morena y carnaval. El amor se derrama complaciente con "Uno", dos temas de sus primeros álbumes.
La banda hace mutis por el foro para que el guitarrista quede solo frente a su público y hasta bromee con su neurosis por el silencio. Hace apagar los ventiladores de la sala, pide disculpas y pinta el retrato de "Raquel" con pinceladas de guitarra, silbidos y chasquidos de dedos. Canta en voz baja, susurra una historia de "Aquellos tiempos" cuando el Montevideo de 83 sudaba nuevos aires de apertura democrática y juventud. Un "Alto el fuego" en tiempo de zamba es parte de un plan acústico que, a pedido, se completa con bellas y blancas "Flores en el mar". Con camisa, pantalón y championes grises, Drexler podría tranquilamente ser "El pianista del ghetto de Varsovia".
Un tango mezclado con el pop de los 70 cuenta las "Horas" de amor juvenil, esa inolvidable "Edad del cielo" que no conoce ninguna "Frontera". Mejor así, para que todo "Sea" música, calor, ritmo y pasión. Y para que todo acabe en un ruidoso aplauso, antecesor del rito del bis. "Era de amar", "Memoria del cuero", "Princesa bacana y "Antes" tiñen la noche de placer y sinceridad. Cosa de volver a casa satisfecho y con una sonrisa en el ojal.



Tecnología y sonidos tradicionales combinados. (Foto: Enrique Rodríguez)
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