Año CXXXV
 Nº 49.636
Rosario,
sábado  19 de
octubre de 2002
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El juez Pazos la procesó y podrían condenarla a perpetua
La mujer que asesinó a su hija era consciente de sus actos
Lo dijeron varios psiquiatras. Está acusada por el homicidio de la nena, de 7 años, y por intento de homicidio del hijo

Jorge Salum / La Capital

Los crímenes de Stella Maris González son los más difíciles de explicar para los expertos en asesinatos: mató a la hija de 7 años y quiso hacer lo mismo con el hijo de 16. Fue hace un mes y ahora un juez la procesó por homicidio e intento de homicidio doblemente agravado por dos circunstancias: el parentesco con sus víctimas y el estado de indefensión de las mismas. Si la condenan, le darán prisión perpetua.
¿González sabía lo que hacía el día que estranguló a la pequeña Rocío y golpeó en la cabeza a Jeremías?
El interrogante es el nudo central de la investigación que acaba de cerrar el juez de Instrucción Juan José Pazos: para el magistrado y su secretario, Javier Beltramone, la mujer estaba perfectamente lúcida y por lo tanto comprendía la criminalidad de sus actos.
El magistrado se basa en tres informes psiquiátricos que sostienen exactamente lo mismo: González era consciente de lo que estaba haciendo y eso la convierte en una persona penalmente responsable por sus crímenes.

"La tengo en el placard"
El juez Pazos tuvo en cuenta, además, la confesión de la autora. Fue ella quien dos días después de asesinar a Roció llamó por teléfono a su cuñada y contó lo que había hecho. "Maté a la nena y la tengo en el placard", dijo. Y era cierto. Según pudo saber este diario, para el juez y sus colaboradores es otro dato más sobre el estado de lucidez que gobernó sus actos.
González vivía con sus hijos y su esposo en el 7320 de la calle Chubut, en barrio Belgrano. Pasaba momentos duros, de una profunda depresión por las secuelas que dejó en su familia, de clase media, la crisis económica. A fines del año pasado su esposo había viajado a Estados Unidos en busca de mejores ingresos pero tuvo que regresar porque ella no soportó tenerlo lejos.
Sus vecinos, que la veían abatida y distante, afirman que ya no era la misma de antes. Si bien se ocupaba de atender a sus hijos y al marido, no podía disimular que algo la perturbaba. Y en el barrio lo intuían porque la conocían de toda la vida.
En algún momento del día, el 15 de septiembre, González estranguló a la nena y después ocultó el cuerpo en el placard de su dormitorio. Al llegar Jeremías preguntó por su hermana pero la madre le dijo que se había ido a la casa de una amiga. El chico aceptó la historia, comió y se acostó a dormir.
Fue entonces cuando González atacó al chico: lo golpeó mientras dormía. El juez presume que lo hizo con la intención de matarlo. El relato del chico es otro de los indicios en los que se apoya el procesamiento.
La mujer dijo que pretendía terminar con las penurias económicas de la familia. Se lo aseguró a la policía y lo repitió ante el juez Pazos. Quienes la escucharon afirman que fue un relato lleno de angustia pero al mismo tiempo muy preciso: recordaba cada cosa que había hecho.
Tal vez por eso los psiquiatras que la evaluaron dijeron que comprendió el significado y las secuelas de sus actos. Los detalles de esa conducta se debatirán en el juicio que le iniciarán en breve.



La casa de Chubut al 7300 fue escenario del episodio. (Foto: Silvina Salinas)
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