 |  | cartas Sin presidente y con deshonras
 | El señor Eduardo Duhalde, habitualmente, refiriéndose a sí mismo, se titula presidente de la Nación. Y así también lo califican la prensa y la mayoría de los comentaristas políticos. Sin embargo, no lo es en realidad. La ley de acefalía Nº 20972 dispone el procedimiento para que la Asamblea Legislativa designe al funcionario público que desempeñará "transitoriamente" el Poder Ejecutivo, conforme lo establecía el artículo 75 (actual 88) de la Constitución nacional. Y más aún, el artículo 6º de la ley dispone que el funcionario elegido "actuará con el título que le confiere el cargo que ocupa, con el agregado "en ejercicio del Poder Ejecutivo". Vale decir que a Duhalde debe denominárselo así: "El senador Eduardo Duhalde en ejercicio del Poder Ejecutivo", pero nunca como el presidente Duhalde, pues el presidente sólo puede ser designado conforme lo establecen los actuales artículos 94/98 de la Constitución nacional reformada y jamás por la Asamblea Legislativa. Siendo además su nombramiento transitorio, como lo dispone el artículo 1º de la ley 20972. De allí que resulten de dudosa legitimidad las disposiciones básicas y estructurales de carácter gubernamental adoptadas por quien ejerce el Poder Ejecutivo en una transitoriedad absurda, ya que habrá de durar hasta mayo de 2003, ¡nada menos que 17 meses!, según lo previsto. De allí que no pueda asombrarnos los obstáculos que nos impiden negociar con las entidades de crédito internacionales y los ultrajes que debamos soportar el llamárselos "lamebotas", "ladrones del primero al último" y "republiqueta". Claro está que a dichos agravios dan cabida la mayoría de nuestros políticos que incumplen a sabiendas la Constitución y las leyes. José Angel Méndez
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