Año CXXXV
 Nº 49.588
Rosario,
domingo  01 de
septiembre de 2002
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Crear consensos, una clave para la sobrevivencia
Análisis: Quién cumple los mandamientos
Un decálogo de los temas que debe encarar el próximo gobierno. Es necesario acordar un rumbo

Raúl Wolanski (*)

La agenda económica de naturaleza inmediata que deberá ser encarada por el próximo gobierno argentino es de tal magnitud que su sola enumeración asusta.
1-Liberar los fondos atrapados en el corralito. Hasta tanto esta restricción no sea eliminada no solamente continuará trabado el sistema de pagos de la economía sino que no se podrá avanzar en el restablecimiento de la confianza.
2-Reconstruir o construir un nuevo sistema financiero. No podrá ser viable ningún programa económico sin un sistema financiero confiable que cumpla el rol de intermediar fluidamente entre el ahorro y la inversión. Cómo recuperar la confianza de los ahorristas en las entidades financieras, dotando a éstas de la posibilidad de financiar al sector privado de la economía, es quizás uno de los desafíos de más compleja resolución en el corto plazo.
3- Evitar el default con los organismos multilaterales de crédito. En lo que va del año se hicieron algunos pagos con reservas y se consiguieron prórrogas de otros, no obstante restan pagar hasta fin de año solamente de intereses 759 millones de dólares y otros 1.100 millones durante 2003. El FMI se ha convertido en el principal acreedor de la argentina, alcanzando la deuda con el organismo a los 32.000 millones de dólares. Obviamente cualquier acuerdo con el Fondo requiere ineludiblemente no dejar de cumplir con las obligaciones, al menos el pago de intereses.
4- Renegociar la deuda pública externa e interna (bonos) pagando los atrasos y futuros vencimientos. Argentina lleva ya más de siete meses incumpliendo con el pago de los intereses de su deuda soberana, esto no quiere decir que los tenedores de bonos argentinos se resignen a no cobrar jamás, aunque las renegociaciones llevadas a cabo durante la gestión Cavallo mejoraron el perfil temporal de los vencimientos, siguen éstos siendo una pesada carga en el mediano plazo. Hasta tanto no se llegue a un acuerdo con los deudores externos será inexistente cualquier financiamiento privado externo.
5- Lograr un superávit fiscal consolidado de Nación, provincias y municipios. Si el financiamiento para el sector público será por algún tiempo escaso o nulo y agotada la vía de la emisión de cuasimonedas, no queda otra alternativa que tender rápidamente hacia el logro de superávit primario en todos los niveles del Estado, objetivo de muy difícil concreción por el impacto inevitable sobre la ocupación de mano de obra por el sector público considerando el actual contexto de alto desempleo.
6- Pagar el costo de la pesificación. El canje de depósitos pesificados por bonos del Estado, bonos de compensación del Estado a los bancos y una eventual renegociación de los prestamos en manos de las AFJP incrementarán la deuda pública en no menos de 20 mil millones de dólares, una cifra astronómica para un Estado cuyos ingresos son en pesos.
7- Renegociar los contratos de servicios públicos privatizados. La devaluación hizo que la ecuación de costos de la mayoría de los servicios privatizados y de otros servicios públicos prestados por empresas privadas se modificara drásticamente y que muchas cláusulas que forman parte de los contratos resulten hoy inaplicables, no obstante en pos de la seguridad jurídica, condición indispensable para nuevas inversiones, resulta inevitable una renegociación de los mismos que contemple los legítimos intereses económicos de los prestadores así como la capacidad de pago de los usuarios.
8- Continuar con la asistencia social a desempleados. Dado que los niveles de desempleo seguirán siendo muy altos en el mediano plazo resultará indispensable continuar destinando altos presupuestos públicos a los planes como el de jefes y jefas de hogar que desde su reciente instrumentación se han mostrado como eficaces para contener socialmente a los sectores más desprotegidos de la sociedad.
9- Evitar la suba del desempleo. Los niveles actuales de desempleo, unas 3.000.000 de personas, significan prácticamente un desempleado cada tres hogares en promedio. El desempleo crece en Argentina desde hace varios años por motivos estructurales, no obstante los picos observados en las últimas mediciones responden a la recesión, en principio, y más recientemente a la debacle posdevaluatoria. El desafío perentorio de la próxima administración no será llegar prontamente a niveles civilizados de desempleo sino como mínimo evitar que se incremente el número de desocupados ya que si eso ocurriera serian infinanciables los planes sociales de ayuda.
10- Evitar la inflación. El impacto de la suba de precios acumulada desde enero sobre los ingresos reales, especialmente sobre los salarios y otras remuneraciones fijas, es de tal magnitud que no parece posible profundizarlo sin que se produzcan fuertes presiones para incrementar nominalmente los ingresos o que se presenten tensiones sociales difíciles de manejar.
La economía argentina no afronta una crisis, ni siquiera atraviesa la peor crisis económica de su historia, la naturaleza del fenómeno actual excede las circunstancias que habitualmente define el término crisis.
Si en la búsqueda de la palabra adecuada para describir el fenómeno optáramos por desmoronamiento, quizás reflejaríamos las consecuencias económicas de una salida desordenada de la convertibilidad, como si el uno a uno hubiera sido un dique de contención que cedió bruscamente ante la presión incontenible de las aguas.
No se escuchan en ningún ámbito serio del pensamiento económico, nacional o internacional, recomendaciones de política económica a seguir para afrontar la problemática argentina, y eso ocurre porque no existen precedentes históricos comparables con la magnitud, complejidad, conflictividad y sobre todo simultaneidad de dilemas que plantea la actual situación.
Hasta ahora nos hemos referido exclusivamente a describir los aspectos de naturaleza económica que requerirán ser inevitablemente enfrentados por el próximo gobierno sin haber hecho mención alguna a las condiciones políticas en las que deberá hacerlo.
Desde el 3 de diciembre a la fecha las condiciones económicas de la República Argentina se modificaron bruscamente, ¿ocurrió lo mismo con la componente política?
Quizás la respuesta al interrogante nos lleve a descubrir que la modificación en las condiciones políticas se inicio algunos meses antes cuando la bronca de parte de la población ante la prolongada recesión se vio reflejada en un nivel inédito de votos en blanco y especialmente anulados, que en muchos casos limaron la representatividad de los elegidos en tal comicio.
Ante el empeoramiento en la situación económica y el desconcierto de la fase final del gobierno de la Alianza, la reacción de los sectores medios de la sociedad, representada por los cacerolazos y la desesperación de los sectores más humildes impactados por la creciente desocupación que generalizaron los piquetes y abrieron paso a los saqueos producidos en diciembre último, se configuró una reacción de la ciudadanía por fuera de los canales habituales, (partidos políticos, asociaciones gremiales y empresariales, etcétera).
El significado de expresiones que se popularizaron durante los últimos meses, cuyo ejemplo más difundido es el "Que se vayan todos" es una muestra de que en realidad la sociedad argentina hoy tiene ideas acerca de lo que "no quiere" pero, ¿sabe lo que quiere?
No se observa, y la Iglesia lo ha resaltado en el marco del diálogo, ni una autocrítica de los distintos componentes de la sociedad, ni mucho menos aún una actitud de apertura a renunciar a algo que se posee como individuo o como grupos económicos en pos de la reconstrucción del sistema económico hoy parcialmente desarticulado.
Tampoco los responsables externos, bancos, organismos multilaterales, gobiernos e inversores que durante una década lograron beneficios extraordinarios, encontraron eco a sus recomendaciones de política económica o vieron crecer exponencialmente sus exportaciones de bienes y servicios hacia la Argentina han admitido, salvo alguna excepción ser parte del problema y por lo tanto de la solución.
¿Está hoy la lacerada sociedad argentina dispuesta a admitir y aceptar las fuertes restricciones a sus condiciones de vida y patrones de consumo que inevitablemente derivarán de las políticas económicas necesarias para poner otra vez en marcha el país?
¿Están los agentes externos predispuestos a resignar ingresos o a modificar condiciones de contratación oportunamente pactadas? ¿Están listos a volver a inyectar fondos frescos en forma de capital de riesgo o de préstamo?
¿Puede el próximo gobierno que sea elegido afrontar el más fenomenal desafío en materia económica que haya debido encarar algún jefe de Estado en cualquier lugar del mundo en momento histórico alguno sin que exista un amplio consenso interno y externo previamente logrado?
El consenso debería preceder a la elección, esto es un acuerdo previo acerca de qué hacer y cómo hacerlo y luego la elección de la persona y el partido adecuado para ejecutar las políticas de Estado preconvenidas.
(*) Licenciado en Economía


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