Año CXXXV
 Nº 49.560
Rosario,
domingo  04 de
agosto de 2002
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Amsterdam: Por amor al arte
En la ciudad holandesa, la propuesta cultural incluye museos, galerías, salas de conciertos y teatros

Corina Canale

En la plaza de los museos de Amsterdam, muy cerca uno del otro, están los tres museos más grandes de Holanda. El Rijksmuseum, donde se exhibe la famosa "Ronda de Noche", de Rembrandt; el de Van Gogh, con más de 200 pinturas y dibujos del genial artista, y el Stedelijk, que cobija obras de Cézanne, Chagall, Monet y Picasso.
Sólo por amor al arte hay en la Venecia del Norte, ciudad de más de siete siglos, unos 40 museos, 100 galerías, 12 salas de conciertos y 32 teatros. Sus habitantes, alrededor de 725.000, ostentan uno de los índices más altos de Europa en cuanto a lectura de libros y prensa escrita.
Amsterdam es la principal ciudad de este reino flotante, atravesada por canales que la separan, y por más de mil puentes que la conectan. Sin embargo no hay dos puentes iguales como tampoco dos calles ni dos fachadas parecidas.
Si algo le faltaba a la ciudad de los canales circulares, los cafés psicodélicos y el misterioso Barrio Rojo, era una boda real: la que se realizó el 2 de febrero de este año, entre el futuro rey Guillermo Alejandro y la argentina Máxima Zorreguieta.
El Barrio Rojo es un espacio alucinante pleno de vidrieras iluminadas y "maniquíes" humanos que sonríen, y en sus reductos gastronómicos elaboran los pannenkoeken, enormes crepes que pueden ser dulces o salados, a los que hay que acompañar por alguno de los 70 tipos de cerveza, la bebida típica del país.
En Amsterdam la gente no vive junto al agua, vive sobre el agua. Unas 2.500 casas flotantes están amarradas a los canales por los que navegan raudamente las lanchas taxis, y por donde van y vienen los barcos de turismo y las bicicletas acuáticas, la manera más fácil para los nativos de ir de un lado al otro.
De lejos el agua de los canales parece verde; pero ese color deviene del reflejo de las algas enraizadas en las profundidades. En realidad son claras porque nadie arroja nada que las enturbie.
Llama la atención las estrechas fachadas de las casas, una rareza que los holandeses explican diciendo que en el siglo XVII los impuestos se pagaban según el tamaño de los frontispicios. De ese tiempo también quedaron las amplias ventanas de los pisos bajos, donde vivían los señores feudales, que contrastan con las altas y pequeñas aberturas de las habitaciones de servicio. Luego de la boda real, como era de esperar, ciertos sitios pasaron a integrar los circuitos turísticos populares. Uno de ellos es el edificio Beurs van Berlage, sede de la antigua Bolsa de Comercio, donde por razones de espacio -puede albergar a 5 mil personas- se celebró la ceremonia civil de la boda real.
Hasta 1998 se realizaban allí operaciones mercantiles, pero ahora el viejo edificio pasó a integrar la tradicional "ruta de los diamantes", un recorrido turístico que visita los talleres de varios orfebres que tallan piedras preciosas.
En Amsterdam también está la casa en la que se ocultó Ana Frank, ahora convertida en museo; el Mercado de Flores de Bloemenmarkt, en la Plaza de Muntplein, donde se venden tulipanes de todos colores y el Mercado de Pulgas de Waterlooplein, donde se encuentra de todo, aun lo menos pensado.
Pero el símbolo de la ciudad es la Torre de la Moneda, que primero se usó para vigilar el puerto y después para guardar el dinero acuñado, y los viejos tranvías que recorren sus calles
Este año, desde el 6 de abril hasta el 20 de octubre, se está realizando en Amsterdam la exposición Floriade 2002, bajo el slogan "el más divertido jardín de los Países Bajos", una muestra considerada el paraíso de los aficionados a la jardinería.
La movida comercial de la ciudad se concentra alrededor de la Plaza Dam, en calles como Nieuwendijt, Rokin y Kalverstraat, y en centros de compras como el flamante Kalvertoren, que reúne a las famosas marcas de la moda internacional.
Frente a la Plaza Dam está el Palacio Real de Holanda. Desde allí sale el tercer martes de septiembre, como todos los años desde 1903, la Carroza de Oro, hecha con madera javanesa, que lleva a la soberana hasta la Sala de los Caballeros, para inaugurar el período de sesiones parlamentarias.
Sólo ese día, una vez al año, la reina Beatriz usa la carroza que construyeron los hermanos Spijker, en parte pintada y en parte dorada con ojuelas de oro, de estilo renacentista holandés.
El Golden Couch es la carroza que los habitantes de Amsterdam le regalaron en 1898 a Guillermina cuando fue coronada. El protocolo indica que sólo puede ser tirada por ocho caballos si en su lujoso interior va sentado un rey, en este caso una reina.



2.500 casas flotantes están amarradas en los canales.
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