Año CXXXV
 Nº 49.560
Rosario,
domingo  04 de
agosto de 2002
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Luces y sombras del autor de "El beso de la mujer araña"
Una chismosa biografía de Manuel Puig
Suzanne Jill Levine hace un repaso de la vida del escritor argentino, especialmente la sentimental

Carlos Roberto Morán / La Capital

Manuel Puig (1932-1990) fue uno de los escritores contemporáneos que, desde la heterodoxia narrativa, más contribuyó para una sustantiva renovación de la literatura de nuestra lengua. Sus aportes fueron de tal naturaleza que no es un error señalar su influencia en los nuevos y no tan nuevos escritores de ésta y otras partes del mundo y en distintas manifestaciones de la cultura más actual, entre ellas las películas de Almodóvar y el propio Woody Allen de "Días de radio" o, más aún, de "La Rosa Púrpura de El Cairo".
Suzanne Jill Levine, quien conoció a Puig desde que éste diera a conocer sus primeras novelas y que tradujo tanto ésas como sus últimas ficciones, ha elaborado una extensa biografía del autor argentino, "Manuel Puig y la mujer araña" (Seix Barral), en la que hace un pormenorizado repaso a su vida, especialmente la sentimental, dedicando un comparativamente menor espacio a lo fundamental del autor de "La traición de Rita Hayworth": obviamente su obra, tan sustancial.

Otra biblioteca
Resulta paradójico, pero no equívoco, afirmar que la "biblioteca" de Puig fue el cine clase B norteamericano, de los años 30 y 40. En sus distintas casas del exilio no había casi más libros que las distintas traducciones de sus novelas y en cambio almacenaba unas cuatro mil copias en video de esas cintas que todas las tardes revisaba con su madre Mele e incondicionales amistades, que le significaba un constante sumergirse en un pasado muy personal, muy particular, que poco tenía que ver con la "realidad" y que signó su vida.
Neurótico, obsesivo, "enfermo" por el cine de una determinada época, Manuel Puig había nacido en Coronel Villegas, un pueblito de la provincia de Buenos Aires en el que pasó niñez y adolescencia con alto grado de conflictividad, porque no le gustaba para nada la vida pueblerina, por el hecho de haber visto desde muy chico un sinfín de películas junto con su madre, que sin duda lo enajenaba de la realidad, y por su condición de homosexual, asumida desde la pubertad pero que disimuló en una sociedad patriarcal y represiva.
Luego de vivir algunos años en Buenos Aires, Puig emprende lo que será el comienzo de su larga vida en el exterior. En efecto, en 1955 se radica en Italia y casi de inmediato inicia estudios de guionista en el Centro Sperimentale de Cinematografia, considerada en la época como la mejor escuela de cine de Europa.
Los guiones que escribió Puig no fueron eficaces y él no consiguió interesar a nadie para trasladarlos a la pantalla. El argentino no coincidió con las líneas directrices del Centro y por eso lo abandona y después de vivir en París primero, en Londres luego, Puig regresa a la Argentina en 1962 cada vez más decepcionado con sus guiones pero ya elaborando las primeras páginas de lo que resultaría su primera novela, "La traición de Rita Hayworth", en la que todo el mundo de la niñez, más el cine que amaba, se funden en una ficción de gran calidad que enmascara su propio pasado.
Se puede decir que desde ese momento comenzaron los equívocos con la obra de Puig que no fue comprendida a cabalidad en la época de su escritura, fundamentalmente en esta parte del mundo. En efecto, ese autor que "no tenía voz propia", como dijeron críticos, editores y escritores irrumpió en la literatura de la época con los elementos kitsch que constituyeron su "cultura": las historias de vidas pueblerinas contadas en primera persona, los resúmenes de películas bizarras, el recorte periodístico, el "informe" profesional (médico, en muchos casos), el diálogo teatral, entre tantos otros recursos que escondían, por expresarlo de alguna manera, las dificultades expresivas de Puig, quien sin embargo operando de ese modo pudo superar sus limitaciones creativas.
A "La traición" le siguieron las novelas "Boquitas pintadas" (su segunda incursión en la vida pueblerina), "The Buenos Aires Affair" (un remedo que fundió el thriller con el folletín), "El beso de la mujer araña" (texto que le daría fama universal), "Pubis angelical", "Maldición eterna a quien lea estas páginas", "Sangre de amor correspondido" y "Cae la noche tropical", su melancólica despedida.
El litigio político no le resultó nunca ajeno. Resulta un tanto extraña esa actitud en quien nunca tuvo militancia ideológica, aunque sí podría decirse de él que tenía una particular valentía para defender en obra sus puntos de vista. Enfrentado al peronismo, a los sectores izquierdistas y proguerrilleros de ese movimiento, también al militarismo, sus libros sufrieron prohibiciones que vistas en perspectiva resultan hoy absurdas, pero que le obligaron poner distancia con la Argentina. En 1975 recibió amenazas de la Triple A, en el 76 fue prohibido por los militares. Y siempre mantuvo muchos y fuertes litigios con los peronistas. La novela "The Buenos Aires Affair", como ejemplo, resulta en clave de ficción una burla a Perón y las teorías movimientistas de la época. Su homosexualidad también impregnó las páginas de las ficciones, aunque en realidad sus reflexiones sobre la sexualidad fueron siempre complejas y abarcaban tanto al hombre como a la mujer.



Manuel Puig, un renovador de la literatura española.
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