Año CXXXV
 Nº 49.386
Rosario,
domingo  10 de
febrero de 2002
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No todos los sectores de la economía reciben las medidas de igual forma
Ganadores y perdedores de la devaluación
Los asalariados y el Estado serán los principales perjudicados, mientras se beneficia el sector exportador

Marcelo Batiz

El hombre es el único animal que puede tropezar dos veces con la misma piedra y la historia argentina pone en evidencia que las sucesivas autoridades económicas del país han llevado al máximo su sentido de pertenencia al género humano, con interminables devaluaciones cuyas consecuencias afectaron de manera muy diferente a los distintos sectores de la sociedad.
Los supuestos efectos positivos sobre la economía en general terminaron por licuarse con el correr del tiempo, lo que obligó a los sucesivos gobiernos a recurrir a nuevas devaluaciones. El resultado en los últimos 88 años fue una devaluación de las sucesivas monedas locales (peso moneda nacional, peso ley, peso argentino, austral y peso) del 99,999999999981535 por ciento. O si se prefiere, una disparada de la cotización del dólar del 844.131.070.000.000 por ciento.
Históricamente las devaluaciones se instrumentaron para favorecer principalmente a dos sectores: los exportadores y los deudores en moneda doméstica (a veces los dos sectores eran uno solo), con la contracara de una pérdida en el poder adquisitivo de los asalariados y del capital real de los ahorristas en pesos.
El balance del actual proceso devaluatorio es inevitablemente provisorio. Nadie puede anticipar cómo, cuándo ni a qué precio terminará el dólar su carrera y, además, persisten las dudas sobre qué futuras medidas tomarán las autoridades económicas. No obstante, y remarcando el carácter provisorio del balance, se pueden establecer los ganadores y los perdedores de 2002.

Quiénes ganan
Entre los ganadores están los deudores en dólares, con la pesificación, el valor en dólares de la deuda se licúa de manera inversamente proporcional al aumento de la cotización de la divisa. El único escenario en el que podrían perder sería el de una hiperinflación que gane ostensiblemente la carrera al dólar, con lo que el Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER) superaría a la devaluación. Hasta ahora la realidad va en sentido inverso: en enero hubo 2,3 por ciento del inflación y la cotización del dólar libre se duplicó.
Otros beneficiados son los exportadores, por la importante mejora en su competitividad respecto de otros mercados internacionales. La brecha entre el peso y el real (Brasil es el principal destino de las exportaciones argentinas) se redujo por doble vía: la devaluación del peso y la apreciación del real en los últimos cuatro meses.
Entre los ganadores también están los productores de bienes que compiten con la importación. El encarecimiento en pesos de las importaciones los favorece, en la medida que neutralizan o eliminan a la competencia del exterior. Y para los agentes de cambio, tras once años de paridad, la brecha entre el dólar comprador y vendedor se ampliará (tal como vino sucediendo en enero), al ritmo de la ansiedad colectiva por conseguir divisas.

Quiénes pierden
Entre los perdedores, el Estado nacional deberá afrontar la diferencia entre la pesificación de préstamos y depósitos con una voluminosa emisión de deuda, en un escenario de cesación de pagos. Asimismo, la deuda en dólares u otras monedas extranjeras se incrementó en pesos. La recaudación tributaria (en pesos, y en descenso) se tornará insuficiente, además, por un efecto negativo de la inflación en las finanzas públicas al pagarse las obligaciones de un mes con la recaudación del mes anterior.
Obviamente, los asalariados y quienes perciben ingresos fijos en pesos se cuentan entre los principales perjudicados: sus ingresos en dólares se reducen y cae la capacidad de compra de bienes importados y productos de exportación cotizados en dólares.
También los acreedores en dólares llevan las de perder, porque la pesificación les reduce la cantidad de dólares que debieran cobrar, una brecha que por el momento el CER no alcanza a cubrir. En cuanto a los importadores, al resentirse la capacidad de compra de la población de productos importados, los comercios del ramo tendrán que aumentar sus precios en pesos.
También están preocupados los deudores en pesos a tasa variable, ya que, si bien el capital adeudado no se modifica ni se actualiza, la tasa de interés puede dispararse en función de la devaluación y la inflación. Asimismo, los inquilinos que hayan pactado el alquiler en dólares, si no cuentan con un colchón de dólares suficiente, el pago mensual se les incrementará un 40 por ciento, más el CER. Este cálculo también es aplicable para toda clase de deudor no bancario, mediante escribanías o inmobiliarias.


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