Las miradas mañana estarán puestas en el valor de apertura del dólar libre luego del extenso feriado cambiario. Mientras algunos presagian el Apocalipsis nada de eso parece que ocurrirá. En verdad, la economía argentina cuenta con una escasa cantidad de pesos y una gran cantidad de dinero atascado en cuentas corriente y cajas de ahorro por el efecto corralito, con lo cual no debería haber una gran presión compradora en el mercado; y si bien puede haber un repunte en precios en las primeras operaciones, todo indicaría que lentamente el precio de la divisa se irá acomodando en torno a los dos pesos por dólar en el devenir de febrero, salvo que problemas políticos transformen al dólar libre en dólar miedo y la mayor demanda impulse a la divisa a un precio no muy lógico.
Las reservas del Banco Central (BCRA) se ubican en 13.390 millones de dólares, observándose una caída de 600 millones en el transcurso de los últimos días, producto de las intervenciones que realizó el ente rector en el mercado.
Estas reservas lucen escasas para un país con la incertidumbre que despierta el actual equipo económico. Sin embargo, como en las últimas disposiciones que adoptó el gobierno se pesificaron las disponibilidades en dólares del conjunto de las entidades financieras, estas reservas podrían crecer en aproximadamente cinco mil millones de dólares, cifra a confirmarse en las próximas comunicaciones que emita el BCRA.
No obstante, hay dos factores que coadyuvan a que la divisa muestre un comportamiento inestable: el primero de ellos es el déficit en que incurrió el gobierno nacional en enero; y el segundo, la emisión espúrea de moneda secundaria que podría realizar no sólo el Estado nacional, sino el conjunto de provincias que arbitrariamente emiten como dinero bonos provinciales, como es el caso de Buenos Aires con el Patacón, Córdoba con las Lecor, y así sucesivamente muchas otras. Existen algunas excepciones, Santa Fe es una de ellas, ya que tomó la decisión de no emitir bonos y ajustar sus gastos al extremo.
Los dos factores son dos variables incontrolables, ya que no hay norma alguna para emitir moneda secundaria y tampoco para frenar el gasto nacional y provincial. Esto hace que la incertidumbre reine y que el tipo de cambio muestre un comportamiento volátil.
En tanto, los precios comenzaron a crecer producto de los mayores costos en los que incurren los empresarios que tienen como insumo productos importados. Si bien debería operar una sustitución de estas importaciones, esto no es muy sencillo en la actual coyuntura. Dejar de importar insumos o productos intermedios implica tener que realizarlos en el país; y, por un lado, todo lleva un tiempo; y, por otro, no hay crédito para desarrollar nuevas actividades cuyo resultado positivo se observará a futuro.
En este escenario no hay que descartar que en los próximos meses la inflación se ubique por encima de los guarismos conocidos para enero. Si eso ocurre, el gobierno deberá pensar en algunas alternativas para sobrellevar con éxito el plan pesificador avalado por buena parte de la clase política argentina.
El cambio de modelo
Cambiar el modelo de convertibilidad al de pesificación es como cambiar el modelo de un auto. Cuando se deja un auto viejo y se toma uno nuevo, siempre se tienen sensaciones distintas y acostumbrarse a su manejo lleva un tiempo. Pero lo más importante a la hora de cambiar de modelo un auto es contar con el dinero suficiente para realizarlo, y si no se tiene dinero se deberá contar con al menos un prendario.
Este gobierno cambio el modelo sin dinero, y aún está tramitando el prendario, que según parece no se lo quieren otorgar. Por ende, luce probable que deberán entregar el modelo actual y tomar el anterior, o comprar el modelo que le indique el que le presta el dinero.
Metáforas aparte, el modelo de la pesificación tiene éxito si los organismos financieros internacionales realizan los desembolsos de dinero necesarios para hacer sustentable el plan. Si no se realizan los desembolsos, este plan deberá pasar al olvido y habrá que pensar en nuevas alternativas.
En los últimos días se escucha con insistencia la posibilidad de dolarizar la economía. Si este plan se impusiera, y se contaran con los desembolsos necesarios para llevarlo adelante, no habría que pensar en un dólar por las nubes, porque eso perjudicaría a los tenedores de activos locales y en mayor medida al sistema financiero.
La dolarización debería venir de la mano de un tipo de cambio lógico que se ubique lo más cerca de uno posible de modo tal de no perjudicar a la clase asalariada y menos aún al empresario nacional, ya que sin mercado interno no habrá prosperidad a futuro.
La dolarización podría ser una alternativa interesante, si se cuenta con un apoyo irrestricto de los organismos financieros internacionales, que significaría un caudal de dólares que permitiría canjear el dinero de curso legal, más las monedas secundarias y una asistencia concreta para los primeros años de gobierno que permitan salir del pantano en que se encuentra la Argentina.
Seguramente desde el exterior solicitarán una reforma política e institucional que siente las bases para el crecimiento argentino. Pero si se siguen violando derechos de propiedad y se manosean las instituciones no habrá país y menos aún futuro.
Conclusión: no hay plata para el modelo que quiere imponer el gobierno, puede haber dinero para otro modelo, por ahora el dólar a dos parece lógico, la duda es si mañana en lugar de operar el dólar libre a un precio lógico, lo hace el dólar miedo.