 |  | La crisis. Los efectos destructivos de la devaluación Opinión: Argentina no baila al ritmo de Brasil
 | Juan Carlos Cagnoli
La devaluación en Argentina, bajo el pretexto de recuperar competitividad, generó y generará efectos no deseados destructivos, que anulan largamente los esperados beneficios de aumento de exportaciones y reactivación de sectores sustitutivos de importaciones. La violación de los derechos constitucionales como el derecho de propiedad, ya ha sido consumada. La transferencia de riqueza más fabulosa y escandalosa de la historia económica contemporánea de nuestro país, ya es una realidad, y millones de ahorristas ven como el fruto del esfuerzo de toda una vida, se esfuma al ritmo espasmódico de las normas confiscatorias que dictan las autoridades nacionales. Bien, ante el hecho consumado, sólo nos resta intentar prever el futuro de nuestra vapuleada economía, procurando determinar dentro de lo posible, los escenarios inmediatos que se avecinan. El ministro Remes Lenicov, durante el discurso del pasado fin de semana, en reiteradas oportunidades, mencionó frases del tipo... "tal como sucedió en otros países".. y como no es un misterio, sabemos que las experiencias a que se refiere son fundamentalmente la de Brasil y en menor medida la de México. Por lo tanto, es nuestro deber intentar buscar similitudes y diferencias entre dichas economías y la nuestra a los efectos de analizar si efectivamente, es dable esperar que nuestro país repita en alguna medida las experiencias vividas en dichos países. En primera instancia, antes de buscar "similitudes", sugiero que nos concentremos en las "diferencias", que son tan grandes que hacen que a simple vista todo paralelismo que se intente suene cuanto menos inocente y apresurado. Primero. La Argentina, exporta básicamente materias primas (petróleo, gas, cereales, oleaginosas, y con suerte -y sin aftosa mediante- carnes), y difiere de lo que por ejemplo exporta Brasil, que tiene valores agregados sustancialmente mayores dado que exporta también productos de origen industrial. Una devaluación en Brasil, pone en marcha sectores industriales que ocupan miles de trabajadores, generando entre otras cosas mayor ocupación y consecuentemente una distribución más adecuada de la riqueza. En el caso de la Argentina, los sectores tradicionalmente exportadores, están altamente concentrados, y son de una muy baja relación facturación-mano de obra ocupada y en consecuencia los beneficios de un incremento en las exportaciones, se circunscriben a sectores mucho más reducidos de la población que en nuestro país vecino. Segundo. La Argentina tiene una cultura inflacionaria única en el mundo, y su población piensa y ahorra en dólares desde hace décadas, por lo que todo intento de "pesificar", va a contrapelo de las voluntades de los agentes económicos, quienes por más que nuestro ministro se encapriche, seguirán haciendo colas en casas de cambio, cuevas, arbolitos y otras yerbas para escapar de una moneda nacional en la que no confían ya que atesorarla implica perder poder adquisitivo. En Brasil nadie piensa en dólares (ni ahora ni antes) y las casas de cambio se cuentan con los dedos de la mano, con excepción de lugares turísticos, para casi exclusivamente atender las necesidades cambiarias de los extranjeros. Tercero. La pesificación de los ahorros, implicó un golpe mortal a la credibilidad de los argentinos no sólo en el sistema bancario, sino más grave aún, en el sistema de administración de justicia, que impávido ve violar alevosamente el artículo 17 de la Constitución Nacional. El cambio de reglas de juego es drástico, y cuando apenas se olvidaban las secuelas del doloroso Plan Bonex (1989), se nos recuerda también dolorosamente que no podemos ni debemos confiar en el sistema financiero (en los bancos para ser claros), y como la letra con sangre entra, quienes puedan ir escapando del tristemente célebre corralito, no volverán a colocar sus ahorros en un banco (al menos en la Argentina) por muchísimos años, si es que alguna vez vuelven a hacerlo. En Brasil, los ahorristas jamás fueron victimas de confiscación alguna, y por consiguiente sus ahorros permanecen dentro del sistema, permitiendo el saludable circuito del capitalismo que dice que los ahorros del pueblo van a los bancos para que éstos financien a las empresas que producen. Así, lo que se viene en materia económica en la Argentina puede ser: * La liberación del tipo de cambio, permitirá que los sectores tradicionalmente exportadores, generen fuertes utilidades, las que en el mejor de los casos se volcarán en algunas inversiones puntuales, muy pocas de las cuales son del tipo mano de obra intensiva. * Por la naturaleza de los bienes que se exportan, su cotización en el mercado mundial indefectiblemente, a la corta o a la larga presionará sobre el precio de esos artículos en el mercado interno, con inevitables efectos inflacionarios. * Los insumos importados aumentarán fuertemente de precio, con impactos inevitables en el bolsillo del consumidor nacional, ejemplos sobran al respecto (medicamentos, electrónica, etcétera). * El ahorro, se escapará de los bancos, a refugiarse en el dólar, que jamás retornará a los bancos, con la sola excepción de descansar quietamente en cajas de seguridad, pero probablemente con destinos menos ortodoxos como colchones, placares y escondites hogareños varios. * Los bancos verán fuertemente reducidas sus posibilidades de negocio, por falta de depósitos y deberán ajustar fuertemente sus dimensiones actuales, sobredimensionados para ser simplemente una banca de transacciones. * La tasa de interés subirá fuertemente, porque la escasez de dinero hará que los bancos pujen por esa minúscula proporción de ahorros, y ese aumento de las tasas se trasladará a las empresas que verán como el crédito se torna cada vez más caro y escaso. ¿Apocalipsis? ¿Historia repetida? ¿Crónica de una muerte anunciada? Si usted coincide con este análisis, seguramente sentirá bronca, desaliento, angustia e impotencia. Si usted no está de acuerdo, me alegro profundamente, tal vez yo esté equivocado, ¡Ojalá que así sea!
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