 |  | Nadaron 24 horas para combatir la mala onda Son los socios de la Asociación Italiana de Zavalla. Al final la proeza se convirtió en una fiesta
 | Jorge Salum / La Capital
Zavalla. - Son las ocho de la mañana y sobre el cielo sobrevuela una avioneta, de esas que se usan para fumigar el campo. Es un domingo demasiado fresco para ser febrero. Aunque nadie imagina quién es el piloto, se puede intuir su pensamiento si acaso mirara hacia abajo: "¿Quienes serán esos locos metidos en el agua a esta hora y con este frío?". En la pileta y con ese frío fuera de época, 40 nadadores divididos en 3 equipos se alternan para nadar 24 horas. Nada los detiene, ni la temperatura ni la fatiga ni -a la madrugada- la soledad que decora los bordes del natatorio de la Asociación Italiana (Aiam). Fueron a nadar y ahí están, nadando. El piloto del Cessna probablemente piensa, sí, que están locos. Se equivoca. Toda esa gente está ahí para cumplir una meta: nadar y nadar un día entero sin detenerse. Parece difícil pero logran lo que buscan: bracear en equipo durante todo ese tiempo y unir a personas de todas las edades detrás de un mismo objetivo. Quieren olvidar, al menos por un rato, la crisis que los agobia. Ocurrió en este pequeño pueblo el último fin de semana. Al profesor Mauro Fuca se le ocurrió la idea, y su colega David Pereyra se sumó en el acto. Ambos enseñan a nadar a los socios de Aiam, conducen los equipos de competición de la entidad y cuidan a los bañistas durante la temporada de pileta. Tienen algo más en común: les gusta ver a la gente haciendo vida al aire libre, tomando sol y practicando deportes. Y son, cada uno a su manera, tipos carismáticos. La idea era que los asistentes llevaran una donación para alguna institución del pueblo. Este objetivo al final no se cumplió, pero los otros sobraron para regalar a la gente una jornada distinta, participativa, abierta y solidaria. Por eso fue posible ver a 40 titanes nadando sin parar hasta quedar exhaustos, y a decenas de familiares, amigos o conocidos alentándolos al llegar a la meta. Al final no habría vencedores ni vencidos porque nadie nadó para llegar primero sino simplemente para demostrar que, cuando hay objetivos comunes, siempre habrá posibilidades de alcanzarlos. A los nadadores no les importó la calidad de sus compañeros ni de sus rivales: había miembros de los grupos de competición y gente que nada por simple amor al arte. Así, la destreza de Mario Falcone y de Mariana Luque se confundió con la técnica todavía incipiente de Aydeé Wingard, la juventud de Irupé Santinelli (9) realzó el coraje de Susana Mitilli (48) y otros nadadores que, como ella, dan sus primeras brazadas cuando otros se sentarían a leer el diario. Y la tozudez de Mario Taccone, o la polenta de Matías Herrans no opacaron la sensillez de desplazamientos de otros nadadores, tal vez menos hábiles en el agua pero unidos a ellos por el simple deseo de estar juntos. A las 21 del sábado, todo el pueblo parecía estar ahí. A metros de la pileta se jugaba un torneo de vóley -un deporte que aquí tiene mucha tradición y resultados de la mano del entrenador Leo Pieroni- y un poco más allá, bajo la arboleda del country, las carpas y el humo de los parrilleros completaban el escenario en una noche distinta. A las 13 del domingo, cuando la sirena de los bomberos anunció que las extenuantes y divertidas 24 horas se habían cumplido, Aiam era una fiesta. Los 40 nadadores terminaron juntos en la pileta mientras la gente los ovacionaba emocionada y muchos bordeaban las lágrimas. "Al menos por unas horas nos olvidamos de los problemas y comprendimos que juntos podemos hacer cosas", dijo Mauro y todos aplaudieron. Parecía imposible pero lo habían logrado: por un rato sólo habían pensado en ellos, en pasarla bien y en sentirse vivos y juntos, algo que por estos días parece demasiado difícil.
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