Los partidos, se sabe, pueden cambiar de rumbo en un minuto. Argentino vivió en carne propia una vez más que en el fútbol nada es eterno. En el primer tiempo le discutió el desarrollo a San Miguel sin temores ni complejos. Y todo parecía indicar que la segunda etapa sería tan o más entretenida que los 45' iniciales. Pero a los 53', Redondo se ganó la segunda amarilla por frenar un avance rival con las manos y dejó a los salaítos con uno menos. Y a partir de allí, el juego ya no fue lo que hasta entonces. San Miguel, con decisión y dos goles dudosos, de esos que ameritan varias repeticiones televisivas, volvió a dejar a Argentino en zona de descenso. Los jugadores de Argentino dejaron en el vestuario los problemas extrafutbolísticos que tantos dolores de cabeza les causan durante la semana. Intentaron controlar la pelota y evidenciaron apetencias ofensivas. Sin embargo, San Miguel llegó con peligro en dos ocasiones y en la segunda se puso en ventaja. Córner de Víctor Ojeda, toque casi imperceptible de Pablo Rodríguez y Andrada que se encargó de terminar de meterla contra su arco. Sereno, sin desesperarse, Argentino siguió haciendo pie bajo la lluvia. Cirrincione le tapó un mano a mano a Robisso. Fue una advertencia. A los 25', Falcón la clavó en un ángulo desde el borde del círculo central -sí, cerquita de la línea divisoria-, en un golazo memorable. "Ojalá que al final nos sirva", dijo en el entretiempo, cauto, un allegado al cuerpo técnico salaíto. El buen hombre, claro, no imaginó que el equipo se quedaría con un hombre menos. Así y todo, cuatro minutos después de la expulsión de Redondo, Argentino estuvo cerca del segundo, pero Mazzulli se interpuso con lo justo al remate de Rubio. El ingreso de Artaza resultó decisivo. El volante pegó un tiro en el travesaño y sobre los 70' puso el 2 a 1, en una jugada muy protestada por todo Argentino por una supuesta posición adelantada. Los salaítos fueron por el empate, pero ya las piernas ni la cabeza respondían adecuadamente. Dispuesto a liquidarlo de contra, el local le asestó el golpe definitivo a siete del final, luego de un discutible penal de Ferreyra a Martínez, que Bettoni trocó por gol. Las penurias económicas sensibilizaron el corazón de Argentino. Los jugadores, muchos de los cuales apenas cuentan con el dinero justo para comer, hacen lo que pueden -y muy dignamente- dentro de la cancha. Ahora se viene Ferro en Caballito y el objetivo debe apuntar a fortalecer el costado anímico. Porque todavía quedan 19 finales. Y, contra viento y marea, la salvación es posible.
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