El sistema financiero argentino posee actualmente unos 60 mil millones en depósitos, de los cuales los bancos, que resisten a pie firma la liberación del denominado corralito, sólo disponen en sus arcas de unos 13 mil millones. La razón de ser, cuando menos en teoría, de los bancos pasa por prestar lo más posible los fondos que ingresan como depósitos, salvo los porcentajes prefijados por el Banco Central de la República Argentina (BCRA) en concepto de encajes y requisitos de liquidez, que están precisamente destinados a evitar corridas bancarias. "Abrir el corralito hoy por hoy significaría que en un plazo máximo de 15 días los bancos se quedarían sin depósitos y colapsaría el sistema, ya que el grueso de las posiciones está colocada a 30 días, y con esta crisis ya transcurrió la mitad de ese tiempo", confesó un banquero de una entidad de primera línea. La fuente, que solicitó el anonimato, se mostró preocupada por la actual situación social y reconoció que "la gente, más allá de querer que no desembarquen en el gobierno funcionarios sospechados o de pretender la renuncia de los miembros de la Corte Suprema, lo que pide es su plata". "Esto quedó claro anoche ( por el viernes), ya que sin hacer diferenciaciones de clases sociales, la gente que salió a la calle no fue de Lugano, de Mataderos o del Bajo Flores; fue la de clase media y hasta diría media alta", explicó. "La situación es muy complicada y una eventual eliminación de las restricciones financieras significaría lisa y llanamente salir de la convertibilidad, ya que hoy la única salida para devolver los depósitos es utilizar las reservas", dijo el banquero. Sin embargo, aclaró que "acá empieza a jugar nuevamente el factor político, debido a que hace una semana el presidente (Adolfo) Rodríguez Saá ratificó la continuidad del uno a uno". El banquero, no obstante, dijo que una "hay una salida para todo esto y que se centra en un solo tema: que se recupere la confianza". A la hora de explicar cómo cree que eso puede ser viable, el financista indicó que "debe haber una reforma de fondo; un claro apoyo de Estados Unidos, y la urgente implementación en forma transitoria de la tercera moneda". Sobre este último punto, dijo que "es clave que la gente sepa que va a cobrar y que va a tener dinero para llevar a su casa, pero -aclaro- es mucho más importante que sepa que no llevará papel pintado", tras lo cual -aseguró- "debe haber una emisión controlada". Acerca de las medidas, el banquero se mostró partidario de efectuar un reordenamiento de los depósitos y reprogramarlos por un determinado tiempo. "Hay que ver si el actual presidente está dispuesto a hacer esto último, así como para blanquear una salida de la convertibilidad", se preguntó.
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