Oscar Lehrer
Este nuevo conflicto (y van...) entre árbitros y el consejo directivo de la Asociación Rosarina no sorprende a nadie, Y cuesta creer que se haya originado por la designación de dos jueces que pertenecen al Sadra para dirigir, a pesar de no haber rendido bien los exámenes evaluativos. Pero el motivo real del problema sin dudas es otro. Los árbitros desde hace tiempo exigen realizar ellos mismos las designaciones, tener el control de la escuela de jueces y no contar con ingerencias de terceros. En la Rosarina eso nunca fue aceptado y demostró su poder formando una comisión paralela, para que sea un directivo el responsable de efectuar las designaciones. Los árbitros negociaron esa posición que tuvo un precio -la no reducción de aranceles-, pese a que los que dirigen en el máximo nivel del básquetbol nacional aceptaron una quita de aproximadamente un treinta por ciento, para de esta forma adecuarse a la realidad que vive el país en todos los órdenes. La situación se encuentra en un callejón sin salida. La Rosarina está dispuesta a seguir adelante con sus campeonatos, contando para ello con árbitros que se comprometieron a dirigir. Y habrá llegado el momento de pensar que aquí se terminaron la triple A y el Sadra y que sí existe una asociación (en este caso la Rosarina) que es la que les da trabajo y que no pretende aceptar imposiciones de ningún tipo para sacar el básquetbol adelante.
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