Año CXXXIV
 Nº 49.223
Rosario,
miércoles  29 de
agosto de 2001
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Le dieron prisión perpetua por un crimen alevoso
El asesinato ocurrió en julio de 1999. La víctima fue torturada, mutilada y sometida a una lenta agonía

Jorge Salum

Sergio Oscar Miranda no se limitó a asesinar a Juan José Escudero. Lo sometió a una muerte lenta, pesada, que no quería llegar nunca. Lo pagará: un juez ya lo había condenado a prisión perpetua, y ahora tres magistrados de la Cámara Penal confirmaron la sentencia. Con suerte volverá a ser un hombre libre en 2016, siempre y cuando se porte bien hasta cumplir dos tercios de la condena.
Los detalles del asesinato son espeluznantes. El homicida protagonizó una pelea con la víctima. La peor parte le tocó a Escudero. Su rival lo golpeó ferozmente en todo el cuerpo. Mutiló sus orejas con una botella rota y seccionó una de sus manos con un chapón. Lo quemó pasándole electricidad. De un solo golpe, le levantó el cuero cabelludo hasta dejar el cráneo al descubierto. Por último lo arrastró desde el rancho donde ocurrió todo hasta un zanjón. Y allí lo dejó morir.
El móvil de este asesinato lleno de odio y saña es absolutamente menor. Al menos eso es lo que se desprende del expediente judicial, que no devela otra causa. Miranda se enojó porque Escudero lo quemó con grasa caliente mientras cocinaba unas tortas fritas. Ocurrió en una reunión de amigos, en un barrio de extrema pobreza y marginalidad, donde las tortas fritas se acompañaban con generosas raciones de vino barato, en envase tetrabrik.
La llave para descubrir al homicida fueron dos hombres que vieron cuando Escudero pateó una olla y arrojó grasa hirviendo al cuerpo de Miranda. Los dos contaron que este incidente generó una áspera discusión, que después la situación se descomprimió y que finalmente ellos se marcharon, dejando solos -y aparentemente tranquilos- a los contrincantes.
Cuando la policía conoció esta versión detuvo a Miranda. El mismo contó lo ocurrido. No sólo eso: dio detalles tan claros de cómo sucedieron los hechos que ya nadie dudó que se trataba del asesino.
Igual el homicida tenía reservada una sorpresa: un día pidió hablar con el juez de la causa y esta vez negó todo. Además, acusó a otros dos individuos con nombres y apellidos. Y expuso un argumento inverosímil: "Me hice cargo porque amenazaron a mi mujer por teléfono", dijo.
Por distintas razones el juez no le creyó. Una de ellas es que Miranda negó haber estado con Escudero el día del crimen, pero varios testigos afirmaron lo contrario. La otra es que él mismo reconoció la existencia de una feroz pelea. Muchos de esos detalles fueron corroborados por los testigos y ratificados por las pruebas físicas. Por eso nadie le creyó cuando dijo que sólo intercambiaron golpes y que Escudero estaba bien cuando él lo dejó.
La autopsia reveló que Escudero tenía varias fracturas y un gran golpe en el cráneo. Y estableció que los cortes en su cuerpo fueron producidos en distintos momentos. Esto demuestra que fue torturado y quemado con electricidad.
El juez Antonio Ramos dijo que este fue un crimen "perverso y brutal", y que aún cuando queda la duda sobre la participación de otros individuos, está probado que Miranda es el asesino. Por eso lo condenó por homicidio con ensañamiento. Después de revisar el fallo los camaristas Juvencio Mestres, Humberto Giménez y Ramón Ríos estuvieron de acuerdo. Y lo condenaron a prisión perpetua.


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