 |  | cartas Un día distinto
 | La mañana húmeda y pegajosa no desalentó a Moyanito. Desde temprano supo que ese 19 de julio sería un día distinto en la peatonal, de esos que le ponía los pelos de punta y las orejas como signos de admiración. Llegó el mediodía y ahí estaba el vagabundo ladrando como el más enconado de los enemigos de las multinacionales. Sabía que no tenía voz ni voto para la ocasión pero se sentía uno más del grupo y se entreveró entre todos. Por eso, no comprendió cuando esos que formaban parte de su manada lo apalearon con saña. ¿Cuál habrá sido mi provocación?, se preguntaba atontado por el dolor de los golpes secos que se abatían inclementes sobre su sufriente humanidad. Abandono, hambre, sed, persecución, la rutina cotidiana de los perros sin hogar. Mordisco a mordisco arañó a la mala suerte en las esquinas y en los umbrales aguantó a "puro malevo". Pero hoy era distinto, estarían ellos "los humanos" y serían muchos ...y ladraría enardecido y marcharía junto a todos. El dolor lo hizo tambalear, miró sin comprender a los que lo habían apaleado. Una nube oscureció su pupila y siguió avanzando. Sara Andrasnik
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