Año CXXXIV
 Nº 49.178
Rosario,
domingo  15 de
julio de 2001
Min 4º
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Entrevista. El filósofo reflexiona sobre la Argentina
Jaime Barylko: "Si hay un valor importante que hemos perdido en esta crisis ética es el respeto"
Dice que el mayor responsable es el Estado. Pero también apunta a los padres que no les exigen a sus hijos

Laura Vilche

Dice que su persona no se define dentro de ninguna profesión. Que lo suyo es el trabajo de pedagogo, filósofo y escritor, y sin ánimos de vanagloria aclara que es quien impuso el debate sobre los valores y los límites en la Argentina. Justamente para hablar de ambos temas e invitado por el colegio Los Arrayanes, Jaime Barylko, estuvo en Rosario. Para él, un valor negativo que está instalado en la Argentina "desde los tiempos de Solís" es la falta de respeto. "El mayor responsable es el Estado, que no respeta a su pueblo. Luego están los padres que creen, por ejemplo, que dejando faltar a sus hijos a la escuela sin una causa justificada, miman a sus hijos. Esa es la gran mentira del siglo, instalando ese tipo de trato no sólo les faltan el respeto sino que no los aman", sentenció.
-¿Por qué comenzó a trabajar sobre los valores?
-En principio soy alguien que se dedica a observar la realidad sin anteojeras. En ese marco comencé a preguntarme por qué andamos mal. Hoy es común escuchar que estamos en crisis económica, pero es importante señalar que esa crisis también es ética, de valores.
-¿Desde cuándo estamos sumergidos en esta crisis ética?
-Desde la época de Solís y esto no es broma. Una sociedad se forma sobre una tradición, y nosotros tuvimos la mala suerte de ser conquistados por españoles piratas y corruptos.
-Bueno, los colonizadores sajones no fueron menos piratas...
-Es cierto, pero el puritanismo de la ética protestante colonizó Estados Unidos sobre la base de la exigencia. Acá, en cambio, imperó la bohemia, la irresponsabilidad. Nunca fuimos responsables. Nuestros líderes, San Martín, Belgrano y aún Sarmiento, fueron individualistas. Belgrano recibe órdenes de la Junta y se revela. No digo si hizo bien o mal, digo que hizo lo que quiso. En Argentina cada uno hace la suya.
-Esto no le va a caer bien a los grupos belgranianos y sanmartinianos.
-Es que este análisis no descarta que fueron personajes tan grandes como su obra. Es más, soy un fervoroso admirador de todos ellos, pero insisto, fueron grandes ególatras que en su afán de hacer cosas por la patria desplegaron todo su individualismo. Después vinieron Quiroga y Rosas que jugaron sus propias partidas como si se tratara de dirimir las cosas al ajedrez, al tenis o al golf.
-Sin embargo mucha gente reclama hoy que los políticos recuperen el perfil de esos próceres.
-Esas son nostalgias por un pasado en que todo el mundo estaba mejor, no sólo la Argentina. En ese momento se conservaban las instituciones con autoritarismo, lo que permitía imponer valores para cumplir a rajatabla; nadie decía esta boca es mía. De allí pasamos a la libertad interpretada a nuestro gusto, a hacer lo que se quiere.
-¿Qué es para usted la libertad?
-Para los pensadores serios la libertad es la responsabilidad que uno asume a partir de una elección privada. Si elijo romper el vidrio de una panadería tomo una elección y en función de eso debo asumir las consecuencias y no escaparme, porque si lo hago no soy un hombre libre, soy un delincuente, un esclavo que no asume las consecuencias. Un individuo libre entiende que por vivir en sociedad debe imponerse sus propios límites. Esto es fijarse normas, reglas y leyes en cuanto a pasiones, deseos y gustos. O sea, lejos de cercenarme como persona, me hago persona.
-¿Cuál es el valor más importante que hemos perdido?
-El respeto. Acá, por ejemplo, no hay respeto por la gente que sabe: los que saben menos deben respetar a los que saben más, y con la excusa de la horizontalidad eso hoy no ocurre, somos todos iguales pero no idénticos. Hay que entender que sin respeto no hay amor.
-¿Cómo es eso?
-Cuando digo no hay amor es que sin respeto no hay convivencia, ni hijos, ni cultura ni educación. Sarmiento en esto tenía una ilusión, creía que con civilización destrababa la barbarie y el mundo actual demuestra que conviven ambas variables, y que la mayor falta de respeto es la que tiene el Estado por su pueblo.
-Que paradójico, usted habla de falta de amor en momentos en que es cada vez más creciente el trabajo voluntario.
-Es cierto, esa es la otra Argentina y hay que decirlo. La gente que brinda su trabajo voluntario en los hospitales, comedores y en tantos otros lugares es la otra cara de la realidad.
-Cuando usted plantea que los padres son responsables de la falta de respeto imperante, ¿lo tildan de moralista?
-Posiblemente, pero yo ante la crítica les pido que me digan cómo se logra la responsabilidad sin exigencia. Si conocen otra forma que la digan. Si creen que la vía de la educación es que los chicos crezcan solos, entonces que no vengan después a escandalizarse porque a ellos les fascina ver Gran Hermano y El Bar. No hay que darle mucha vuelta al asunto, para lograr una buena educación hay que estudiar dos horas por día, ir todos los días a la escuela y respetar al maestro. Mi madre una vez le pidió a mi maestra que me diera más tareas porque veía que yo no estudiaba lo suficiente. Si los padres tuvieran esa actitud las cosas serían distintas. Ahora ni siquiera se usa dar tareas de vacaciones. Insisto, un padre que exige es un padre que ama.
-Cada fecha patria surge el reclamo de patriotismo por parte de mucha gente. ¿Cree que también hemos perdido ese valor?
-Mire, yo amo a la Argentina, pero hay que aclarar las cosas. Patria no es el lugar donde hemos nacido, ni una bandera larga. Patria es el lugar donde se trabaja, se lucha, es la identificación con las costumbres y ese lugar que se ama.



"Un padre que le exige a sus hijos es un padre que ama".
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