Falleció ayer Nkosi Johnson, uno de los enfermos de sida de la República Sudafricana más célebres y jóvenes -y de los que más tiempo han sobrevivido. El niño de 12 años que contrajo el virus de su madre en el momento del nacimiento se encontraba en el último estadio de la enfermedad: semicomatoso y postrado en su casa en Melville, Johannesburgo.
Nkosi pasó gran parte de su vida en la mira de la opinión pública como huérfano del sida y se hizo querer en una nación en la que se estima que 4,7 millones de personas -uno de cada 10 sudafricanos- están infectados con el virus. "Es una gran pena. Fue un ejemplo al mostrar cómo uno debe tratar una enfermedad de esta naturaleza", dijo ayer el ex presidente sudafricano Nelson Mandela.
"Perdimos a un campeón, un héroe en la lucha contra el sida", dijo el titular del Programa de las Naciones Unidas contra el HIV, Peter Piot. "El niño, que contrajo la enfermedad al nacer, fue y seguirá simbolizando la esperanza para millones de personas afectadas por el mal", añadió Piot.
Su muerte se produce sólo un día después de que su madre adoptiva, Gail Johnson, rechazara acusaciones de estar abusando del niño enfermo para recibir dinero. La reflexóloga Hilda Khoz a dijo al diario The Sowetan que Johnson estaba impidiendo que el niño fuera a la escuela para así recibir más ayudas locales y extranjeras.
"Nkosi se ha convertido en un banco para Gail", afirmó Khoza, quien aseguró haber enviado una demanda a la Comisión de Derechos Humanos contra Johnson tras ver imágenes del niño en la televisión.
Defensa de la madre adoptiva
Llamamiento de la ONU
Llamamiento de la ONU
Respondiendo a las acusaciones, la madre adoptiva dijo anteayer que Nkosi estaba muriendo, que no comía ni hablaba y que desde hace cinco meses no se podía incorporar sin ayuda en la cama. "Ahora pesa menos de 10 kilogramos y es como un esqueleto cubierto de piel", dijo.\Pocas horas después de la muerte del niño, la Comisión de Derechos Humanos de Sudáfrica ordenó a la reflexóloga Hilda Khoza retractarse de las acusaciones contra Johnson.\Johnson, una mujer blanca de los suburbios de Johannesburgo, adoptó al niño zulú cuando tenía dos años, las adopciones interraciales eran tabú y había muy poca comprensión y simpatía por las adopciones de niños infectados de sida. Nkosi desafió a las predicciones de los médicos que aseguraron a su madre adoptiva que sólo viviría nueve meses más. El niño llevó una vida casi normal hasta que se puso enfermo poco antes de cumplir 12 años. En televisión, el niño habló abiertamente acerca de la mortal enfermedad y sus síntomas, y cada mes, un donante privado en Estados Unidos le había llegar 2.500 dólares para su medicación.\