Año CXXXIV
 Nº 49.132
Rosario,
miércoles  30 de
mayo de 2001
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Casilda sigue en pie contra los remates

Gustavo Orellano

Casilda. - Una vez más la presión popular impidió que una familia perdiera su vivienda en un remate judicial. La masiva concurrencia de público posibilitó que no hubiera otros oferentes más que un pariente del dueño de la propiedad, quien finalmente compró la casa. La concentración en el juzgado fue convocada por el Movimiento de la Vivienda Unica de Casilda y Zona, que además organizó para mañana otra movilización para frenar dos nuevos remates por créditos hipotecarios que se desarrollarán también en el Juzgado de Casilda. La subasta prevista para hoy se suspendió.
El inmueble fue subastado a precio de base en 10.954 pesos, aunque podría haberse vendido a menor valor sino fuera porque el comprador se apuró a ofertar, tal vez por temor a que apareciera sorpresivamente otro postor dispuesto a pagar más dinero. Si bien estaban dadas las condiciones para que eso no ocurriera, la ansiedad del hombre por evitar que sus familiares quedaran en la calle hizo que concretara el trámite antes de lo previsto. Todos pensaban que esperaría hasta que el martillero intentara liquidar la casa al valor de retasa, unos 8.000 mil pesos, pero concretó la operación antes.
A diferencia de otros casos similares esta vivienda fue rematada a un precio relativamente razonable ya que estaba vedada la posibilidad de venta al mejor postor, lo cual no ocurrió semanas atrás donde una casa fue subastada en la irrisoria cifra de 750 pesos.
El remate se originó a raíz de una deuda fiscal que mantenía Alfredo Bicciré con la Afip desde la época en que tenía una pequeña fábrica de golosinas que debió cerrar hace dos años por problemas económicos. El ex empresario suscribió varios convenios de pago con el organismo recaudador que nunca pudo cancelar. Al cabo del tiempo las intimaciones de pago derivaron en un juicio fiscal que terminó con el remate de su única vivienda que posee en esta ciudad a medio construir.
"Quise arreglar con la DGI un plan de pago a largo plazo con intereses razonables para seguir trabajando -relató- pero no hubo caso y tuve que cerrar. Lo único que me ofrecieron fueron moratorias cortas que no las pude pagar. Me fundí laburando. Tuve deudas de todo tipo y lo único que me quedó es la casa".


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