Quilmes, con un juego mezquino pero efectivo, superó ayer a un esforzado Gimnasia y Esgrima de Concepción del Uruguay por 1 a 0, en el partido de ida de las semifinales por el ascenso directo a primera división. El local fue superior en la primera etapa porque supo qué hacer cuando tuvo la pelota. Héctor Teri comenzó a distribuir el balón para que Hernán Orcellet, por el sector derecho, y Carlos Quiña, por la izquierda, preocuparan a los laterales del equipo de Rivoira con sus desbordes. La visita dependió mucho de lo que pudieran crear Adrián Giampietri y Alejandro Domínguez, pero ambos jugadores estuvieron muy intermitentes y entonces Gabriel Bordi, bien controlado por Rubén Checchia, jamás recibió cómodo para descargar toda su artillería goleadora. Gimnasia mereció terminar en ventaja los primeros 45 minutos, pero la poca puntería de Rubén Checchia, José María Bernal y Hernán Orcellet no le permitió irse más tranquilo al descanso. En la segunda parte Quilmes salió con una actitud más dominante y lo evidenció mostrándose mucho más tranquilo en el manejo de la pelota. De esa manera, el equipo de Rivoira comenzó a acorralar a Gimnasia contra el arco de Catriel Orcellet, y así llegó la apertura del marcador cuando Bordi, de cabeza, desvió un córner ejecutado por Giampietri desde la izquierda. La conquista del ex All Boys y Napoli cambió de plano el panorama del partido, porque la visita se paró para jugar de contraataque, mientras que el Lobo se veía obligado a tratar de penetrar la muralla defensiva quilmeña. A Gimnasia le pesó la responsabilidad de salir a buscar el empate y lo sintió, mientras que Quilmes se sintió cada vez mejor apoyado en la salidas veloces de Giampietri, quien alternaba pases para Bordi y el ingresado Alex Rodríguez, que tuvo mucho que ver con el cambio de actitud de su equipo.
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