Año 49.074
 Nº CXXXIV
Rosario,
domingo  01 de
abril de 2001
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Reality shows: La estudiantina de la vida real

Silvio Mario Valli

Por estos días, dos reality shows acaparan la distraída atención de una inmensa teleplatea que, aunque asegura no verlos, los sigue con avidez. Pero, ¿qué busca la gente al asistir furtivamente a pigmeas vidas privadas de individuos que no tienen nada que decir? Nada que decir porque no atinan a pensar. Y no piensan porque no pueden, salvo parrafadas ininteligibles sobre su propia persona, imaginándose el ombligo del mundo.
Me pregunté por qué tanto aburrimiento de un lado y de otro del televisor y no obtuve respuesta. Qué atractivo tiene fisgonear cómo limpian, cocinan, se bañan (vestidos) o comen, o los "entretenimientos" para salir del tedio de ambos sexos: disfrazarse de bailarinas tropicales ellas o emular a los "Full Monty", ellos, al estilo de las estudiantinas. Por la edad de los concursantes uno tiende a imaginar que se trata de otra consecuencia más del Proceso descerebrante.
Si caminar 600 kilómetros en una cinta mecánica o mantener encendido un fuego es la quintaesencia de la inteligencia o el suspenso, alguien se equivoca. Prueba de ello es que los realizadores de los engendros han optado en la televisión abierta por el costado, digamos, amoroso. ¿Y si por un momento los cobayos se rebelaran contra micrófonos, editados y guiones, y devenidos conspiradores asombraran a los vouyeristas y dejando de hacer "huevo" mostraran sus zonas pudendas abiertamente o dispararan alguna idea asombrosa y audaz?
Metáforas al margen, por estas horas en que "ellos" han venido por la República, se me ocurre otra rebelión, la de todos los involuntarios jugadores de este "reality show" que es el país, sacudiéndose el silencio de los corderos... ¿no inquietaría al Poder Real?
Mi Outsider Personal me contó un chiste, que no es de él pero que me causó patética gracia: dos amigas se encuentran y una le dice a la otra: "Sho (sic) siempre quise trabajar en la tele, pero es muy difícil ¿A quién le puede interesar alguien sin información, sin talento, sin gracia, sin belleza y sin cerebro? La amiga le contestó: "¿No probaste en el «Gran Hermano», en «El Bar» o en «Reality Run»?".


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