Año CXXXIV
 Nº 49.066
Rosario,
sábado  24 de
marzo de 2001
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cartas
Apoyo al Colegio Alemán

Mis hijos son ex alumnos y mis nietos asisten al Colegio Alemán. En 1966 cuando se reabrió el colegio, después de haber sido confiscado arbitrariamente al finalizar la Segunda Guerra Mundial, se me invitó como padre y por hablar el idioma alemán para integrar una comisión. Eramos 13 padres del primer grado, de los cuales alguno era ex soldado alemán (que hoy algunos buscan de disfrazarlos de nazis). Nunca observé en los años que trabajé alguna actividad nazi, tampoco me interesé de investigar qué ideas políticas tenían, porque lo que me importaba era que fueran personas correctas y lucharan para levantar el colegio para un futuro. Los estatutos eran claros: se prohibían actividades políticas, religiosas y sindicales. Después de estar 22 años en esa Cooperadora coseché muchos amigos, actué en otras comisiones siempre por el bien común y gratuitamente, predicando con buenos ejemplos y sin discriminar. Hasta llegué a conocer y apreciar a un pastor alemán, ex integrante de la Waffen SS en la Segunda Guerra Mundial, una excelente persona. Algunos pretenden hacer ver que el soldado alemán peleaba y dejaba su vida, -entre ellos familiares míos- a favor del Holocausto, pero la gran mayoría desconocía que existía. Los soldados cumplían órdenes luchando por defender su patria y por esto merecen ser respetados. Mi deseo es que el Colegio Alemán y todas las instituciones educativas sepan enseñar la historia con la mayor objetividad e imparcialidad posible.
Antonio Jauk


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