Año CXXXIV
 Nº 49.004
Rosario,
domingo  21 de
enero de 2001
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Análisis político
Hora de gobernar, tiempos de revertir la mufa

Isidoro Gilbert

El maratónico encuentro de los más altos funcionarios de la administración de Fernando de la Rúa no tiene precedentes, ni en su estilo ni tampoco en la mística que reconocen sus participantes que brotó desde la exhortación presidencial hasta los balances de cada ministerio, pensando todos que tienen una oportunidad que deben aprovechar para sacar al gobierno del zócalo. El gran desafío emergente del cónclave de trasmitirle a la gente ese entusiasmo que campeó por Olivos, y que la Alianza existe.
No sería la primera vez que el microclima haga de las suyas; de todos modos, el mítin del oficialismo no salda las diferencias existentes entre los referentes de la Alianza, ni puede esconder que además de tratar de gobernar mejor que hasta el presente, el gobierno tiene un objetivo, vencer en las legislativas de octubre porque en ellas van su destino y la posibilidad de un segundo tiempo para De la Rúa (que su esposa, Inés, ha blanqueado como sueño) que lo cree probable si es que el 2001 es mejor que el año precedente, si consigue convencer al hombre sencillo de que lo que se hace sería una tendencia positiva, en el mejor de los casos. De esto casi toda la coalición está convencida.
La manifestación de funcionarios en Olivos buscó y obtuvo colocar al presidente como quien conduce y fija los tiempos, relativizando así los intentos partidarios que buscan analizar la táctica electoral para octubre, manejar nombres de candidatos, sin precisar primero cuál deberá ser el mensaje para un electorado enojado, como lo refleja la megaencuesta mandada a preparar por la Side a dos consultoras y que el 2 de febrero, cuando Raúl Alfonsín abra las sesiones del comité nacional, servirán para precisar el discurso con que el radicalismo piensa afrontar el desafío y comprometer al Frepaso a que suelde afinidades y objetivos. Cada mañana cuando suena por las radios la voz de Carlos Chacho Alvarez con tono crítico o ácido con lo que ocurre, genera la impresión de que el quiebre de la coalición esta cerca.
No es así. La Alianza ha funcionado para darle al gobierno blindaje político, con el que consiguió las leyes clave, no exentas de tironeo pero sin ellas la ingobernabilidad hubiera sido el signo del primer año de administración. Lo que está en crisis es la ausencia del espacio de acuerdos entre los socios, que paralice la tendencia a que el Frepaso, aun con problemas internos, sea la cláusula de ajuste para obtener el quórum en la Cámara de Diputados: encontrar la manera de que sin perturbar el sistema presidencialista, radicales y frentistas fijen los grandes lineamientos del gobierno que debería aplicar De la Rúa, y que los protagonistas de este entendimiento sui generis, el presidente y el jefe del Frepaso, dejen de lado sus orgullos y hablen sin estridencias ni chasiretes cerca.
Ninguno de los dos toma el toro por las astas. Federico Storani imaginó una comisión política de la Alianza para darle un lugar institucional a Chacho. El jueves, antes del encuentro, volvió a proponérsela al presidente que dio el visto bueno y pese a que el ministro del Interior y el titular de la bancada de la Alianza, Darío Alessandro, habían afinado la propuesta, en menos que canta un gallo, el ex vice mandó decir que no, que es innecesario un espacio especial para incorporarlo, que él se encuentra cómodo como jefe del partido socio.

Chacho, ¿teórico o dirigente político?
Alvarez es renuente a estar sujeto a condicionamientos de organismos o instituciones, no en vano ha fundado y abandonado más de una experiencia y aliado, acaso porque es sobre todo un hombre con una visión muy diferente de la política tal como ésta se ha venido practicando hasta ahora. Le cuesta amoldarse a esas tradiciones, quiere cambiarlas, lo ha demostrado en su cruzada sobre el Senado nacional. No sabe encontrar el lugar para una finalidad: llegar a tener poder para imponer su visión del país y el mundo.
El siente que un organismo configura un marco que empobrece y condiciona la creatividad, es algo que lo han sentido mucho los académicos: cuando están más peleados con las instituciones es cuando más arrojo y libertad tienen para su propia reflexión. En política como en otras partes solamente el outsider tiene ideas nuevas, es una visión que camina por ámbitos de los pensadores, donde se cree que lo establecido, como las catedrales, obtura la creatividad y las renovaciones. Si cualquier gestión lo condiciona, si no pretende ser formal para dirigir la política y la sociedad acaso todo esto explique parte de su portazo a la vicepresidencia. Estaba reemplazando a De la Rúa, en uno de sus viajes, y se quedó hasta cerca de la medianoche en la Casa Rosada. Al salir se asombró de que los granaderos, que tienen como misión su cuidado, estuvieran parados como una estaca. Les dijo: "Muchachos, ¿ustedes se quedaron solo para saludarme?". No entiende a la burocracia como parte del Estado.
Harold Laski fue el gran teórico y chairman del Partido Laborista inglés, donde educó a generaciones de dirigentes que llegaron a ser primeros ministros como Clement Attlee, Aunerin Bevan y Ernest Bevin, pero él jamás se postuló para cargos ejecutivos. ¿Será ese el destino de Chacho Alvarez, convertirse en un estratega y, además, en tábano que de vez en cuando pique donde le duele a la sociedad para tenerla despierta? ¿La crisis económica, que arrastra a la política, es buen contexto para sus ideas o un obstáculo? \Ahora se le requerirán definiciones, como ser candidato a senador porteño y que baje al llano, sus reflexiones académicas. Tal vez su rechazo sea su disgusto a ser presionado y que él pueda utilizar su postulación como una manera de mejorar el número de pretendientes a senadores nacionales por el Frepaso y mantener, al menos, la cantidad de sus diputados nacionales, amén de romper la rigidez que De la Rúa tiene con él, en especial. Estos días se le escucha proponer reformas para la Cámara alta, que limite sus gastos como toda la política, que será otro caballito de batalla parlamentaria y electoral del oficialismo y que piloteará Federico Storani. Pero no cree que la renovación de octubre cambie demasiado las cosas. Es un error de apreciación: en el Senado que viene estarán, en principio, hombres como Raúl Alfonsín, Eduardo Duhalde, acaso Domingo Cavallo, Elisa Carrió o Chacho, si finalmente cambia de opinión como cree el ministro del Interior, amén de Eduardo Menem o Jorge Yoma: la runfla, como se llama a los legisladores más comprometidos con el sistema de prebendas, no se renovará, en general, o será una parte minoritaria.

Comida con Alfonsín y señales a De la Rúa
En cierto modo, su misil contra la discusión pública de candidaturas determinó que De la Rúa pidiera suspender los encuentros que preparaba el jefe de la Side, Carlos Becerra, en el hotel Elevage, una señal ominosa por la triste fama del dormitorio (fue reducto de un sector del menemismo y de los carapintadas) y ese retiro espiritual de Chapadmalal, que dejó mal parado al jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, y al secretario general de la Presidencia, Horacio Jaunarena, que había recibido el visto bueno del presidente para prepararlo para el próximo fin de semana, a fin de contar con la presencia de José Luis Machinea. De todas maneras, octubre campeó por los dos días de Olivos, lo que es imaginable. Chacho respaldó desde sus oficinas el esfuerzo presidencial, porque al menos de la boca para afuera se hablaba de intentar mejorar la calidad de vida de la gente y no únicamente de candidaturas. "Ningún funcionario del Frepaso debe faltar a la cita", ordenó en una señal a De la Rúa que el presidente percibió y devolvió.
En los jardines de Olivos no se habló bien del jefe frentista, porque horas antes había cerrado su camino al Senado. Storani charló con los secretarios y subsecretarios del Frepaso para que convenzan a Chacho de dos cosas: que no insista en su negativa y que acepte la propuesta del espacio de concertación.
Por eso, hay quien espera que el presidente lo llame a tomar un café en los próximos días para destrabar la relación: "Debería proponerle visitarlo en la oficina del Frepaso", imagina un radical superaliancista. Antes, Chacho volverá a encontrarse con Alfonsín, paciente tejedor de la sociedad. El quiere, si no hay objeciones, que la subsecretaria de Derechos Humanos, Diana Conti, sea parte de la dupla en la difícil tarea de ganar en la provincia de Buenos Aires. Como están las cosas, el Frepaso debe conformarse con intentar elevar su número de senadores nacionales con mujeres, habida cuenta de que se aplica el cupo del 50% que este gobierno decretó. Excepto en la Capital Federal y Neuquén, y con buena suerte en La Pampa, al frentismo le correspondería, por correlación de fueras, el segundo lugar. Para febrero fue propuesta en el cónclave de Olivos una reunión nacional de mujeres y extrañamente se opuso a la idea Graciela Fernández Meijide. Si Alfonsín convence al radicalismo cordobés de que debe ir como Alianza, al radical Rubén Martí (con excelente imagen, pero el peronismo tiene buena gestión) lo acompañaría la senadora provincial del Frepaso Grisela Baldetta. Pero son fintas. Preocupa más que la diputada Carrió irrumpa en la Capital Federal junto al socialista Alfredo Bravo, lo que partiría en dos el universo electoral aliancista con consecuencias previsibles. Storani está convencido de que Carrió será candidata radical por el Chaco, porque ha concertado con el gobernador Angel Rozas que tendrá libertad de palabra sin dejar a la UCR.

Se despereza el peronismo
El justicialismo lentamente apresta sus cañones. Inesperadamente el cordobés José Manuel de la Sota dijo que el 2003 será el tiempo de Carlos Ruckauf. Aunque luego diluyó ese aparente respaldo al bonaerense logró diferenciarse del menemismo, que es lo que buscaba realmente, y así lo entendió el hombre de La Plata, que no cree en milagros: sabe que el cordobés, Carlos Reutemann y Carlos Menem tienen su misma ambición y para no aparecer fuera del tono actual, en el que de candidaturas no se discute, anunció que se proclamará pretendiente al sillón de Rivadavia el 17 de noviembre del 2002, una eternidad. Antes, piensan en otras tiendas del PJ, a Ruckauf le puede reventar la provincia, muy deficitaria. Además tiene que cuidar sus palabras: se enfrentó, con razones, a una proveedora de agua de capital norteamericano, Enron: allí, George W. Bush tiene intereses: abandonó la pelea. Ruckauf teje acuerdos coyunturales y alianzas a largo plazo. En una audaz operación, le comprará al gobernador tucumano Julio Miranda toda la producción azucarera, si consigue venderla al precio de ofertantes brasileños. De esta manera pone una pica en el difícil noroeste, donde Menem tiene mejores amigos y, con un acuerdo con Jorge Yoma, un pie en La Rioja.
Ahora hay que gobernar. Quiere decir llevar el "gobernalle", y ningún navío se desliza recto en el mar: para conservar el rumbo hay que maniobrar.



Colombo y De la Rúa, reuniones en la quinta de Olivos.
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