Año CXXXIV
 Nº 48.996
Rosario,
domingo  14 de
enero de 2001
Min 17º
Máx 30º
 
La Ciudad
La Región
Política
Economía
Opinión
El País
Sociedad
El Mundo
Policiales
Escenario
Ovación
Suplementos
Servicios
Archivo
La Empresa
Portada


Desarrollado por Soluciones Punto Com





El libro, que acaba de publicar Tusquets Editores, presenta veintidós relatos de jóvenes escritores argentinos
"La selección argentina": La sonrisa del gato que se comió el pescado
La antología preparada por Sergio S. Olguín despliega un mapa de la narrativa de los últimos años

Beatriz Actis

Cuando se realiza una antología con un criterio tan poco estricto (escritores nacidos en los años sesenta, tengan o no obra publicada) un antólogo puede volverse loco o disfrutar a lo loco. Yo elegí la segunda opción. Con la sonrisa del gato que se comió el pescado puedo afirmar que me he dado varios gustos en este libro, señala el compilador Sergio Olguín (Buenos Aires, 1967, escritor, periodista) en el prólogo de La selección argentina, prólogo en el que alude además al proceso de elección de los relatos y expone los criterios y el objetivo de la misma.
Esta antología, publicada por Tusquets en su colección Andanzas, incluye un cuento de cada uno de los siguientes autores: O. Aguirre, F. Andahazi, A. Bermani, E. Berti, M. Birmajer, J.M. Brindisi, G. Carranza, E. Cross, P. de Santis, M. Figueras, R. Fresán, B. Gache, C. Gamerro, A. Jarkowski, A. Kazumi Stahl, E. Muslip, G. Nielsen, G. Picca, A. Rabih, P. Rey, J. Rombouts y C. Zeiger. Se trata de veintidós nombres, el mismo número que los jugadores de fútbol convocados en las instancias iniciales de los campeonatos mundiales para conformar después la selección nacional, imagen que referencia -con contundente sentido comercial aunque discutible criterio estético- título y portada de la publicación.
¿Qué une a estos escritores, más allá de la edad y la nacionalidad? Sabemos que el texto literario se constituye en la heterogeneidad de la lengua, las ideologías y las experiencias culturales; de las modalidades prácticas y las formas de la percepción, y que cada práctica de escritura genera estructuras simbólicas e ideológicas diversas (el campo literario es, por cierto, diversificado y complejo). En la encuesta previa realizada a cada uno de los autores, muchos reflexionan sobre el acto de escribir y esas reflexiones sustentan una relación con la realidad. Así, Bermani afirma: Siento que los libros contienen, más allá de su materialidad de páginas impresas, una realidad secreta donde es posible crear, imaginar sin tedio y la previsible sucesión de fracasos de la otra realidad, la cotidiana, y concluye citando la sentencia ya paradigmática de Pavese: No es que se exprese nada al escribir. Se construye otra realidad, que es palabra. El valor ideológico de un texto (moral, estético, político) es un valor de representación, no de producción.
A la vez, Andahazi reflexiona sobre la dimensión personal y política de las bibliotecas literalmente destruidas y hoy recuperadas, y la relación que establece es con una realidad situada: Pocos días después del golpe del •76 (yo tenía trece años), mi abuelo se vio obligado a destruir su biblioteca: quemó, en un baldío que había frente a su casa, centenares de ejemplares «peligrosos». Sobrevivió poco tiempo sin sus libros. Cada libro que he leído, cada página que he escrito, ha sido un fallido intento de reparar aquella inmolación.
Se desprende además de los reportajes que en estos autores han sido determinantes las vocaciones de lectores y no sólo de escritores, y se percibe al leer sus textos que en algunos de ellos se ponen al desnudo los procedimientos propios de la escritura y en la mayoría se trabaja la cuestión de la oralidad, a través de una gran variedad temática: las ficciones urbanas, las diferentes voces de la marginalidad, los recuerdos no idealizados de infancia, las frustraciones de la sexualidad, etc.
¿Hay, entonces, entre los autores seleccionados, sentido de pertenencia a una lengua (Aguirre señala en la encuesta: Escribir es como inventarse una lengua extranjera) y/o marca generacional? Como respuesta surge la variedad de tramas, de focalizaciones y de voces: desde cuentos clásicos (Nielsen), pasando por otros que abordan la siempre controvertida relación historia-literatura (Andahazi) o se construyen desde las resonancias de la crónica policial (Picca), hasta las ficciones de clima ambiguo al borde de lo fantástico (de Santis), las elecciones estéticas reveladas en estos cuentos muestran el mapa ecléctico y vital de la narrativa argentina de nuestros días (vitalidad que explica el placer de gato que se relame señalado por Olguín), pero siempre entroncada en la rica tradición de los cuentistas rioplatenses, a pesar o más allá de la sentencia inicial del compilador, quien señala: Una antología es, ante todo, un acto de injusticia y al fin y el cabo, se trata de una antología y no de un censo.



Pablo de Santis y Eduardo Berti, parte de la selección.
Ampliar Foto
Diario La Capital todos los derechos reservados