Cuando todo hacía prever que el camarista José Ravena se excusaría de entender en la cuestión penal referida a supuestas irregularidades en los padrones de Ñuls por ser cuñado del juez de primera instancia Ricardo Heitz, socio de la entidad, quien anuló las elecciones tal como lo había requerido la lista opositora, el juez no lo hizo. Y no sólo que no se excusó, sino que tuvo a su cargo el primer voto que, según abogados allegados a la causa, fue favorable a revocar la resolución de la jueza de primera instancia Alejandra Rodenas, quien había ordenado el archivo de la misma por entender, con razonable fundamento, que la cuestión no era del ámbito penal. Aunque algunos operadores del foro rosarino señalaron que no había motivos para que el cuñado de Heitz se excusara, otros en cambio tuvieron dudas sobre el proceder técnico del camarista. No faltó quien, echando bromas sobre un tema importante, dijera, esbozando una sonrisa que los del Parque están en manos de la familia judicial. La ironía podría no ser más que una festejada broma sino fuera porque a cada momento en la vida de la gente surge un interrogante: ¿En manos de quienes están los litigantes rosarinos, la comunidad toda que busca justicia? ¿De una familia judicial?
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