Año CXXXIV
 Nº 48964
Rosario,
domingo  10 de
diciembre de 2000
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Una encuesta refleja el descontento de los rosarinos con la gestión aliancista
La mayoría de los que votaron a De la Rúa se siente defraudada
A un año de haber asumido el gobierno, pocos creen en la continuidad de la coalición UCR-Frepaso

Javier Felcaro

Si bien a lo largo de un año el gobierno de la Alianza se alzó con varios récords, todos inimaginables hace 12 meses atrás, ninguno es tan perturbador como el que da cuenta de la caída de su imagen en la opinión pública. La gestión presidencial de Fernando de la Rúa es considerada positiva sólo por uno de cada diez rosarinos, según se desprende de una encuesta a la que tuvo acceso exclusivo La Capital. Y, a ese deterioro, se le suma otro dato revelador: poco más de la mitad del total de habitantes de la ciudad consultados asegura que la coalición UCR-Frepaso tiene sus días contados.
Mientras el jefe del Estado admitió que el balance no es el esperado, aunque insistió en vaticinar que el 2001 será propicio para el despegue de la economía, el sondeo de opinión con base en Rosario reflejó que la imagen negativa de su administración llega al 41 por ciento.
En esa línea, en el período marzo-diciembre de 2000, la imagen positiva de la gestión aliancista se recortó prácticamente en un 30 por ciento, mientras que la regular subió casi el 11 y la negativa lo hizo en poco más del 30.

El comienzo
El 10 de diciembre de 1999, De la Rúa asumió como presidente tras un triunfo electoral con casi el 50 por ciento de los votos. Era la primera vez que un gobierno de coalición se hacía cargo del destino de los argentinos y las valijas estaban llenas de expectativas y promesas.
Paradójicamente, a un año de que el primer mandatario se asomara y saludara desde el balcón de la Casa Rosada, la encuesta demuestra que la imagen positiva del gobierno alcanza prácticamente los mismos valores registrados por Carlos Menem (alrededor del 8 por ciento), cuando éste había cumplido una década de mandato en el país.
Pero hay más datos significativos: siete de cada diez consultados que aseguraron haber votado por la fórmula presidencial de la Alianza el 24 de octubre del 99 consideraron que sus expectativas electorales fueron defraudadas. No llegamos a cumplir con nuestro pronóstico y con lo que la gente demanda, fue el mea culpa esgrimido por el ministro de Economía, José Luis Machinea.
Mirando hacia atrás, y a poco de asumir, el gobierno comenzó a aplicar medidas que provocaron el rechazo de la población y afectaron su imagen. A la crisis económica y social se sumaron también los cortocircuitos políticos: el escándalo de los sobornos en el Senado y la renuncia del vicepresidente, que dejó al descubierto serias diferencias con De la Rúa.
A dos meses del alejamiento de Carlo Chacho Alvarez, casi la mitad de los rosarinos encuestados no está de acuerdo con esta decisión y sólo uno de cada tres apoya el portazo que dio el líder del Frepaso.
Más de la mitad del total que votó por el binomio aliancista no comparte la decisión de Chacho.
Este índice es aún superior si se lo compara con el registro correspondiente a quienes sufragaron por el Partido Justicialista.
Otro dato sobrevuela creando intriga: poco más de la mitad del total de encuestados no cree que la Alianza tenga futuro como coalición política.
Mientras, uno de cada cuatro rosarinos sigue siendo optimista acerca de su continuidad.
Del total de quienes afirman haber votado por la Alianza, cerca de la mitad no cree que la misma perdure en el futuro. Entre los que por entonces optaron por el peronismo, esta presunción se acerca al 72 por ciento.
Los más descreídos sobre la vigencia aliancista son los hombres de entre 26 y 60 años, prácticamente todos los que están en condiciones en votar. Esto se contrapone a la esperanza que aún mantienen intacta las mujeres.

El desencanto
En tanto, el mayor grado de desencanto se encuentra hoy por hoy en la castigada clase media (que acompañó con su voto a la Alianza), más allá del malestar instalado desde larga data en los sectores más bajos de la escala social argentina.
Si uno de los desafíos para los próximos meses apunta al crecimiento económico, con un optimismo que se esmeran por resaltar desde la Rosada, el otro es, sin dudas, revertir el inusitado crecimiento del deterioro de la imagen del gobierno. En otras palabras, tratar de que el espejo de la sociedad deje de estar empañado.


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