Año CXXXIV
 Nº 48.960
Rosario,
miércoles  06 de
diciembre de 2000
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Un organismo internacional hizo lugar al pedido de un abogado rosarino
Reabren la investigación de un crimen
El acusado fue condenado a prisión perpetua en base a una confesión que atribuyó a torturas

Carlos Duclós

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos hizo lugar al pedido de investigación de violación de sus derechos formulado por un preso rosarino condenado a prisión perpetua por un crimen que dijo no haber cometido, pero del que se reconoció autor porque la policía lo sometió a graves torturas y amenazas.
El detenido, Rubén Luis Godoy, fue patrocinado por el defensor general de Cámaras de Apelaciones de Rosario, Carlos Giandoménico. Según destacaron voceros judiciales, se trata del primer caso en el que el organismo internacional hace lugar a la solicitud de un defensor oficial argentino.
Giandoménico, asistido por el defensor general Héctor Guido Ceconi, luego de recibir revocatorias y rechazos por parte de la Corte Suprema de Justicia de la provincia y de la Nación, a sus recursos de anticonstitucionalidad del fallo, envió todos los antecedentes del caso a la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, con sede en la Organización de Estados Americanos, en Washington. Luego de un minucioso estudio del caso, el organismo internacional decidió abrir la causa y comunicar al gobierno argentino su decisión a la vez que le requirió oficialmente toda la información concerniente al mismo.
El motivo de la presentación es una tentativa de violación seguida de muerte, ocurrida el 10 de febrero de 1992, en Villa Gobernador Gálvez. La víctima fue Silvia Noemí Roldán, de 20 años, quien mientras regresaba a su casa fue interceptada por un desconocido frente a la vivienda de Almafuerte 2832. El agresor intentó violarla y luego la golpeó con una piedra tan ferozmente que le causó la muerte en forma instantánea. Toda la escena fue seguida por una vecina que vivía frente a esa casa.
La testigo, a pedido de la policía, ayudó a hacer un fotofit del supuesto agresor y un sargento de la zona lo identificó como Rubén Luis Godoy, que vivía a escasas cuadras del lugar. Curiosamente, en su testimonio la muchacha que presenció el homicidio dijo que había visto al agresor de perfil. Por eso, durante el juicio, los defensores se preguntaron cómo pudo confeccionarse un fotofit de frente.
La investigación estuvo llena de dudas. No se pudieron levantar rastros, no se encontraron pelos del atacante, la sangre que había en el lugar no correspondía a Godoy y la testigo del hecho jamás pudo reconocerlo en rueda de presos. Sólo se secuestró una camisa de mangas largas que los investigadores atribuyeron como propiedad de Godoy. Sin embargo, la defensa la descalificó como prueba porque según la misma testigo el atacante llevaba camisa de mangas cortas. La defensa sostuvo que cuando se secuestró la camisa nunca se habló de que ésta tuviera manchas de sangre, que aparecieron después, y tenuemente, en el análisis de laboratorio. Asimismo, los defensores oficiales sostuvieron también que por el lugar en que se secuestró la camisa (lejos de la pieza de Godoy) ésta pudo no ser del imputado. Además, a pesar de que los médicos forenses detectaron desgarros vaginales, no se encontró semen ni pruebas de que la chica hubiera sido penetrada.
No obstante, un tribunal oral integrado por los ex camaristas Carlos Serrano Brignardello y Patricio Lara (éste último en ejercicio de la presidencia) y por el actual camarista Ramón Ríos condenó a Rubén Luis Godoy a la pena de prisión perpetua y lo obligó al pago de 60.000 pesos por daño material y 30.000 por daño moral. El tribunal consideró para la condena la propia confesión, el reconocimiento que hizo Godoy ante la policía y ante el juez de instrucción de haber sido el autor del hecho.
En el alegato enviado a la Comisión Interamericana, el defensor Giandoménico señaló que mediante tortura y castigos físicos se obliga a Godoy, persona dócil, débil de carácter, bebedor de fin de semana, a auto admitir (confesar) un crimen que no cometió. Con esta declaración se lo conduce luego a sede judicial con la prevención y amenaza de que deberá ratificar allí su confesión. Sin embargo, luego de concluida la declaración judicial algo ocurrió: le dijeron al imputado en el juzgado que no sería trasladado al mismo lugar de detención donde lo habían torturado. Entonces, al decir de Giandoménico en ese momento Godoy se anima, y rectifica negando la autoría del hecho.
El defensor acudió a la Corte Suprema de Justicia de la provincia por considerar que el fallo era anticonstitucional. Pero una cuestión de formalismos hizo que el alto tribunal rechazara ese recurso: inexplicablemente el jurado que condenó a Godoy, lo notificó de su sentencia un año después. Giandoménico acudió a la Corte de la Nación quien también rechazó la queja por una cuestión de selección de causas. No hubo doble instancia, es decir la sentencia no fue revisada por un tribunal de alzada. La cuestión de fondo jamás fue tratada ni por la Corte de la provincia, ni de la Nación.



Carlos Giandoménico, abogado defensor.
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