Año CXXXIV
 Nº 48.952
Rosario,
miércoles  29 de
noviembre de 2000
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Editorial
Logro espacial argentino

Cuando a las 17.04 del martes 21 se recibieron las primeras señales electrónicas en el Centro Espacial Teófilo Tabanera, cercano a la ciudad de Córdoba, la Argentina ingresó con paso firme en el condominio del espacio interestelar. Lo hizo por la sencilla razón de que esa emisión -a las que deben agregarse las que siguieron y las que seguirán- era producto del primer satélite desarrollado y construido en el país por técnicos nacionales.
Se trató de un acontecimiento enorme y singular que sirvió para corroborar, una vez más, que aun en medio de la grave crisis económica y social que hoy aqueja al país, es posible llevar adelante una tarea científica delicada y valiosa. Una tarea que ratifica aquello de que, aún debiendo enfrentar carencias de índole económica en el empeño en pos de un objetivo, el espíritu y el conocimiento de los hombres pueden sobreponerse incluso al desafío más difícil.
El SAC-C es el primer satélite argentino dedicado a la observación de la Tierra y sus ecosistemas. Con sus once instrumentos provistos por seis países permitirá, entre otras tareas, estimar cosechas, realizar controles de emergencia y llevar adelante estudios oceánicos. Diseñado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), fue construido por Invap, la empresa del Estado asentada en Bariloche. El lanzamiento al espacio se realizó con un cohete Delta II, disparado desde la base aérea Vandenberg, en California.
Este satélite de 485 kilogramos, enviado al cosmos junto con otros tres aparatos similares estadounidenses, forma parte de una misión internacional organizada y financiada por la Conae, la Nasa de Estados Unidos y las agencias espaciales de Brasil, Dinamarca, Francia e Italia. Junto con sus pares Landsat 7, EQ-1 y Terra, ya forma parte de la denominada constelación matutina, que durante cuatro años orbitará a una altura de 715 kilómetros. Lo hará con pases cada media hora sobre un mismo punto del planeta.
Así como retempla el ánimo colectivo en una hora sembrada por la angustiosa incertidumbre respecto de lo que deparará a la inmensa mayoría de los argentinos el mañana en cuestiones tan terrenas y concretas como, por ejemplo, la subsistencia con un nivel de vida medianamente aceptable, esta noticia debe servir de eficaz alerta al gobierno. Es que con acabada claridad y contundencia está señalando la necesidad de no descuidar la participación nacional en el mundo de la ciencia. Participación que es internacionalmente reconocida como valiosa en cuanto a su componente humano pero que muestra debilidades enormes respecto del dinero oficial con que se la financia. Sobre este tema nunca hay que olvidar que, tal como sucede con la educación, el dinero que se destina al desarrollo científico antes que un gasto es una inversión que, a futuro, siempre da más rédito que cualquier otra.


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