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 domingo, 19 de agosto de 2007  
Para beber: envases novedosos

Gabriela Gasparini

Pensar que la botella no importa es absurdo. Y no estoy hablando de sus cualidades como contenedora de un líquido sino de su parte estética. No me digan que no se paran primero delante de las que tienen algo diferente para ofrecer, un diseño más estilizado, o unos hombros más anchos que los acostumbrados, un pico más largo, o una tonalidad distinta, en fin, lo que sea que a una la encandile al primer vistazo, más allá de una etiqueta pensada para conquistar.

Voy a referirme a dos noticias relacionadas al envasado del vino. Uno de los grupos que desvelan a esta industria son los jóvenes, bastante remisos al jugo de uvas fermentado y decididamente inclinados a saborear otro tipo de bebidas alcohólicas. Bien, parece que en buena medida fue ese sector el que inspiró a los creadores del mini brik con pajita. Sí, como las de los juguitos pero con vino para tomar a sorbitos. Según explica un despacho de AFP, esta novedad se presentó en la última Vinexpo realizada en Burdeos acompañada de las explicaciones: “Los embalajes en dosis individuales, con nuevo look y reciclables están de moda y favorecen la renovación de formas y colores, así como la aparición de nuevos conceptos. Las grandes bodegas avanzan claramente hacia la dinámica de empaquetar su vino y salir de la tradicional caja de madera, declaró Violette Laurencon, del grupo Cordier, especializado en comercialización de grandes vinos de Burdeos.

El grupo presentó la primera gama de vino de Burdeos en un tetrabrik de 25 centilitros, con una pajita especialmente concebida para “tener en la boca las mismas sensaciones que con la copa”.

  Algo parecido pero en un tamaño para compartir con amigos es la bag in box. Según representantes de la industria vinícola declararon a la agencia Reuters, servir vino de una bolsa metida en una caja dejará de ser una práctica mal vista para pasar a incorporarse a las costumbres cotidianas como una más de las que adoptarán quienes sean conscientes de la imperiosa necesidad de respetar cada vez más el medio ambiente. “Por el momento, el plástico se ve como un modo de empaquetado residual, dice Kate Coleman, de la Asociación del Comercio de Vino y Bebidas Espirituosas del Reino Unido, pero fíjense en los tapones a rosca, la gente se ha acostumbrado a ellos y ahora los encuentran muy aceptables”.

Es bueno puntualizar que el dolor de estómago que le causa a los tradicionalistas pensar en llevar al la mesa una caja de cartón para agasajar a sus invitados, no le mueve ni un pelo a quienes están seguros de tener una cantidad considerable de seguidores entre los ambientalista.

“Hay muchos productos alimenticios, como por ejemplo las sopas, de los que se encuentran ejemplos de primera calidad envasados en bolsas, por lo que la bolsa de plástico tiene una poderosa connotación de excelencia”, dice Johan Hewitt, directivo de Company of Wine People.

Pero seamos sinceras, no es lo mismo destapar una botella que abrir la cánula o como se llame de estos envases, y por moderno que sea el diseño de la caja de cartón no hay mantel por muy lindo que sea que resista la invasión visual de esos envoltorios .

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