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 sábado, 07 de julio de 2007  
Paisaje urbano
La defensa del patrimonio ambiental como identidad

Tanto el concepto de patrimonio como el de paisaje utilizados asociadamente forman parte del debate urbano moderno, fundamentalmente de los últimos tiempos. Si bien los utilizamos desde siempre y han hecho referencia a nuestras pertenencias y a la imagen percibida, es recientemente en 1972 cuando se reúne por primera vez la Convención del Patrimonio Mundial organizada por la Unesco en París, donde el patrimonio deja de referirse a aquellos bienes merecedores de ser expuestos en museos y toma una cobertura mucho más amplia, global y de arraigo al territorio originario. Es decir, no son sólo patrimoniales los monumentos, los centros históricos, sino todo aquello que permita a la sociedad depositaria del mismo, hacer, construir su herencia, su identidad, modelar su propia imagen de representación que será compartida por las generaciones futuras.

A partir de allí surge la necesidad de preservar el paisaje de la ciudad heredada como un legado patrimonial, ambiental, que resguarde la memoria colectiva de un pueblo en lo concerniente a lo construido, constituido y transformado por el hombre a través del tiempo. Esto implica una acción o tarea de consolidación, de consenso efectivo ante el apetito especulativo inmobiliario que se ve acrecentado por la desidia y las proliferaciones de los no lugares.

Así reconocemos que existen en nuestra ciudad fragmentos urbanos que requieren medidas de protección centradas en la problemática de la defensa del patrimonio ambiental y específicamente de los valores sociales que encierra y que hacen a la identidad de la pluralidad urbana. Entre estos fragmentos aparecen los que representan las viviendas del Banco Edificador de Rosario, que se observan como conjuntos de unidades individuales que conforman una totalidad, con un grado de particularidad y como resultado de una acción puntual en respuesta a la necesidad de vivienda obrera alrededor de 1920.

Poder ver estos fragmentos desde su realidad construida es el punto de partida para iniciar un proceso de conocimiento o reconocimiento reflexivo que permita detectar potencialidades o conflictos. Es preciso notar que la normativa urbanística vigente ofrece una creciente garantía para la defensa, protección o potenciamiento del mismo, puesto que hasta hace muy poco se presentaba como propiciadora de una sustitución indiscriminada a través de los índices de edificación.

El hecho urbano entendido como “ciudad”, producto y consecuencia de la multidimensionalidad de las actividades humanas, es el punto de máxima concentración de poderío y cultura de una comunidad. Es la forma y el símbolo de la relación social integrada, donde se conjugan múltiples y variados beneficios de la civilización, espacio y tiempo donde la experiencia humana se transforma en signos visibles, símbolos, normas de conducta y sistemas de orden que constituyen el paisaje urbano. Y es justamente el paisaje urbano el escenario privilegiado de ese fenómeno, que es la acción del hombre sobre el hombre, mediadora y hecha por los hombres. A su vez actúa sobre ellos fortaleciendo o debilitando distintos “valores” de la civilización y de su producto: el paisaje entendido como resultante cultural.

La vida humana no puede desarrollarse en cualquier parte, presupone un sistema de lugares significativos y el hombre a través de la forma, lo construye, crea espacios con carácter. Esto es paisaje.

Vivimos en un paisaje estructurado previamente, la retícula urbana, que contiene un sistema de caminos preexistentes que determinan las posibilidades de movimiento y la construcción de los mapas mentales. El paisaje urbano se identifica, se organiza coherentemente en cuanto creamos formas físicas en un espacio- tiempo; es capaz de representar símbolos de la vida urbana, evocar imágenes comunicables que dan pie a nuevos significados.

La ciudad es el fruto del urbanismo y la arquitectura, pero también de todo aquello que es determinado por lo institucional y popular. La ciudad contemporánea de las ultimas décadas rompe, sobre todo en el plano simbólico, con la monumentalidad de la ciudad decimonónica (cuyos modelos podrían situarse en París, Viena o Londres) para dirigirse hacia una idea de ciudad funcional donde imperan los lugares banales, los no lugares, como visión panorámica generalizada. Pero si bien hay una tendencia hacia esta situación, el paisaje urbano contemporáneo en nuestros territorios ofrece un panorama simbólico, antimonumental y esencialmente corriente, cotidiano, posiblemente intentando superar las diferencias que la modernidad establecía. Por ello hay que decir que la ciudad es una totalidad constituida por lugares, fragmentos que son parte de ella y que al actuar deberíamos percibirlos, interpretarlos y respetarlos, de modo tal de configurar su paisaje ya que constituyen una ascensión cultural.

Esto lleva a la necesidad de transmitir a los grupos sociales el concepto sobre el significado de la preservación y la restauración en el desarrollo de las ciudades y en la configuración de su paisaje cultural. Es decir, los alcances que se le asignan a la protección-restauración como recuperación de un bien cultural a través de una operación física destinada a salvaguardar, mantener y prolongar su vida y permanencia, para que resulte válida en la construcción continua del ambiente urbano.



Barrio Parque

El Banco Edificador de Rosario, institución bancaria que entre 1924 y 1929 aportó créditos para la construcción de cientos de viviendas similares en la ciudad y la constitución de un nuevo modelo de hábitat urbano de producción sistematizada. Estos grupos que hoy se mantienen definen su presencia en la ciudad actual sin un alto grado de alteración y/o transformación. Estas casas representan parte de la importante obra de los arquitectos Hilarión Hernández Larguía y Juan Manuel Newton, ocurrida en la época del 30. El principal >>> de este equipo de profesionales es el propio banco, entidad que financia mediante un sistema de créditos la adquisición de viviendas. El estudio proyecta y dirige alrededor de 300 obras, casas agrupadas en conjuntos de cantidades diversas.

Entre ellos se encuentra el conjunto Barrio Parque, proyectado entre 1924 y 1929, generando una transformación de la vivienda con patio como elemento estructurador. Este fragmento es uno de los tantos espacios particularizados que le dan a la ciudad una característica determinada. No es el más antiguo de los grupos de viviendas colectivas que se construyeron en la ciudad, pero sí en el que su carácter, estructura arquitectónica, tipología y permanencia, lo singulariza como algo propio de Rosario.

Barrio Parque reúne las condiciones necesarias como para poder analizarlo dentro del marco conceptual que venimos desarrollando, más aún cuando hay cualidades que lo caracterizan y califican, como el hecho de ser un patrimonio vivo en elaboración permanente, que está siempre haciéndose.

“El espacio ha sido y es modificado desde hace milenios a través de la explotación de los recursos que los seres humanos han encontrado a fines de satisfacer sus necesidades básicas y lograr mejores condiciones de vida”. En todos los paisajes quedan huellas de esa continua transformación. La actividad humana ha convertido el paisaje natural en paisajes culturales, y al mismo tiempo ha generado peligros para la preservación de ciertos equilibrios. La presencia del paisaje cultural plantea una serie de cuestiones a tener en cuenta para el entendimiento de los fragmentos.

La comprensión de la contemporaneidad encuentra en la explicación del ayer una de sus claves. La indagación del pasado permite dar cuenta de los modos en que grupos humanos ubicados en determinados espacios, y a través de sus esfuerzos por responder a los retos de la naturaleza o satisfacer sus necesidades de hábitat, crearon aquellos bienes que han pasado a ser patrimonio común, cotidiano de la ciudad.

A través del concepto de cultura resulta posible descubrir una cierta lógica en la variedad de las experiencias sociales. Todos los seres humanos tienen cultura y todas las culturas poseen un cierto grado de coherencia. La cultura comprende la infinidad de códigos que permiten interpretar los acontecimientos que se viven, desde aquellos que constituyen la vida cotidiana hasta los que llevan a la evaluación de los legados del pasado y la comprensión de los problemas del presente para proyectarse hacia el futuro. Simplemente es cuestión de seguir haciendo cultura.



Arquitecta Ana María Cicchini

Escuela de Diseño del Paisaje

adavidov@farq.unr.edu.arcomitente
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