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 domingo, 06 de mayo de 2007  
[Recorridos]
Caídos del cielo y del más allá
En Victoria se exponen evidencias logradas por un grupo que investiga el fenómeno ovni. El museo ofrece a los visitantes objetos difíciles de rotular

Por David Nahón

Silvia Pérez Simondini se especializa en la investigación de prodigios y acontecimientos no convencionales. Una tarea que tiene como ámbito el Museo Visión Ovni, en la ciudad de Victoria y que cumple con pasión. En su recorrido guiado por las instalaciones expresa un entusiasmo inagotable que intenta despejar cualquier duda acerca de seres cósmicos, animales mutilados y elementos extraños caídos del cielo.

Para historizar acerca del museo, Silvia rememora un espectacular legado. “Hace unos cinco años, Nicolás Ojeda, un rosarino pionero en las investigaciones del fenómeno ovni, donó todo su trabajo, que data de los años 50, a nuestro equipo de investigación Visión Ovni —dice—. A la vez nuestro grupo, a través de los años, acumuló infinidad de evidencias. Junto con las de Nicolás, resultó que teníamos en mano tantas historias que me pareció maravilloso compartirlo con la gente. De allí nació la idea de crear un museo, en donde la gente no sólo pueda conocer, sino también contar sus propias experiencias”.

Los ovnis, como la neurosis, están presentes todo el tiempo, solo cuesta identificarlos. Para eso Pérez Simondini y su equipo de una decena de colaboradores recorren el país en busca de sucesos relacionados a su afición, enfrentando la falta de recursos económicos.

“A través de los años de investigación hemos tenido que superar mil contratiempos —cuenta la directora del Museo—. Los análisis de las muestras son muy onerosos y nunca encontramos a nadie que nos permita avanzar con solidez económica. Lo que hemos hecho fue siempre de nuestro propio peculio".

La mujer admite que lo realizado no siempre es valorado. "Soportar la incredulidad de la gente es muy duro. Lamentablemente, se utilizó este fenómeno como algo comercial —reconoce— se trucaron muchas evidencias, por lo que es entendible que la gente descrea en lugar de entregar su confianza a una investigación seria. Por eso cuando no puedo mostrar pruebas, no hablo”.

Victoria, ciudad árida como la misma superficie lunar, compone una excelente escenografía para la visita al museo. Desde un tiempo a esta parte, debido a lo excepcional de la atracción que genera, la ciudad incluye entre sus atractivos turísticos información sobre eventos de estas características. La misma ciudad alberga dos prodigios que señalan al cielo y uno revocaría la fe en el otro: la Abadía del Niño Dios y el museo de Silvia Pérez Simondini. El monasterio de los abates recibe visitas guiadas desde todo el país, pero Victoria "parece convocarlas" además desde infinitos e insondables sitios en el espacio exterior.

Golpes y una luz
Pérez Simondini recuerda una de sus primeras experiencias: “Estaba cocinando para la cena, cuando de pronto escucho en la parte posterior de mi casa, junto al parque, dos fuertes golpes. Mi perra se alertó; encendí la luz y dejé que saliera primero. La sorpresa fue que no había nadie. Salí a pesar del miedo y me quedé a observar el cielo; y entonces veo una muy fuerte luz aproximarse”.

“La luz era grande y brillante, similar a Júpiter, quizás de mayor tamaño y no opaca como la luna. Me siento a esperar —indica—, porque se acercaba justo hacia la casa muy lentamente. Cuando ya estaba sobre el parque se detiene. En ese momento me invadía el pánico, porque pensé que bajaba frente a mí. Se detuvo por apenas 2 o 3 segundos y ascendió rápidamente hasta quedar en una muy pequeña esferita hasta que desapareció. Entré luego a contarle a mi madre lo que había sucedido y veo por la ventana al vecino Ramón Leiva, que comenta que también había visto la luz desde su casa. Un encuentro de estas características puede hacerte pasar malos momentos, como también grandes emociones. Todo está en uno”.

Silvia Pérez Simondini participó en noviembre del 2006 del Congreso Mundial Ovni, celebrado en el Teatro Coliseo de Buenos Aires y con invitados literalmente estelares, entre ellos Fabio Zerpa y la cosmonauta rusa Marina Popovich. Allí presentó una exposición sobre un caso de mutilación de ganado.

A principios de 2002, se hace pública la aparición de animales mutilados en la provincia de Buenos Aires. Según se dijo, las amputaciones resultaban extraordinarias por distintas razones, como la cauterización inmediata de la herida, la ausencia de sangre, el no hallar rastros humanos en las cercanías de los descubrimientos y la insistencia de los animales en evitar aproximarse a los cadáveres. Un comunicado oficial del Senasa (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria) identificó a un roedor, el hocicudo rojizo, como responsable de las disecciones debido a un cambio en su alimentación.

Para el equipo de Pérez Simondini estas explicaciones no son suficientes. “En EEUU, a pesar de contar con toda la tecnología, aún hoy no han podido explicar lo que sucede con los más de 10 mil casos de mutilación de ganado registrados en su país y aquí el Senasa sostiene sin fundamentos la hipótesis de animales carroñeros. Para sostener esta hipótesis primero deberían contarnos qué especies habitan en regiones tan disímiles y cómo pueden adaptarse a condiciones climáticas diferentes”, desafía.

El museo contiene una variada colección de objetos singulares para los cuales su directora posee una ilustración categórica que ella misma transmite a cada visitante. La compilación del museo está constituida por distintos elementos cuyo origen es embarazoso de rotular. La mayoría revela una procedencia inaccesible, como la placa de metal que a la exposición de la luz del flash se torna translúcida, el favorito entre los visitantes del museo. Otro de los más populares es una pieza esférica “caída del cielo” que Pérez Simondini ha reconocido representada en distintas pinturas a lo largo de la historia. Distintos materiales recogidos de sus investigaciones, así como numeroso material fotográfico, componen la experiencia de visitar el museo, donde el capital más significativo es el relato de su directora.

En un momento del recorrido dispone de una suerte de aula donde desarrolla temas que precisan mayor dedicación. En su relato, Pérez Simondini manifiesta una animación intensa propia de las personas apasionadas, aun cuando su devoción le depare “momentos dolorosos” ante el escepticismo.

“Muchas veces, cuando no hay gente de nuestro equipo acompañándome, la soledad es tremenda. Porque esta investigación —expresa—, sólo se puede hacer de esta manera, sola. Hay gente a la que muchas veces invitamos, pero sólo quieren ver un show, otros hacen escándalo ante algo que ven y les provoca miedo. Los peores son quienes constantemente dudan de todo. Sin tener ninguna base de sustentación, niegan lo que está delante de su vista, quizás sea porque no se animan a decir que ellos también tienen miedo”.

Pérez Simondini afirma: “Cuando cuento los hechos vividos la gente me mira como si yo fuera la marciana —dice—. Este es el único motivo por el cual no me gusta hablar de mis experiencias. Muchas de ellas, más físicas, son imposibles de explicar. Para mí, como para cualquiera, es muy importante que se le dé valor a mi investigación, porque es respetuosa y hecha con el profundo deseo de explicar que existen otras verdades además de las que nos han acompañado toda la vida”.

El Museo Visión Ovni está en San Miguel y Rondeau, Victoria. Se puede

visitar de martes a domingos de 15 a 19.



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