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 sábado, 28 de abril de 2007  
El calentamiento global, en el debate estudiantil
Fue propuesto por un programa que une a alumnos de la UNR y de EEUU

Micaela Pereyra / La Capital

Como parte de las actividades de intercambio y acercamiento entre los jóvenes que participan del Programa Internacional de la Facultad de Derecho (UNR), el miércoles pasado se proyectó la película “Una verdad incómoda”, de Al Gore, que alerta sobre las consecuencias del aumento de la temperatura en el planeta. Y luego se incitó al debate entre los alumnos universitarios.

A sala llena, los estudiantes provenientes del consorcio de universidades públicas de los estados de Oregon, Washington, Alaska y los alumnos de la Facultad de Derecho de la UNR iniciaron el debate, guiados por Alan Yeakley, profesor de Medio Ambiente de la Universidad de Portland (Portland State University), y coordinado por la directora del programa, María Nélida De Juano, y la profesora de derecho internacional Adriana Tripelli.

Gran parte de la charla giró sobre las inquietudes de los estudiantes para buscar otras alternativas de generar energía y de sostener o no los sistemas de transporte actuales. “La relación entre la actividad de las compañías petroleras y el calentamiento global es directa, tanto las economías de Estados Unidos como de China dependen del petróleo”, explicó Alan Yeakley.

Uno de los estudiantes argentinos, Martín Frugoni, insistió sobre el tema preguntando por qué se le asigna tanta importancia a los biocombustibles y no se le presta más atención al hidrógeno como forma de alimentar los automóviles, además de reclamar el tratamiento de la ley de bosques en el Congreso de la Nación.

En ese sentido, uno de sus compañeros rescató las antiguas formas de transporte público que tenía el país y que ya no se utilizan, dejando entrever la clara política de fomento del automóvil y de aumento de las emisiones de dióxido de carbono: “En la Argentina existía una enorme flota de trenes, tranvías y trolebuses de la cual hoy sólo quedan recuerdos probablemente porque nos hemos dejado llevar por negocios que vienen de afuera y que han sido perjudiciales para nosotros”, reflexionó Martín Regina.

Jorge Arias, de Oregon (Estados Unidos), eligió este curso de trece semanas en Rosario porque en el futuro quiere trabajar sobre la relación entre los países de Sudamérica y los Estados Unidos. “En nuestro país el problema ambiental se lo ve como una inconveniencia y se habla poco; estamos acostumbrados a vivir una vida muy cómoda”, puntualizó.



Mitos y verdades

La película del ex presidente de EEUU, Al Gore, mete el dedo en la llaga de la cultura estadounidense del consumo y la comodidad, presenta los mitos que hay alrededor de la crisis ambiental que afecta al planeta y los desarma uno por uno, encendiendo la discusión, presentando soluciones y estimulando la acción de cada persona para bajar sus emisiones.

A menudo, los 25 jóvenes norteamericanos que participan del Programa Internacional dicen que han salido por un tiempo de su “confort zone” e intentan acercarse a nuestras costumbres que, según dicen, están mucho más arraigadas al cuidado del ambiente en el que vivimos y de la defensa conjunta de los derechos. Grace Devoto es de Kentucky, una ciudad del centro de Estados Unidos, cerca de Ohio: “Me estoy perfeccionando en urbanismo. Donde vivo no tenemos la conciencia que ustedes tienen acá, la gente se interesa muy poco y el gobierno menos”.

El profesor Alan Yeakley cree tanto como Al Gore, que el cambio es posible y está en nuestras manos: “Tanto desde las ciudades como a nivel individual se pueden tomar decisiones y acciones a favor del medio ambiente: cada uno puede elegir las empresas multinacionales a las que quiere comprar, las ciudades pueden favorecer de esta manera a quienes se esfuerzan por bajar las emisiones”, alentó el profesor Yeakley. También recordó que la ciudad de Portland firmó el Protocolo de Kyoto aunque su país no lo haya hecho y si bien la población aumentó, se logró que las emisiones de dióxido de carbono descendieron como resultado del fomento del tranvía, el ómnibus y la bicicleta.

Casi como una expresión de deseo, uno de los estudiantes extranjeros señaló que espera que luego de las elecciones que se avecinan en su país las políticas comiencen a modificarse. “Las grandes compañías tienen mucha influencia en los congresistas de Estados Unidos, creo que ahora con la próxima administración demócrata que vamos a tener, esto va a cambiar”, avizoró esperanzado.
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Universitarios rosarinos y estadounidenses compartieron un debate sobre el medio ambiente.

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