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 domingo, 10 de diciembre de 2006  
Viajeros del tiempo

Embellecimiento urbano. Entre las mejoras edilicias proyectadas en el Rosario la más esperada es sin dudas la de la formación de la avenida Belgrano, la que al par de embellecer la ciudad dará grandes facilidades al tránsito por la ribera del río, lo que pronto será una necesidad imprescindible por la obra portuaria que se está realizando, y formará un paseo espléndido hermoseado por la perspectiva del río. Otra propuesta que sería muy útil es la de agrandar la plaza San Martín agregándole la manzana en que estaba ubicada la plaza de toros y que ahora es un terreno baldío. Ese paraje podría dotarse entonces con una gran plaza, tanto más útil y necesaria cuanto que pronto se construirá el gran palacio escolar proyectado al lado de los tribunales, y así la juventud podrá contar con un hermoso lugar para recreo. Estas mejoras edilicias, en definitiva poco costosas, podrían ser llevadas a feliz término por la Intendencia, hermoseando la población y dotándola de árboles y plantas que purifican el ambiente y deleitan el espíritu de los humanos.

Madrid se prepara para la Gran Vía. Dice Ramiro Blanco, nuestro corresponsal en Madrid: “Los madrileños nos consolamos en este terrible verano con la idea de que nos van a ensanchar muchas de nuestras angostas calles y de que ahora parece que va de veras lo de la Gran Vía, un viejo pryecto que nunca ha pasado de la categoría de tal, a pesar de que no han faltado las inevitables comisiones y juntas encargadas de llevarla a cabo. Varios extranjeroshan dicho que Madrid les parece una de las capitales más animadas de Europa, no sólo por sus muchos transeúntes sino también por la gran cantidad de vehículos de toda clase que se ven a toda hora. Y la explicación es sencilla: Madrid es una población apiñada, comprimida; sus calles son muy estrechas y la mayor parte del caserío consta de cuatro y cinco pisos; en algunas casas de los barrios bajos viven hasta 80 y 100 personas, y el perímetro total de la ciudad es relativamente exiguo para los 600 mil vecinos que aquí vivimos. Por otro lado, lo que menos hay en Madrid son madrileños, y se cuentan por millares los gallegos, catalanes y andaluces, los que han hecho desaparecer el tipo característico de esta ciudad y lo han reemplazado por otro cuya fisonomía y costumbres se asimila perfectamente a los forasteros. Es que a esa muchedumbre hay que añadirle los diez o doce mil huéspedes que los 100 trenes diarios nos traen a Madrid y que se codean y empujan en esta colmena, obligados a realizar hábiles contorsiones para no ser atropellados por los tranvías, coches, automóviles, ómnibus, carros y bicicletas que contraviniendo las ordenanzas municipales se largan a correr por las estrechas vías del centro. Urge entonces que la piqueta haga desaparecer calles y manzanas enteras, barriendo microbios, oxigenando el ambiente y proporcionando amplitud y bienestar”.

Nota: Desde 1862, año en el que Carlos Velasco pergeñó el primer proyecto de la Gran Vía, hasta 1926, fecha de inicio de los derribos correspondientes al último de los tramos, transcurrieron 64 largos años, lo que nos habla de todos los inconvenientes que tuvo que afrontar esta gran obra urbanística para solucionar los problemas que venía planteando el creciente desarrollo demográfico de Madrid

Investigación y realización Guillermo Zinni ©


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