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 domingo, 30 de julio de 2006  
Argentina ingresó al circuito internacional de explotación sexual de niños

Argentina pasó a formar parte de un circuito internacional del crimen organizado que administra un creciente negocio de 12 mil millones de dólares anuales en la explotación sexual y laboral de personas, en su gran mayoría niños y adolescentes.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) sostiene que las ganancias del tráfico de personas es hoy un poco inferior al comercio ilegal de drogas y está por encima de la venta de armas.

En su informe de 2005 calculó que por cada menor de edad obligado a la prostitución, el tratante puede obtener beneficios de 13 mil dólares mensuales, o en caso menos favorecidos 130 mil dólares anuales.

“Trata de personas” es el nuevo nombre que adoptó el traslado de gente de un lugar a otro para conseguir ganancias con sus tareas sexuales o actividades laborales y mendicidad, en estado de semiesclavitud.

Antes fue llamada “trata de blancas” para distinguirlos del comercio de negros esclavos, pero la expresión quedó desactualizada porque ya no se trafica sólo con mujeres blancas, y muchas veces ni siquiera de mujeres, sino también de niños, niñas y adolescentes varones.

En Argentina, la Organización Internacional para las Migraciones puso al descubierto la existencia de una ruta de trata interna en la cual las provincias del norte actúan de proveedoras de mujeres, niñas y niños a los distritos ubicados más al sur.

La investigación señala que Salta, Jujuy, Tucumán, Chaco y Catamarca, y sobre todo Misiones, son los lugares de origen de las niñas y adolescentes que después pueden ser encontradas en Buenos Aires, Córdoba y en las provincias patagónicas, particularmente en las ciudades portuarias y pesqueras.

Muchos estados provinciales son a la vez punto de origen y destino de las víctimas, una situación que es más habitual en la zona central del país, en Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Capital Federal y Buenos Aires.

Un caso particularmente notable es el de Misiones, que suministra un flujo constante de menores de edad, incluso para países vecinos, y al mismo tiempo desarrolló una red de explotación interna que se combina con aspectos de turismo sexual infantil, que la OIT calculó en casi 4 mil niños. (DYN)
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