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 sábado, 22 de julio de 2006  
Recomendado
Por esas bellas canciones
Un seleccionado de estrellas le rinden tributo al ex Abuelo de la Nada en un disco doble, de resultado conmovedor

Pedro Squillaci

Los discos tributo habían perdido el factor sorpresa. Se pasó de homenajear a artistas fallecidos a otros que están vivito y coleando, pero el recurso era siempre el mismo. Y consistía en que cada celebridad o músico poco conocido hiciera la versión libre de un tema de la estrella elegida. Este disco doble, "¡Calamaro querido! (cantando al salmón)", parte de la misma premisa, pero tiene un plus que hace la diferencia. Y es la calidad pareja de todo el trabajo, sumado a un espíritu conmovedor de principio al fin. Sumado a la familiaridad de las canciones, lo convierte en una producción imperdible.

La convocatoria fue dirigida a músicos argentinos, españoles y mexicanos de gran nivel, más allá que para el público argentino haya intérpretes españoles poco conocidos. Y es muy saludable que el disco arranque con una sorpresa: el regreso de los Fabulosos Cadillacs.

"La parte de adelante" fue la canción seleccionada, y a partir de allí comienza a darse una constante reflejada a lo largo de los 25 temas de esta producción. Y es que todas las canciones, en versiones que mayormente respetan el estilo del intérprete más que el del homenajeado, parecen compuestas por cada uno de los músicos participantes.

Ese hallazgo es mérito del director artístico (Afo Verde), pero quizá mucho más de la materia prima. Las canciones de Calamaro parecen hechas para un fogón gigante, esos de contexto hippie de la década del 70.

Son temas que pueden tocarse con una guitarra desafinada y cantarse con un coro de voces preparadas o no. Poco importa, vale el sentimiento. Y aquí lo hay de sobra.

La plana mayor del rock nacional estuvo presente, salvo Charly García (aún enemistado con Calamaro) y Luis Spinetta, poco afín a participar en proyectos de este tipo. Pero está Fito Páez, Litto Nebbia, León Gieco, Los Cadillacs, Los Pericos, Pedro Aznar, Arbol, Fabiana Cantilo, Mancha de Rolando, Los Tipitos, Iván Noble, Vicentico, Bahiano, Kevin Johansen y Javier Calamaro. Y hasta voces de otro palo, pero que no desentonan, como Diego Torres y Soledad.

El menú de ofertas también reúne a Joaquín Sabina -en un tema compuesto a dueto con Calamaro- Julieta Venegas, y otros intérpretes como los rockeros El Canto del Loco, cuyo cantante Dani Martin tiene un registro muy similar al del ex Abuelo de la Nada; Muchachito Bombo Infierno en una versión personalísima de "Sin documentos"; y Pereza en una interpretación de "Mi enfermedad" muy onda Los Rodríguez.

El primer disco tiene perlitas, como Fito cantando con un piano "Crímenes perfectos" o Iván Noble dando vida a "Buena suerte" junto a un trío jazzero en un formato que reinventa la canción original y hasta jerarquiza la letra.

El segundo disco se larga con la expresión "Y aquí vamos Andrés". Es Julieta Venegas haciendo "Sin documentos" con aire de cumbia como si estuviese en una fiesta popular para cientos de comensales. Trascartón, otro clima ubicado en las antípodas. Se oye una voz tan resquebrajada como emotiva. Es Sabina con "Todavía una canción de amor?" en la que dice "La muerte es una amante despechada, que juega sucio y no sabe perder". Casi una metáfora de la vida eterna que llevan estas canciones.

Lo ratifica después León Gieco, a quien acompaña un grupo de pura cepa rosarina, interpretando "Algún lugar encontraré", aquel temazo que integró la banda de sonido de la película "Caballos salvajes".

Quien quiera escuchar reggae lo tendrá a Los Pericos con "Flaca" y a Bahiano con "A los ojos". Niña Pastori le da un toque flamenco a "No me pidas que no sea un inconsciente" y hasta Soledad canta "Salud, dinero y amor" con un aire de valsecito y ranchera que le calza justo a su medida.

La lista incluye a Pedro Aznar con una calidez entrañable en "Media Verónica" y Javier Calamaro con "Los aviones". El cierre, a cargo de Litto Nebbia, no es antojadizo. Es nada menos que el padre del rock cantado en castellano haciendo "Dulce condena". Como si de un plumazo se uniesen 40 años de rock nacional en un puñado de canciones.

Pocos artistas se pueden dar el lujo de recibir un homenaje de este tipo. Andrés, el salmón, ya lo tiene. Encima quedaron muchísimas canciones afuera, y seguramente hubo cientos de músicos que quedaron sin su versión, como Bersuit, por ejemplo, quienes fueron la banda de apoyo de Calamaro en su retorno a la Argentina.

Pero estas 25 canciones son una suerte de souvenir exquisito. Sirven para disfrutar en la primera escucha pero también para resignificar la trayectoria de Andrés Calamaro. Lo mejor es que todavía el salmón sigue nadando. Y le quedan muchas aguas por recorrer.
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