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 domingo, 23 de abril de 2006  
El Salado no es azul, ni tiene un vals

Carlos Duclos

¿Cuál es la causa por la que muchos seres humanos de un país tan fértil como Argentina vivan privados de condiciones dignas de vida? El interrogante, seguramente, encontrará muchas respuestas, muchas circunstancias que son consecuencias de un efecto tan penoso. Pero sí hallará sólo a dos responsables: los conductores de la cosa pública y privada. Sin embargo, una de las causas de tantos males y otras penas, es la inescrupulosidad de ciertos políticos que perdieron el norte, o, para mejor decir, saben donde está pero van hacia otro punto cardinal. Son los señores que tienen como propósito fundamental alcanzar el poder, ganar una elección, pero no el bien común. Son los señores que para lograr tal objetivo, siendo aceite se lanzan a las aguas o son aquellos que conociendo la verdad la disfrazan por que el fin, que es ganar una elección, justifica los medios.

Por estos días, como se sabe, un juez de la capital provincial acaba de desligar de responsabilidades a Carlos Alberto Reutemann en el caso de la inundación que sufrió Santa Fe en tanto ha procesado a otros funcionarios. Para quienes conocen cuál fue la actitud de Reutemann antes, durante y después del fenómeno que se avalanzó sobre Santa Fe y no hacen política en la cumbre de la desgracia del prójimo, la resolución no los tomó desprevenido, era esperada.

Reutemann y Empalme Graneros

Por estos días, también y casualmente, se cumplieron 20 años de las inundaciones ocurridas en el barrio Empalme Graneros que fueron, según el intendente de entonces, Horacio Usandizaga, una "catástrofe histórica y sin precedentes". El meteoro afectó a siete barrios y miles de rosarinos fueron evacuados. El desborde del arroyo Ludueña anegó durante varios días las calles y las viviendas del barrio, hubo vecinos que permanecieron en los techos y otros se mudaron a los terraplenes del ferrocarril, hubo también pérdidas cuantiosas. Hay quienes recuerdan que mucho tiempo antes el barrio había sufrido embates aún más fuertes.

Pero pocos políticos opositores se acuerdan -y algunos se esfuerzan con éxito para no recordar o para no decirlo- que fue durante el primer gobierno de Carlos Reutemann que se puso fin al fantasma de las inundaciones en la zona, con la concreción de obras de canalización de un tramo del arroyo Ludueña y el canal Ibarlucea. El proyecto consistió en trabajos a lo largo de cinco kilómetros del Ludueña desde los entubamientos ya existentes hasta la avenida Jorge Newbery y la rectificación del Ibarlucea desde su desembocadura en el Ludueña hasta un kilómetro aguas arriba. Como consecuencia de estas obras resultaron beneficiados los barrios Empalme Graneros, Ludueña Sur, Larrea, Hostal del Sol y 7 de Septiembre. Con la canalización del Ibarlucea se facilitó el drenaje de las aguas en la zona de Nuevo Alberdi, Nuevo Alberdi Oeste y Cristalería Cuyo. La represa retardadora del Ludueña es obra de Rutemann y esto suena paradójico si se escucha a los candidatos a gobernadores y otros opositores que ya están en campaña lanzando dardos contra el senador.


Otra vez el Danubio
Por estos días, también, "otra vez" el Danubio y otros ríos de Europa Central, como el Moldava, se desbordaron causando innumerables pérdidas de todo tipo. No son pocos los medios europeos que al dar detalles del desastre recordaron lo ocurrido hace apenas cuatro años atrás con el Danubio. Precisamente en el mes de agosto del año 2002 el diario digital El Mundo, de España, publicaba la siguiente noticia: "El balance de las inundaciones que ya han causado decenas de muertos en Europa se agravó ayer y las crecidas del Elba, el Danubio y el Moldava han obligado a evacuar a cientos de personas. Al menos doce personas murieron desde este pasado fin de semana en Alemania, diez en la República Checa, por lo menos siete en Austria y, desde mediados de julio, catorce en Rumania, mientras que en Rusia se registraron 59 muertos tras las trombas de agua del pasado 8 de agosto en las costas del mar Negro".

Continuaba diciendo el cable: "Más de 200.000 personas han sido evacuadas hasta el momento en la República Checa y unas 30.000 en la región de Sajonia (este de Alemania), mientras el centro histórico de Dresde, la capital de esta región, se encuentra inundado". En esa oportunidad, la catástrofe natural europea se cobró la vida de al menos 100 personas, 10 de ellas en Alemania. Hubo cientos de miles de evacuados, entre ellos 200.000 checos y de acuerdo con datos oficiales, 4,2 millones de damnificados. Las pérdidas económicas ascendieron a miles de millones de dólares". Lamentablemente, se ha constatado que ni aún las naciones más adelantadas del mundo pueden hacer frente con éxito a los desastres naturales y que las pérdidas en vidas y en bienes no pueden ser evitadas aun disponiéndose de eficaces equipos de rescate, casi perfectas organizaciones y avanzadas tecnologías.

Pero aún más, desgraciadamente nada puede preverse y mucho menos hacerse contra el enojo de la naturaleza, porque el reciente desborde del Danubio provocó serios problemas. Dice la noticia: "Hasta ahora, 629 casas quedaron inundadas y 170 destruidas mientras que otras 120 están a punto de derrumbarse. El balance contabiliza también casi 3.300 fincas inundadas y 23 edificios financieros y sociales, mientras que unas 40.000 hectáreas de terrenos agrícolas y bosques están también bajo el agua".


Oposición lastimosa
Sin embargo, a pesar de la profusa información hallada en cuanto a inundaciones en todas partes y en todos los tiempos, no pueden encontrarse noticias sobre funcionarios denunciados, juzgados, echados, etcétera, como consecuencia de las catástrofes inundaciones y sus desgraciados efectos. Tampoco hay noticias de opositores políticos ensañándose con oficialistas ni en Rumania, ni en Alemania, ni en Rusia, ni en el Asia, ni en Nueva Orleans, ni en Cuba, donde sendos huracanes arrasaron algunas regiones de la isla. Para encontrar este tipo de denuncias públicas -con claro perfil electoral, aunque en cierto modo dramáticas, porque en el fondo revelan el vacío de propuestas que existe en ciertos dirigentes- hay que recurrir a la República Argentina y específicamente a la provincia de Santa Fe. Un radical acaba de expresar ayer que "sin dejar de decir que Reutemann pudo y seguramente cometió errores en la gestión de gobierno, no pueden obviarse sus logros y mucho menos achacársele responsabilidades en ciertos actos. Pero seguramente el senador será blanco de otros cuestionamientos por el mero hecho de que, si es candidato a gobernador, obstaculiza la meta de quienes están obsesionados con llegar a la Casa Gris". Sin embargo, esta obsesión por alcanzar el poder, en Argentina parece que es patrimonio de toda la clase política y todos los matices ideológicos. Por ejemplo: los argentinos se desayunaron en estos días con que Graciela Camaño, la ex ultramenemista, es hoy vicepresidenta tercera de la Cámara de Diputados. Y si no ocupó ese puesto la gente del macrismo es porque, dicen, Lilita Carrió (¡cuándo no!) les pateó el tablero. Lilita descubrió un mail donde el macrismo recomendaba a sus diputados ser pacientes y condescendientes en el tema del presupuesto, porque se estaba en tratativas para que la vicepresidencia tercera fuera para ellos. La señora del Ari descubrió la jugada y les aguó la fiesta. Como se ve, la indignidad de los actos no son exclusivos de un sector, sea este de izquierda, de centro o de derecha. Parece que son muchos, y de todos los signos, los que apelan a la trapisonda de la mentira, el ardid y otros cuentos para llegar al poder. Claro, esto sólo se puede lograr cuando al pueblo se lo desinforma y se lo deforma culturalmente.

Gracias a hombres como Strauss, los habitantes de Europa Central vieron al Danubio, azul y poseedor de un vals; observaron a músicos, poetas, políticos y grandes hombres pasearse por sus riberas mientras se inspiraban para grandes cosas. Aquí, al pobre Salado, al Bermejo, al Tartagal, y tantos otros ríos argentinos, los habitantes lo ven con ojos más modestos. Hombres de corazón muy bueno, pero de excesiva inocencia. Será porque sus dirigentes, perspicaces y traviesos, jamás se pasearon por sus riberas para pensar, en vez de cómo disparar contra el enemigo para alcanzar el poder, cómo se hace más feliz al ser humano argentino.
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