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 domingo, 29 de enero de 2006  
Mientras ellos cuentan sus vivencias, opinan padres y especialistas
Qué buscan los pibes en sus primeras vacaciones solos
Los adultos temen por la inseguridad y las drogas. Ellos se divierten y aseguran que viven "el sueño posible"

Florencia O'Keeffe / La Capital

Las primeras vacaciones de los chicos movilizan a la familia e imponen que se cumplan los deseos de ambas partes para que padres e hijos transiten esta experiencia con armonía. ¿Es posible? Fácil no es, sobre todo para los adultos que navegan entre "ser piolas" y una lista interminable de temores encabezados por la inseguridad, las drogas, el alcohol y los accidentes de tránsito. Frente a tantas inquietudes: ¿hay que dejarlos ir?. La respuesta unánime de especialistas consultados por La Capital es "sí", pero teniendo en cuenta ciertas pautas.

Y ellos, ¿qué piensan? Reunidas en un bar de avenida Pellegrini, las cuatro amigas que se fueron solas por primera vez a Villa Gesell se pelean por hablar, por dar hasta los mínimos detalles de ese viaje que duró dos semanas y que les permitió vivir lo que bautizaron como "el sueño posible".

Para que el sueño no se haga añicos, es necesario establecer acuerdos donde los padres les permitan avanzar en su independencia pero sin descuidarlos y, en ese sentido, las primeras vacaciones solos -un fenómeno típico de la clase media y media alta que sucede generalmente entre los 17 y los 19 años-, son una prueba de fuego. "Creo que en esta época los adultos enfrentamos justamente el dilema de dejarlos crecer y de que hagan sus propias experiencias cuando todavía los vemos llenos de contradicciones e inseguridades", señala la psicóloga y terapeuta familiar Patricia D`Angelo.

La especialista afirma que se suman otros condimentos: "Los padres de hoy tenemos miedo de pecar de fastidiosos, de inoportunos y eso no debería ser así porque uno tiene que estar cerca; hay situaciones externas que los chicos no están preparados para manejar".

Si bien todos coinciden en que se les debe otorgar este permiso, D`Angelo aclara que si se trata de chicos o chicas con problemas de conducta, con serias dificultades escolares o cuyo grupo está "a la deriva", la recomendación es "pensarlo dos veces y si es necesario impedirles el viaje; los padres no deben tener miedo a equivocarse de buena fe", apunta.

"¿Si nos hicieron problemas cuando les dijimos que nos íbamos? No, para nada", cuentan al unísono, recién llegadas de Gesell, María Andrea Bugnone (18) y Julieta Retamoso (18) estudiantes de Comunicación Social; Antonela Carloni (19), alumna de Ciencias Económicas, y Georgina Re (19) que acaba de terminar el primer año de Arquitectura. Pero aclaran: "Nos llenaron de recomendaciones... que ojo con lo que les pueden hacer tomar, ojo con dejar las puertas abiertas, cuidado con subirse al auto de desconocidos, las típicas", resumen.

"Los padres tienen que estar tranquilos, nos tienen que tener confianza, a esta edad uno ya sabe", afirma María Andrea, mientras Julieta agrega que "las primeras vacaciones sin los grandes te hacen más responsable y con tus amigas o amigos generás como un espíritu de familia donde se cuidan unos a otros". Y Georgina confiesa: "No llamamos demasiado; por ahí un mensajito de texto, si querían saber cómo estábamos tenían que llamar ellos".

Es que "los chicos ya no piden permiso", reflexiona Pablo Urbaitel, docente e investigador de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), "el permiso está ganado, la disputa del poder doméstico hoy pasa por avisar o no avisar". A la vez, se pregunta: "¿Qué pueden ir a buscar los pibes en sus primeras vacaciones cuando la libertad ya existe?". Según el profesional "buscan la fiesta perpetua, que la vida sea un gran fin de semana".


Veinte años, ¿no es nada?
Haciendo un parangón con lo que sucedía hace 20 años, Urbaitel menciona que las preocupaciones paternas de 2000 son otras. "Los padres de adolescentes en los 80 se espantaban pensando en el debut sexual; que la chica, si estaba sola, podía perder la virginidad. Hoy, ese tabú no existe y los temores se centran en dos cuestiones fundamentales: inseguridad y drogas".

Analía Pizzi, ingeniera y madre de María Andrea, confirma el enunciado: "Miedo a que le robaran en el departamento o en el colectivo; a la droga en todos lados; a que tuviera un accidente...claro que sufrí", confía, y cuenta que "hace tres años, cuando viajó mi hija mayor por primera vez la cosas no eran tan bravas".

Sin dudas, los sub 20 del 2000 han ganado espacios si se los compara con los adolescentes de hace dos o tres décadas, pero eso no los excluye de atravesar una etapa siempre conflictiva. "Ellos pelean por la falta de control total y lo que me preocupa es que muchos creen que para divertirse tienen que emborracharse y que para pasarla bien tienen que olvidarse de lo que hicieron", reflexiona D`Angelo, para quien los padres nunca tendrán garantías absolutas "pero si conocen a su hijo o hija, si han construido una buena relación, si conocen sus costumbres y su grupo de amigos, deben estar tranquilos".


Como en Rosario
"Y...se ponen repesados; muchos de mis amigos no ven al viejo en todo el año, pero cuando nos vamos de vacaciones se ponen vigilantes, todo mal", advierte Federico "Keko" Mendoza, de 19 años, recién llegadito de sus segundas vacaciones sin la familia.

Keko y cuatro amigos estuvieron en Mar del Plata y en líneas generales coincide con las chicas: "Es una paranoia eso de creer que allá todo es descontrol; se toma como en Rosario, hay droga y accidentes como en Rosario; me parece que, en algún punto, estamos como más tranqui, menos perseguidos y hasta nos lavamos la ropa cuando yo en mi casa no me hago ni un huevo frito".

Fernando, de 18 años, viajó en barra, con 15 amigos a Gesell, por segunda vez. Esgrime el mismo argumento que Keko pero confiesa: "La diferencia es que en las vacaciones tomás todos los días". Además, hace hincapié en un aspecto muy importante para los chicos de esa edad: las relaciones interpersonales. "Es más fácil relacionarse, conocer chicas", dice.

"En las vacaciones los chicos son dueños de sus tiempos; por eso creo valioso destacar que van en busca de otra libertad. . . y que haya tanta libertad es un problema; no digo volver a la restauración del orden conservador, pero algo de la ley tiene que aparecer; hoy la ley está vacía y los chicos vienen pidiendo límites", plantea Urbaitel como reflexión final.

Para relajarse un poco y disfrutar de esta etapa tan relevante en su vida y la de sus hijas, Pizzi estableció una fórmula: "Me ubiqué como mamá que les tiene confianza, las conoce y las ayuda a crecer; María Andrea la pasó genial y volvió feliz y yo aproveché para tomarme también unas vacaciones en las que no tuve que planchar ni hacer la comida; pude contar con más tiempo para mis cosas o salir con mi marido". Una buena táctica.
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María Andrea, Julieta, Antonela y Georgina narran su viaje a Gesell.

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