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 domingo, 20 de noviembre de 2005  
Fiesta empañada. Las protestas apuntaron al gobierno provincial por la falta de organización y coordinación del evento
El cruce del Paraná hizo agua y la travesía se convirtió en un caos
El tráfico de buques provocó una demora de hasta tres horas. Quejas entre familiares y los propios nadadores

Lucas Ameriso / La Capital

Lo que debía ser una jornada de fiesta a pleno sol, terminó transformándose en un día negro. El cruce del río Paraná por parte de unos 850 nadadores se suspendió por tres horas debido al intenso tráfico de buques que impedía el desarrollo de la travesía acuática. Esta tensa espera hizo que los padres de los competidores increparan duramente a los organizadores, mientras centenares de nadadores permanecieron varados en la orilla entrerriana sin poder llevar a cabo la proeza. Muchos de los familiares perdieron la paciencia frente a la falta de información y el desconcierto generalizado, a punto tal que casi se viven escenas de pugilato en plena rambla Catalunya. Las quejas de los participantes llovieron por doquier y algunos regresaron desde la largada en una lancha de pasajeros hasta Costa Alta. El malestar empañó la soleada tarde de sábado, que terminó con los 850 nadadores en la ribera rosarina, pero con un sabor agridulce.

Sol a pleno, música por altoparlantes y cuerpos al sol definían la postal que hasta las 15.30 presentaba "Santa Fe nada mejor", el evento coordinado por la subsecretaría provincial de Deportes. Se trataba de una experiencia única donde 25 escuelas de Rosario habían reunido casi mil participantes para el cruce masivo del Paraná.

Pero las serias falencias en la organización y las demoras entre las tandas de participantes empañaron la fiesta. Incluso un irónico participante rebautizó el cruce del Paraná bajo el título de "Santa Fe hace agua". La travesía acuática había comenzado por la mañana, hacia las 10.40, con tres tandas de unos 100 nadadores cada una. Cada atleta completó los 1.200 metros de distancia entre el balneario Isla Verde y la rambla Catalunya, donde, al arribar, recibían una medalla en reconocimiento al esfuerzo.

Así, las escuelas de natación de los clubes Atlantic, Provincial, Rosarino Estudiantil, Universitario, Asociación Cristiana, Ciclón y Teléfonos completaron sin inconvenientes el trayecto a nado. En total cruzaron unos 300 asistentes.

Gabriela sonreía por la labor cumplida. La farmacéutica, de 41 años, fue con el grupo del Club Teléfonos y estaba chocha porque sintió la travesía como una "satisfacción personal".

Quien también sonreía era el flamante subsecretario de Promoción Comunitaria, Alejandro Goldberg. "Esto es un éxito, la convocatoria es enorme, la gente está contenta, los nadadores más que felices. Tendríamos que repetir este cruce todos los años y que se transforme en un clásico rosarino", afirmó.


Sol y lluvia de insultos
Pero pasadas las 14, el cruce del Paraná ingresó en un cono de sombras. Según Prefectura, unas diez embarcaciones de diferente calado transitaron por el canal del Paraná e interrumpieron la continuidad del cruce. La espera se prolongó tres horas al no estar garantizada la seguridad de los nadadores. En este aspecto, el titular de Prefectura Naval Rosario, Marcelo Valentini, fue tajante: "No se puede frenar la navegación comercial".

La amenización musical y las vallas protectoras no lograron atemperar los ánimos de los ofuscados padres que exigían una respuesta a los organizadores. Los minutos transcurrían, y las horas se acumulaban sin precisiones sobre los horarios de largada de las nuevas tandas de participantes. Hasta que un grupo de padres dijo "basta".

"Mi nieto hace desde las 11 que está del otro lado del río, estamos muy ansiosos. Esto está muy mal organizado, el río no es fácil de cruzar y los chicos deben estar renerviosos", dijo acongojada Gladys Raimondo.

"Mientras el cruce lo hicieron sólo los clubes, siempre salió perfecto. Ahora vinieron los de la provincia y acá están los resultados. Esto es una barbaridad", dijo Carlos Bueno, quien tenía a su esposa esperando tirarse al agua.

"Estoy muy preocupada porque tengo a mi hijo de 17 años desde las 11 esperando y me dicen desde Prefectura que están pasando buques. La organización es pésima, como todo lo provincial", dijo Carina Sileoni, la mamá del representante de Acuática Fisherton.

Las críticas no cesaban. "Es una vergüenza y una falta de respeto hacia todos", dijo Mario. "Mi hijo desde las 10.30 no come, lo cruzaron a las 12.30, son las 16.15 y todavía está en la orilla. Ahora dicen que hay que esperar que cruce un barco que está a la altura de San Lorenzo, ¿van a nadar a las 19?", se preguntó Cristina, la mamá de un pibe de 19 años.

De pronto, uno de los organizadores intentó aplacar los ánimos por medio de un micrófono. "Quedense tranquilos, les dimos 20 cajas de bolsitas de agua y recibieron sánguches y gaseosas", remarcó, pero acto seguido confirmó la suspensión del evento.

El anunció provocó serios desbordes. Los familiares rompieron los vallados y hubo varios que quisieron tomar a golpes de puño a los representantes de la provincia, hasta que intervino personal de Prefectura. El bochorno hizo que casi todos los organizadores se sacaran la remera identificatoria del evento para no ser reconocidos. Goldberg se alejó del lugar en silencio.

El papelón era mayúsculo. Muchos nadadores se tomaron la lanchita desde Isla Verde hasta Costa Alta y llegaron a la rambla para sumarse al coro de insultos. "Vine por la UNR, íbamos a cruzar a las 14, llegamos a las 12 pero después nos dijeron que cruzaríamos pasadas las 18. Estuvimos sin comer, en una desinformación total. Nos volvimos en la lancha de pasajeros", se lamentó Juan Mascardi.

Otro que estuvo desde las 10 hasta entrada la tarde fue Roberto Higa. "La profe tuvo que pagarnos el boleto de la lanchita. No había sombra para los nadadores, ni agua", se quejó.

Pasadas las 17 se largaron los últimos pelotones hasta completar los 850 competidores a las 18.50. "Estuvimos esperando tres horas, fue un desastre", afirmó Nancy, todavía agitada por la travesía.

César describió la situación vivida en la orilla entrerriana. "Le pedimos la renuncia a (el subsecretario de Deportes, Diego) Degano, hubo insultos y muchos lo quisieron trompear".


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Prefectura intentó calmar a los acompañantes de los nadadores.

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