Año CXXXVIII Nº 48917
La Ciudad
Política
Información Gral
Opinión
El Mundo
La Región
Policiales
Cartas de lectores



suplementos
Ovación
Señales
Escenario
Turismo
Mujer
Economía


suplementos
ediciones anteriores
Turismo 23/10
Mujer 23/10
Economía 23/10
Señales 23/10
Educación 22/10
La otra mirada 22/10
Salud 19/10

contacto
servicios
Institucional

 domingo, 30 de octubre de 2005  
[perspectivas]
El renacimiento socialista
El historiador Ricardo Falcón analiza las raíces históricas del ascenso del PS en la provincia, pero además arriesga una hipótesis de su crecimiento en el sur santafesino mientras decae la Democracia Progresista

Ricardo Falcón

En las recientes elecciones, los observadores capitalinos han señalado dos fenómenos llamativos. En primer lugar, el Frente Progresista, del cual el Partido Socialista aparece como su componente más dinámico, ganó en la provincia de Santa Fe y con particular amplitud en Rosario. Si bien no es en absoluto desdeñable la presencia de la UCR, la consolidación del socialismo en el sur santafesino constituye un dato mayor. En segundo lugar, en el nivel nacional el Partido Socialista alcanzó un cinco por ciento. Tampoco deja de ser llamativa esta performance de un partido que nacionalmente en forma orgánica no existía hace tres años.

Estos fenómenos, una presencia, modesta, pero ascendente del socialismo en el ámbito nacional después de muchos años de desaparición orgánica virtual en ese nivel y su constitución como fuerza política relevante en Rosario (donde hasta los recientes años noventa, no había tenido históricamente una incidencia decisiva), merecen una explicación que vaya más allá de los análisis de coyuntura. Una explicación alternativa y complementaria, a la vez, puede encontrarse en la historia, especialmente en la de las tradiciones e identidades políticas.

Como se sabe, el actual Partido Socialista es el resultado de la unificación en el 2002 del Partido Socialista Popular (PSP) y el Partido Socialista Democrático (PSD). ¿Cómo fue posible esta reorganización del socialismo, después de la escisión de 1958, que deshizo el "viejo tronco" socialista que había existido desde la última década del siglo XIX?. La hipótesis básica es que la socialista junto con la radical y la peronista constituyen las tres identidades políticas "históricas" argentinas que fueron producto de movimientos sociales que expresaban el proceso de formación de las clases modernas en el país: el proletariado, las clases medias urbanas y rurales, y la burguesía.

Sin duda hubo otras identidades políticas "históricas", pero que se extinguieron, como el caso del anarquismo, o que no llegaron a corporizarse políticamente como el de las fuerzas conservadoras o las derechas nacionalistas. Tampoco las de vertientes de la izquierda leninista, a excepción del Partido Comunista, que en algunos momentos alcanzó una estructura nacional estable con cierto apoyo popular. Un caso particular es el del ARI que es todavía una identidad en formación y que aparece como la confluencia de otras anteriores: el peronismo, el radicalismo y cierta izquierda sindical.


Las claves
En el caso del socialismo la formación de su identidad política histórica puede simbolizarse en su participación en tres movimientos clave: la formación del movimiento obrero, el Grito de Alcorta y la Reforma Universitaria.

El Partido Socialista vivió fuertes tensiones a lo largo de su historia -no siendo de las menores la existente entre lo corporativo y lo político- que algunas veces se transformaron en escisiones. Sin embargo, los golpes más duros los recibió a fines de la década del cincuenta del siglo XX. El primero vino de la postura a adoptar ante la proscripción del peronismo, que lo dividió entre Partido Socialista Argentino (PSA) y Partido Socialista Democrático (PSD). Mientras el segundo se abroquelaba en una postura "gorila", el primero, sufrió el otro golpe, procedente, esta vez, del impacto de la Revolución Cubana que lo indujo a un estado de atomización.

Paralelamente, surgía -con epicentro en Rosario- el Partido Socialista Popular (PSP), producto de una confluencia entre una de las ramas del PSA y un agrupamiento originariamente universitario, el Movimiento Nacional Reformista (MNR) cuyo principal inspirador había sido Guillermo Estévez Boero. Según se desprende de la lectura de los documentos de sus primeros congresos, el PSP se reclamaba marxista, pero su tónica fundamental era su insistencia en lo "nacional" y ponía énfasis en la necesidad de la comprensión del fenómeno peronista.

Se insistía también en la cuestión democrática, su rechazo a las estrategias de lucha armada y la necesidad del "trabajo de masas". En los ochenta, el PSP intensificó su carácter "socialista" aunque está definición existiera desde su origen.

Mientras tanto, en Buenos Aires, el PSD se transformaba. La "vieja guardia" que había dirigido Américo Ghioldi fue reemplazada por nuevas camadas de militantes, donde sobresalió la figura de Alfredo Bravo, vinculado a la lucha por los derechos humanos. A esto se sumó el agotamiento del menemismo en el peronismo, y del Frepaso y la Alianza, marco que creó condiciones favorables para la reunificación de las dos fracciones socialistas que habían sobrevivido a la crisis de más de cuarenta años, y en el 2002 surgió el actual Partido Socialista, unión del PSP y el PSD.

Pero es evidente que, más allá de las vicisitudes de la historia reciente de ambos agrupamientos, la reunificación se facilitó por la existencia de tradiciones comunes que se remontaban a una filiación identitaria socialista forjada históricamente.


El socialismo en Rosario
Ahora, resulta claro que la existencia de esa identidad "histórica" no es suficiente para explicar el fenómeno del resurgimiento con fuerte poder electoral del socialismo rosarino y santafesino. Tampoco agota las razones posibles el reconocimiento de una estrategia por parte del PSP que le permitió conservar viva la identidad socialista en la ciudad y en la provincia. La explicación debería ser más amplia. Porque lo paradójico es que el socialismo resurge, justamente, en una zona en la cual históricamente tuvo fuertes dificultades para hacer pie.

La hipótesis central a considerar es que el socialismo en Rosario tuvo a principios del siglo XX, momento en el que nacionalmente se constituyó la identidad "histórica" socialista, su crecimiento relativamente obturado por la Liga del Sur y por la de su sucesor, el Partido Demócrata Progresista (PDP). También, por la particular fuerza que tuvo el anarquismo hasta 1912 y el peculiar populismo obrerista del radicalismo local. El PS detentaba presencia política, una cierta fuerza sindical y eventualmente alguna capacidad de movilización en las calles. Pero su perfil era inferior al que tenía en Buenos Aires.

Las relaciones entre socialistas y latorristas eran contradictorias. Los dos tenían una característica común, eran partidos "programáticos". Es decir, tendían a representar al mismo tiempo la ciudadanía y ciertos intereses particulares, de clase social o de sectores de clase, aunque no fueran totalmente los mismos en uno y otro agrupamiento. Esto los diferenciaba del radicalismo, que era "movimientista".

La provincia de Santa Fe había registrado dos procesos de modernización superpuestos. El primero, desarrollado entre 1852, momento de la batalla de Caseros y 1880 y cuyo eje principal fue el proceso de colonización agrícola en el centro provincial. El segundo, más netamente capitalista, había arrancado en esa última fecha y afectado sobre todo a la región sur y especialmente a Rosario.

El latorrismo tendía a representar a ciertos intereses rurales y urbanos surgidos de ese segundo proceso: comerciantes, propietarios de tierras, pero con influencia en una porción de los sectores populares y especialmente en el comercio minorista, como lo demostró el movimiento por rebaja de impuestos de 1909 impulsado por la Liga del Sur.

El socialismo pretendía representar a la clase obrera, a los chacareros y a las clases medias urbanas. A pesar de los intereses sociales diferentes que defendían, ambos partidos tenían puntos de coincidencia: la integración de los extranjeros al régimen político -aunque el latorrismo lo reclamaba en forma más restringida-, el rechazo a las conspiraciones cívico militares, la participación electoral y la denuncia de fraude. También los unía el énfasis en la política municipal y la autonomía.

En realidad, lo que los unía los enfrentaba al mismo tiempo. En las elecciones provinciales de 1912, el socialismo en Rosario obtuvo solamente 52 votos, cifra muy inferior a la que era su capacidad de movilización electoral. El dirigente radical de la época, Ricardo Caballero, adujo en sus memorias que los dos partidos habían marchado juntos. No hay ninguna prueba de pacto alguno, pero no es improbable que una cantidad de eventuales votantes socialistas haya optado por un voto "positivo" a una estructura más orgánica, como lo era la de la Liga del Sur.

En las elecciones nacionales de 1932, el carácter de los dos partidos como "programáticos" habría estado en la base de la constitución de la alianza electoral bajo la fórmula De la Torre-Repetto. En décadas posteriores se fue produciendo una decadencia del PDP como partido regional alternativo al bipartidismo dominante. Este fenómeno requeriría un análisis mucho más complejo, pero sin duda no fue ajena en los tramos finales la vinculación de ese partido con la dictadura militar en el ámbito municipal.

En ese marco, el socialismo rosarino comenzó a ocupar ese rol alternativo a la hegemonía peronista-radical en la ciudad. Sin dudas, las posteriores gestiones municipales de los socialistas fueron creando las condiciones para el resultado electoral del 23 de octubre en el conjunto de la provincia.

Ricardo Falcón es historiador, docente

e investigador universitario
enviar nota por e-mail
contacto
Búsqueda avanzada Archivo


  La Capital Copyright 2003 | Todos los derechos reservados