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 domingo, 07 de agosto de 2005  
El pulso comercial de los barrios rosarinos
Empalme Graneros desarrolla su centro comercial a paso firme
Aún no hay bancos y sólo existe un cajero automático pero faltan locales para alquilar. Los clientes son todos del barrio

Claudio Berón / La Capital

Es lejos, las casas son bajas y los negocios se iluminan distinto. Las bicicletas tienen su lugar en las puertas de los comercios y cuando circulan se meten de prepo en el tránsito continuo que invade Juan José Paso, entre Garzón y Liniers. Cuadra más, cuadra menos, es el centro comercial de Empalme Graneros, al noroeste de las luces y los shoppings que se levantan junto al río.

El barrio "se hizo solo", dicen los viejos comerciantes, y tiene como característica que sobre Paso se puede comprar desde un kilo de mandarinas hasta un DVD de última generación, un perfume importado y un futón, todo en la misma cuadra y en comercios "bien puestos".

Juan José tiene uno de los negocios más antiguos, un súper, y es casi un cronista del reloj económico del barrio. Llegó en el año 1980 y cuenta que el desarrollo de la zona fue a partir del "ensanche de la calle 49", pasando la vía. Esa vía es la entrada obligada y perturbadora a Empalme Graneros, cuando se llega desde el centro.


Inundación y después
"A partir de calles como Camilo Aldao y Liniers se comenzó a generar la zona, cuando asfaltaron. Algo muy importante para nosotros fue el fin de las inundaciones", cuenta el comerciante y dice que "la gente no se acuerda, pero algunos intendentes ayudaron mucho al lugar".

El barrio pasó por dos saqueos, en 1989 y en el 2001. Todos recuerdan ese pasado olvidable pero guardan en presente la fidelidad de los clientes: "la gente del barrio se queda y compra acá".

Las caminatas después de las seis de la tarde son un paseo obligado. En los comercios no hay números ni facturación concreta, como tampoco la hay en varios negocios del centro. Una recorrida causa asombro: los negocios, entre las cinco y las siete, se llenan de gente. No todos compran, algunos esperan el fin de semana para llevarse un jean, una remera, algo del polirubro.

Desde hace dos años se nota una demanda importante de locales. Prácticamente no se consigue ninguno y de hacerlo el precio de un local de 50 metros cuadrados está cerca de $700.

Uno de los supermercados sobre Paso es de Juan José. "El consumo acá no es igual a otros barrios, en el súper vendo tanto vino fino como toneladas de polenta, tal vez más que en otro lugares de la ciudad. La zona es buena, acá se instalaron otros negocios como el mio y todos facturan bien", disparó.


Efecto plan
El nivel del consumo lo marca el cobro de los planes sociales. Si bien hay un sólo cajero en todo el barrio, cuando los vecinos cobran planes trabajar van a los negocios y compran. "Las ventas en esos días suelen sumar hasta un 20 por ciento más", sostienen.

Los hombres de negocio no pudieron unirse lo suficiente. Sólo funcionó una pequeña organización hace tres años atrás, pero la falta de tiempo y las urgencias impidieron que se consolidara, como lo hicieron distintas agrupaciones comerciales de calle San Martín o Aciso, en la zona oeste.

Entre las falencias del barrio se cuenta: la falta de cajeros automáticos, la ausencia de una sucursal bancaria y hasta la falta de un lugar para comprar tarjetas de colectivos. Hasta lo cotidiano cuesta en Empalme.

En estos días, en que la ciudad está cortada en varias arterias por obras de arreglo de veredas, podas y bacheos, en Empalme no es fácil ver las cuadrillas de operarios haciendo esos arreglos.

Los negocios en esas diez cuadras tienen distintas características. La familia de Vanesa es propietaria de dos perfumerías en la zona. Ella es la típica empresaria joven. "La gente compra de todo pero en este local jugamos más con las ofertas. En el otro, a cuatro cuadras de acá, las compras son más específicas", señaló.

La perfumería hace tres años que está en Paso al 5.700. "El barrio es importante comercialmente, a nosotros nos sirve mucho y eso que nos asaltaron cinco veces", detalló. La seguridad en el barrio es una queja recurrente.

El caso de Sergio es particular. Tiene un polirubro con tres socios y se instalaron hace tres meses. "No soy de acá, soy de Reconquista, estuve buscando un lugar para poner un negocio y con mis socios recorrimos muchos centros comerciales, tanto del norte como del sur. Este lugar nos gustó, hay mucho movimiento", cuenta.

"Elegimos un polirubro porque siempre se vende algo, desde un corralito de bebé a un par de medias", dijo. Su negocio es similar a otros del mismo ramo de la céntrica calle San Luis y en las góndolas se sucede: lencería, bazar, productos de limpieza, juguetes y los elementos que hacen el diario vivir de una casa de clase media.

La herramienta de marketing de Sergio son los sorteos, "de lunes a viernes entregamos con el tiket de cada compra un número y el sábado por la tarde se junta un montón de gente en la puerta del local para ver que gana", dice con poca humildad.


Inversión "extranjera"
En estos últimos años varios negocios del centro o de otros barrios se instalaron en Empalme. Entre ellos una casa de electrodomésticos. Lionel, el gerente, contó que hace "seis años que estamos acá, es un barrio con mucho movimiento y la gente usa las tarjetas más populares. A veces compran segundas marcas de las licencias más conocidas pero en general el consumo es similar a otros barrios". Esta es la tercer sucursal de un negocio que está sobre la avenida Provincias Unidas y, en volumen, es la más chica de la cadena.

Algunos barrios viven puertas adentro. Este no, se mueve. Juan José Barbisano fue dos años presidente del club La Gloria e implementó un canal de comercio y de comunicación que le trajo varias sorpresas durante su gestión. "Vengo del campo y allá funciona bien la propaladora, cuando asumí en el club saqué un parlante a la calle y empecé a poner música, después la gente empezó con los mensajes familiares y llegó un momento que los comerciantes optaron por pasar ofertas en la propaladora de la vereda. Hasta podría haber sido un buen negocio", dijo Barbisano.

En Empalme Graneros los comerciantes apostaron a lo local. No hay buena iluminación y las casas son todas bajas. Los árboles pelados a lo largo de J.J Paso y las calles que la cruzan contrastan con el movimiento contínuo de la gente del barrio, con la risa de los grupos de adolescentes y las madres buscando ropa, zapatillas, jabones, equipos de música o, al menos, lo suficiente para la cena.
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En plena actividad. El centro comercial de Empalme es una alternativa a la zona céntrica.


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