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 domingo, 12 de junio de 2005  
Coronda, dos meses después. Cómo se vive hoy en el penal donde masacraron a 14 presos (segunda nota)
Tras los muros se revalorizó la vida
Lo dicen presos, guardias y autoridades. La aparente normalidad va cicatrizando las heridas de la matanza

Leo Graciarena / La Capital

Coronda (Enviado especial).- Como el 11 de septiembre de 2001 cambió los hábitos de la seguridad mundial, el 11 de abril pasado marcó a fuego la vida de todos quienes están tras los muros de la cárcel de Coronda. La masacre de los 14 presos rosarinos motivó un quiebre en el Servicio Penitenciario (SP) provincial, sin dudas la institución más lastimada por la matanza. Puertas adentro, el penal parece estar "en marcha, como estaba dos meses atrás". Inclusive los internos aseguran que las condiciones de seguridad interna han mejorado y que "muchos han revalorizado sus vidas". Pero, ¿dos meses alcanzan para cicatrizar las heridas?

Como todo presidio, Coronda tiene su propia lógica y eso puede cambiar de acuerdo a la valoración que cada interno haga sobre la realidad. Como toda cárcel, en Coronda lo que sobra es el tiempo. En la Unidad 1 -una cárcel creada para condenados- habitaban hasta el jueves pasado 1.244 internos distribuidos en 14 pabellones. De ellos, el 70% son rosarinos y sólo 780 están condenados.

"A partir de lo que pasó, creo que estamos avanzando para bien", explicó el preso cordobés Carlos Priotti, quien hace 12 años que está en Coronda y ya disfruta del beneficio de la faz confianza, con salidas para trabajar fuera de los muros. "Se está tratando en materia de seguridad de dejar la unidad en las condiciones en las que debió estar siempre. Las autoridades desarrollan un buen papel y modificaron áreas que tenían fallas tanto para los internos como para el personal", explicó.

La cárcel tiene 138 presos menos que el 11 de abril (124 fueron trasladados a otros penales y comisarías santafesinos y a prisiones de otras provincia) y la cifra de condenados se elevó levemente en un 8%. Se pasó de un 54,11% de condenados en abril al 62,11 actual. Según cifras brindadas por el secretario de Derechos Humanos de la provincia, Domingo Pochettino, del total de procesados el 40 por ciento termina saliendo en libertad.

"Lo que se sucedió el 11 de abril nos hizo retroceder mucho", explicó el interventor de la cárcel, Jorge Bortolozzi. "Lo que se rompió ese día fue la armonía de la prisión", comentó. El funcionario, quien abrió las puertas de la cárcel para una exhaustiva visita periodística, busca que la sociedad recobre la confianza en el más grande de los presidios santafesinos. "Hay que entender que fueron 30 personas (los atacantes) sobre una población de 1.300. Que fue un pabellón sobre los 14 que hay aquí y que no todos los internos son iguales. La mayoría quiere vivir bien, quiere capacitarse, tener un título, un oficio para que el día de mañana deban pensar dos veces antes de delinquir", explicó el interventor.

La sensación térmica dentro del cerco de seguridad varía de acuerdo al pabellón al que se llegue. "Nosotros no queremos otro 11 de abril", gritaba un pibe rosarino detrás de las rejas del pabellón 12, uno de los caratulados como duros. Este sector denunció durante la semana que un guardia les "vendió" unas esposas para generar una venganza contra los santafesinos. "Lo de los santafesinos contra los rosarinos es un verso", explicó otro interno del ala norte. "A la cárcel la dividió la prensa", gritó. "¿Cómo no va a haber resentimiento si mataron a 14 tipos?", dijo otro preso desde el anonimato. "Muchos de ellos eran amigos", sentenció el hombre.

Ya en territorio de los pabellones religiosos -donde los evangélicos controlan más del 70 por ciento de la prisión- Daniel Barrios, un veterano entregado a la palabra del Señor explicaba: "No creo que vuelva a pasar. Desde que vino la intervención tuvimos sólo dos pinchados (atacados con chuzas) y después no hubo más".

En esto fue vital la implementación del cuerpo de requisas en la prisión. El grupo está integrado por 22 agentes, un jefe y un sub jefe y se encarga sólo de las revisaciones. "Fueron captados entre guardias y celadores de antigüedad", precisó Raúl Monti, jefe correccional de la prisión. El cuerpo de requisa fue dotado con un buscador del tipo de los buscaminas para explorar los patios externos, que son de tierra. "Ahí los reclusos enterraban las chuzas para esconderlas", comentó. "Así logramos copar la fábrica de chuzas y en un mes logramos secuestrar más de 100", explicó.

"Para nosotros es una tranquilidad que se lleven las chuzas", dijo un interno evangélico. "¿Para qué las queremos?", se preguntó. Pero otro alertó: "Que requisen lo entendemos y está bien. Pero te rompen todo y eso va a terminar generando bronca", sentenció.

Mientras se circula por los pasillos donde se arrastraron los cuerpos de las víctimas del 11 de abril, las preguntas fluyen y uno de los reclusos detrás de las rejas las aclara. "Aquellos a los que no les importaba nada, a partir de ese día revalorizaron un poco la vida. A otros les entró temor y algunos se dieron cuenta de que en Coronda ya no se puede joder".


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Carceleros y presos conviven separados por las rejas.

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