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 domingo, 12 de junio de 2005  
Historia de la agricultura mundial (III)
Roma y Edad Media: del latifundio a la peste
En esta entrega, la caída de los rendimientos derrumba imperios y provoca trágicas crisis de salud

Otto Solbrig

En el año 5 mil antes de Cristo la agricultura comenzó a desplazarse desde Medio Oriente hacia el Cáucaso y Europa. Este movimiento tuvo un impacto muy fuerte sobre la organización social. La cultura agrícola está en la base de las civilizaciones griega y romana.

Pensadores romanos como Agrícola y Catón hicieron tratados agronómicos muy importantes. Resulta un poco chocante para nosotros, ahora, leer entre las recomendaciones de Agrícola que no hay que olvidarse de encerrar los esclavos a la noche. Pero es ilustrativo del tipo de agricultura que hacían en la época. De hecho, el sistema de producción basado en el latifundio y la mano de obra esclava tuvo una fuerte incidencia en la posterior declinación del imperio.

El latifundio es precisamente una palabra de origen latino. Era la unidad de la agricultura romana (dedicada fundamentalmente a la producción de trigo, olivo y vid), que tenía también entre sus características el ausentismo de sus propietarios. Su resultado fue que durante toda la época del imperio, desde Augusto hasta la invasión de los bárbaros, Roma tuvo un déficit de producción de alimentos, que mientras pudo compensó con importación de trigo desde Egipto y lo que hoy es Ucrania.

Estos rasgos se acentuaron entre el año 0 y el 300, el ciclo de declinación del imperio. El escaso uso de fertilizantes produjo una fuerte reducción de los rendimientos, y con ello aparecieron problemas de desnutrición y sanitarios.

En el año 300 comenzó la llamada invasión de los pueblos bárbaros, que en realidad fue el avance político de los pueblos que a través de la conquista ya formaban parte del imperio. Periódicamente se producían invasiones a las ciudades y, de a poco, esta nueva elite comenzó a reemplazar a la romana, que a su vez se trasladó en gran medida al campo. Vieja y nueva elite fueron conformando, sobre la estructura de los viejos latifundios, una nobleza y una clase campesina, que dio forma a la estructura social de la edad media hasta el siglo IX. Hasta ese momento, sólo el 5% de la población de Europa era urbana.

La agricultura feudal

En los reinos originados por los visigodos (Toledo), los ostrogodos (Italia) o los francos (Francia), el rey era en teoría el dueño de las tierras. Pero esa tierra era dividida en señoríos y los nobles eran los que verdaderamente mandaban en el campo, que era cultivado por esclavos o campesinos libres (en el sentido de que, por ejemplo, no podían ser vendidos), los cuales no obstante debían dedicarle al dueño parte de su trabajo. Así, los esclavos pasaron a ser siervos, que incluso poseían una porción de tierra en usufructo. Con el tiempo y por fuerza de la costumbre esas parcelas fueron tomadas como propias incluso se traspasaban a los herederos.

La rotación agrícola en el sur de Europa era simple: un año se cultivaban cereales y al otro se dejaba en barbecho. Se araba el campo, y se dejaba entrar al ganado, sobre todo para que fertilizara la tierra con su estiércol. Al norte de Francia, en cambio, la rotación era distinta: se dejaba un año en barbecho, al otro se sembraba trigo y al otro año se plantaba cebada. Era un sistema más eficiente porque sólo una parte de la tierra, y no la mitad, quedaba en barbecho.

En la temprana edad media los campos se manejaban colectivamente. Cada uno manejaba su parcela pero el sistema de producción era común. Si un año se sembraba trigo, todos tenían que hacer trigo. Por supuesto, dividido en zonas para que no todo sea barbecho o trigo. El ganado se ubicaba en las praderas, las zonas más bajas. Aunque cambiaron las rotaciones, el paisaje rural de la Europa de hoy no es muy distinto al de aquella época.

Entre los principales cambios tecnológicos que se produjeron en la edad media figura la aparición del arado pesado, que permitió entrar a los campos más altos del norte del continente, y el yugo, que mejoró la tracción del arado por parte de los animales. La innovación de la pechera, además, permitió incluir al caballo como fuerza motriz.

Más allá de estas modificaciones, del siglo III al IX, la estructura agrícola fue muy rígida y no muy abierta a los cambios productivos. El ganado era mucho más pequeño que el actual, lo que tenía su efecto en la capacidad de trabajo. El vacuno era utilizado para tiro y abono. La carne, en los estratos sociales más altos, que eran los únicos que la consumían, era la de porcino. El ganado lanar fue importante, sobre todo en España, porque la industria de los tejidos fue una de las primeras en surgir.

El producto principal era el trigo, con rendimientos muy bajos. Por cada semilla plantada se obtenían cinco. Pero fuera de la nobleza, el cereal de mayor consumo era la cebada, que tiene gluten y es como una galleta.

La disponibilidad de alimentos era decisoria en las tasas de natalidad y mortalidad de esa época, pero a partir del siglo X, en un período de relativa estabilidad y mejor alimentación, la tendencia general fue de crecimiento de la población.

Las ciudades

Este crecimiento fue dibujando una nueva estructura social. Y aparecieron las ciudades. Hacia el siglo XI, los reyes comenzaron a fomentar la urbanización para controlar el poder de los barones que dominaban el campo. La presión demográfica se hizo sentir en la reducción de los bosques, la cantidad de animales y de estiércol para abono y, finalmente, el rendimiento de los cultivos.

Por otro lado, incipiente urbanización cambió la situación de la economía. Las ciudades pasaron a ser mercados para la producción agrícola y dejó de ser el señorío el lugar exclusivo en el que volcar el excedente. Con la venta a las ciudades apareció el dinero y eso permitió que el campesino pudiera pagarle al dueño en lugar de trabajar para él. Y así trabajar su propio campo. Ciertos campesinos comenzaron a volverse más ricos y a comprar tierras.

Pero a pesar de estos cambios, la estructura agraria no varió lo suficiente como para aumentar la producción. La presión ambiental y la caída de rendimientos agudizó los problemas de desnutrición y, hacia el año 1350 apareció la peste negra. No era una enfermedad nueva pero en este caso encontró una población sumamente debilitada y arrasó con la tercera parte de la población de Europa en 50 años. Su daño se concentró en las ciudades y en los estratos económicos más bajos.

Una de sus consecuencias fue la reducción de mano de obra disponible. En esta época el siervo perdió su condición de tal y comenzó a trabajar su propia tierra. Muchos señores, incluso comenzaron a darle sus campos en arrendamiento. Allí se produjo un cambio de paradigma.

Otro impacto sobre la agricultura de la época viene de la mano de la expansión de los árabes. En el siglo X, los árabes llevaron a Europa productos que no se conocían como el trigo candeal, que se utiliza para hacer pastas, el arroz, originario de China pero que los árabes traen de India, el sorgo, la caña de azúcar, el algodón asiático, que da una fibra muy corta, la naranja amarga y la sandía.

La llegada de los árabes fue acompañada de un montón de nuevos cultivos que aumentaron los rendimientos y la diversidad. Pero si bien tenían mucha comunicación con los cristianos (el renacimiento comenzó cuando los árabes llevaron a España los escritos de los filósofos griegos), estos no adoptaron fácilmente los cultivos árabes. Un intercambio mucho más vertiginoso se produjo, en cambio, con el descubrimiento de América, cuando comenzó la globalización.
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Una pintura de la época retrata el trabajo en el campo durante la Edad Media.


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