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 jueves, 26 de mayo de 2005  
candi
Charlas en el Café del Bajo
-Hace unos días atrás recibí una carta del conocido y excelente abogado y profesor universitario Víctor Corvalán. Primero voy a reproducir la misiva y después usted, Candi, sea un atrevido para contender con tal ilustre personalidad. Dice el letrado lo siguiente: "Estimado Candi: hace tiempo que me llama la atención cómo abusamos de las ficciones jurídicas en el discurso, tanto cotidiano como especializado, entre los que incluyo a periodistas, profesores, maestros, profesionales universitarios, etcétera. La más común y que despertó mi decisión de escribirle es la suya hecha en sus comentarios sobre el compromiso de las personas, llegando a consignar textualmente el primero que no se compromete con el ser humano es el Estado. Todos los días escuchamos que se acusa al Estado de ineficaz, cuando en realidad los que no cumplen correctamente sus tareas son siempre los encargados de gobernar o los empleados, es decir personas físicas. Como sabemos las personas jurídicas (el Estado es una de ellas) son ficciones creadas por el derecho para ponerlas al servicio de determinados fines y las referencias que se hagan a ellas siempre deben tener presente la figura ideal que representan. De lo contrario se exagera y se puede caer en absurdos, como ocurre a diario en los avisos fúnebres. Basta una simple lectura para advertir que muchas veces participan del fallecimiento de la madre del presidente o del gerente, de determinadas sociedades anónimas o de responsabilidad limitada. Pero además las hacen expresar su dolor (¡!). Así las sociedades anónimas sufren por la pérdida de un ser que alguna vinculación tuvo con ellas. Las ficciones en el ordenamiento jurídico cumplen funciones determinadas. Por ejemplo las sociedades comerciales protegen el patrimonio de sus accionistas ya que responden ellas por las obligaciones que contraen. De cualquier forma el abuso de las referencias al Estado en alguna época tenía un alto contenido ideológico, del mismo modo que hoy ocurre con la sociedad, a quien se la menciona muchas veces para justificar determinados actos de poder. Así desde determinada postura doctrinaria se dice que el derecho penal defiende a la sociedad de los delincuentes que la atacan. Esa expresión encierra una definición importante a partir de la cual se entienden muchas posiciones represivas. No se advierte que los delincuentes son también miembros de esa misma sociedad. En todo caso son un síntoma de que algo anda mal en el contexto social. Para quienes entendemos que el derecho siempre debe tener un fundamento antropológico, es decir, debe estar al servicio de la persona, la sociedad no puede ser considerada un ente distinto de las personas que la componen, y mucho menos superior para justificar el sometimiento de los que obedecen. Lo mismo ocurre con el Estado, la Nación, la provincia o el municipio. De cualquier forma no era mi propósito analizar aquí las causas de por qué ocurre esto de hablar de entes ficcionales, como si se tratara de personas físicas, porque probablemente usted esté en mejores condiciones para hacerlo, sino simplemente llevarle estas reflexiones en la seguridad de que sabrá interpretarme correctamente y todos saldremos enriquecidos con sus comentarios. No se me escapa que tal utilización es en muchos casos una excelente herramienta para no aludir directamente a quienes son los verdaderos responsables que se escudan en la figura ficcional. Si la culpa la tiene el Estado, en realidad como realmente no existe, la culpa no es de nadie. Nuevamente lo felicito por su labor en la columna y aprovecho para saludarlo cordialmente. Víctor R. Corvalán".

-Dispongo de dos líneas para dar mi opinión y allí va: el Estado, es cierto, es una persona jurídica, una institución y parece impropio llamarle ineficaz a una ficción, a una abstracción, pero el Estado deja de ser una ficción cuando acciona y lo hace por la concurrencia de las personas físicas. Es decir, el Estado no existe sino por la presencia del ser humano y entonces es, en mi opinión, correcto decir que el Estado es ineficaz. Por extensión se dice ineficaces a las personas que le dan vida. Distinto es el caso de la justicia. Es incorrecto decir, como suele expresarse, "la justicia es ineficaz o corrupta", no es correcta la calificación porque la justicia no es una institución (la institución es el Poder Judicial), la justicia es antes que nada una virtud y no hay virtud en sí misma ineficaz o corrompida. Por lo demás, cada vez que se llama al Estado ineficaz se lo hace en virtud de la trascendencia de éste en el tiempo. "El Estado argentino ha sido históricamente ineficaz aun cuando hayan existido gobiernos rescatables". Y sigo mañana con el Poder Judicial, ya que lo mencioné.

Candi II

candi@lacapital.com.ar
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