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 domingo, 28 de noviembre de 2004  
El valor de la gestión frente al sinsentido del palabrerío

Mauricio Maronna / La Capital

Primera pregunta para el lector: ¿en qué se parecen Hermes Binner, Patricio Echegaray, Felipe Michlig, Mario Cafiero, Alberto Natale, Víctor De Gennaro y la monja Martha Pelloni? Segunda pregunta: ¿alguna vez se imaginó que Carlos Reutemann organizaría un acto con toda la pompa para apoyar a Néstor Kirchner? Tercera pregunta: ¿no le repugna que, a casi un año de las elecciones, algunos políticos ya estén en campaña? Cuarta pregunta: ¿tiene conciencia de que con la derogación de la ley de lemas se viene un sistema electoral que reproducirá los vicios que la política santafesina ofrendó en la década del 80?

En medio de tantos interrogantes, en Rosario existe, hoy por hoy, una única certeza: con Miguel Lifschitz al frente de la Intendencia, la ciudad ha logrado un salto de calidad. La palabra "gestión" sigue constituyendo, en medio de tanto palabrerío hueco, operaciones políticas, acusaciones altisonantes y un creciente internismo, la mejor tarjeta de presentación.

Al fin, desde los primeros años de la posdictadura, los rosarinos han valorizado el hacer y no el decir, la transparencia y no la transa promiscua, como elementos decisivos a la hora de ir a las urnas. Nada indica que el decálogo de valores cambie de escala.

Para quienes crean que las palabras anteriores implican una apología sesgada sobre quien conduce el Palacio de los Leones, debe decirse que el Congreso de la Lengua Española, con su retahíla de pomposidad, y su antecedente inmediato de cortes de cintas (como si Lifschitz se hubiera transformado de buenas a primeras en el hombre manos de tijera) fue, apenas, un trampolín que le permitirá al intendente decidir si su futuro tendrá un colchón de agua.

El último fuego de artificio que despidió a esos hombres y mujeres dotados de toda la iconografía progre debe servir para poner ahora los ojos en los inmensos bolsones de pobreza y marginación que se pasean no solamente en las villas desamparadas, sino también en las peatonales que durante una semana se parecieron a las de una ciudad del Primer Mundo y que ahora, súbitamente, volvieron a formar parte del paisaje cotidiano.

Lifschitz, desde el 11 de diciembre de 2003 la única revelación en la política santafesina, debería sacudir un poco más a un gabinete que, a veces, parece ir a ritmo cansino.

Tal como se adelantó en esta columna hace siete días, los políticos comenzaron a hacer de la provincia la sede de otro congreso de la lengua: chabacano, vulgar y con rasgos de patetismo.

Binner, tocado tras la debacle electoral del 7 de septiembre de 2003, utiliza cualquier medio para recobrar algo del protagonismo perdido y lanzar diatribas contra todo lo que tenga olor a peronismo. "Reutemann no es rival político porque quien no puede caminar por la calle en su propio territorio no tiene futuro", apostrofó el frustrado ex candidato a gobernador.

Cualquier dirigente, periodista o empresario que tenga acceso a las encuestas que consultan periódicamente los funcionarios nacionales podrá comprobar que, hoy, el presidente Néstor Kirchner y el senador nacional por Santa Fe son los principales referentes, desde Gato Colorado hasta el extremo sur de la bota.

"No sé qué le pasa a Hermes. Primero fue a una reunión inconsulta con la UCR para pedir la recreación de una Alianza que fracasó; después estas declaraciones contra Reutemann que, al menos yo, lejos estoy de compartir. Y por último el congreso de hoy (por ayer, en el Sindicato de Distribuidores de Diarios y Revistas)", fue la reflexión de un referente del socialismo al que el lanzamiento del Encuentro Nacional por la Soberanía Popular por un Nuevo Proyecto de Nación (¿no podrían abreviar las denominaciones?) tomó por sorpresa.

"No estoy en el tema, me enteré por el diario que se hacía ese encuentro, No le veo perspectivas electorales, puede que sea algún proyecto de articulación social como en su momento constituyó el Frente Nacional contra la Pobreza (Frenapo). Pero no tengo nada que ver en el armado. ¿Si voy a ir? No, tengo cosas más importantes que hacer", reveló a este diario un importante funcionario municipal.

Antes de este encuentro con la izquierda, Binner se reunió con la cúpula de la UCR para sondear la posibilidad de recrear la Alianza Santafesina. "También hablamos de integrar al PDP", dijo a La Capital un conspicuo radical, presente en la reunión de Esperanza.

Por el PJ las aguas también bajan espesas y, para colmo, los peronistas no tratan de esconder bajo la alfombra las diferencias internas, como sí lo hacen los socialistas. Aunque a veces la alfombra no resiste y las evidencias queden a merced de los observadores. "Binner es un llorón. Está más solo que Adán en el día de la Madre. Los socialistas no van con él ni a misa. Solo algunos mutantes de la política lo siguen rondando y sus compañeros de partido ni siquiera le gestionaron una silla en el acto del Congreso de la Lengua. Y encima dice que él lo organizó", contragolpearon a pura chicana los diputados provinciales justicialistas Claudio Tibaldo, Laura Venesia, Jorge Lagna y Adriana Cavuto.

Otros peronistas dicen tener en su poder una denuncia contra el ex intendente que consideran una especie de "bomba atómica que todavía no la hacemos pública porque el Lole no quiere embarrar más la cancha".

Habría que rectificarlos: la política santafesina ya está en el barro.

El ejemplo más gráfico de la decadente actualidad provino de una edila santafesina, que criticó duramente algo que la sociedad reclama: la reducción del número de concejales en las grandes ciudades de la provincia: "Con el achicamiento del Concejo yo no podría ser concejala", reproduce el portal de noticias Sin Mordaza. ¿La tenían a la socialista Marta Fassino? De acuerdo a sus palabras, Santa Fe se estaría perdiendo a una referente casi irreemplazable de la institucionalidad.

El hecho de que el proyecto de derogación de la única reforma política que se hizo en la provincia provenga de la legisladora reutemista Liliana Meotto pone las cosas en su lugar: los buenos y los malos están en todos los partidos.

La frutilla que decora el poste tendrá lugar el 10 de diciembre: ese día el reutemismo lanzará una corriente interna con el único objetivo "de apoyar al presidente y al Lole, los dos grandes electores", profetizan los organizadores. La vocación compulsiva por subirse a cualquier tren que ofrezca como destino provisorio algún espacio de poder tiene, como la necesidad, cara de hereje.

¿Quo vadis Lole?
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