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 miércoles, 20 de octubre de 2004

Arrebatan 50 mil pesos y le pegan dos tiros a un custodio en el centro
Un ladrón siguió a un portavalores por la peatonal y le dio un culatazo al llegar a Corrientes. Allí le arrancó el maletín y trepó a una moto, desde donde un cómplice aseguró el robo baleando al vigilador, que no corre peligro

Los dos balazos estremecieron a los peatones que caminaban ayer a la tarde por Córdoba y Corrientes. Algunos operadores y empleados de la Bolsa de Comercio escucharon los estampidos y salieron a la calle. Sobre la calle un vigilador privado que acababa de ser baleado por dos motociclistas balbuceaba para explicar lo que había ocurrido. A su lado, un portavalores de una agencia de cambio del microcentro apoyaba su mano sobre su cabeza ensangrentada y se lamentaba por el maletín con los 50 mil pesos que le había arrebatado un socio de los jóvenes que se desplazaban en la moto. Varios testigos involuntarios del suceso corrían desesperados sin comprender lo que pasaba y los ladrones desaparecían por la calle con el valioso botín.

El custodio anoche estaba internado con dos balazos -uno en una pierna y otro en un glúteo- en el Sanatorio Mapaci, aunque su vida no corría peligro. Y el empleado de la firma bursátil se recuperaba del culatazo que le asestaron en la cabeza mientras que la policía no tenía pistas que conduzcan a los autores del atraco.

Como siempre, el microcentro estaba atestado de gente. A las 15.10, dos empleados de la firma Rosental Carbatur, situada en Córdoba 1441, realizaban una de las habituales operaciones comerciales. Walter Montero, un portavalores de 39 años de esa empresa, llevaba en sus manos un attaché con los 50 mil pesos que acababa de retirar de la firma Transatlántica, de Rioja y Mitre.

Lo acompañaba Enzo Rojas, un vigilador privador de unos 30 años. Iban a la empresa para la que trabajan, pero cuando llegaron al cruce de Córdoba y Corrientes, a unos 50 metros de Rosental, fueron emboscados por tres jóvenes.

El golpe había sido planificado con minuciosidad y los maleantes actuaron con precisión y eficacia. Desde hacía un rato, un hombre vestido con un impecable traje seguía los movimientos del portavalores y el vigilador. Caminaba detrás de ambos, pero ellos no se habían percatado. Cuando Montero ya estaba a punto de cruzar Corrientes un tremendo golpe en la cabeza lo sacudió. El hombre prolijamente vestido, que le dio un culatazo, era el agresor.


Arrebato del maletín
El desconocido le apretó el brazo y el maletín se desprendió de los dedos del empleado. Rojas observó la escena, pero no tuvo tiempo de reaccionar. En ese momento, entraron en acción los socios del delincuente. El motociclista hacía un rato que esperaba a bordo de una moto Enduro estacionada sobre Corrientes. Junto a él había otro hombre.

El que conducía la moto aceleró y se detuvo abruptamente frente al custodio. Al parecer, su acompañante desenfundó una pistola nueve milímetros y le descerrajó dos balazos. "El vigilador no se resistió. Le tiraron a quemarropa para poder concretar el atraco", explicó el comisario Hernán Brest, jefe del Comando Radioeléctrico.

El desbande fue casi generalizado. Muchos curiosos salían de las oficinas y comercios para ver lo que había ocurrido. "La gente salió corriendo para todos lados y muchos se tiraron al piso", dijo una muchacha que justo pasaba por allí. La testigo alcanzó a ver cómo el hombre que se robó el maletín subía a la moto en la que iban sus dos socios.

Los tres asaltantes se esfumaron por Corrientes en dirección al norte. La testigo parecía tranquila, pero no dejaba de lamentarse por las consecuencias que pudo haber tenido el tiroteo cuando la peatonal era un hervidero. "Pudo ser un desastre, había una multitud de gente", se quejó.

Rojas yacía herido sobre Corrientes, a un metro del cordón que delimita la peatonal. Obnubilado, su compañero de trabajo intentaba auxiliarlo. Estaba lúcido y, a duras penas, intentaba reconstruir el episodio. Como una de sus piernas derramaba sangre, lo primero que hicieron los paramédicos fue practicar un torniquete para inmovilizarla.

Después, una ambulancia de una empresa de emergencias privada lo trasladó al Hospital de Emergencias y de allí fue derivado al Sanatorio Mapaci, donde anoche estaba internado, no de gravedad.

Cuando ya había transcurrido media hora del suceso, algunas personas que trabajan en la Bolsa de Comercio se quejaban de las condiciones de inseguridad en esa zona del microcentro. "El problema que tenemos es que a la hora en que ocurrió el robo habitualmente no hay policías en la calle. Entre las 2 y media de la tarde y las cuatro menos cuarto no hay vigilancia porque hacen el cambio de guardia y los policías de recambio demoran en llegar", se quejó un empleado de la Bolsa.

Casi al mismo tiempo, efectivos del Comando Radioeléctrico buscaban las cápsulas servidas de los proyectiles, que no aparecían a pesar de que algunos testigos dijeron haberlas visto a pocos centímetros del cuerpo de Rojas. "Yo les dije (a los policías) que las levantaran, pero no hicieron caso", comentó un hombre.

Brest intentó justificar la desaparición de los proyectiles diciendo que "a veces la gente nos obstaculiza el lugar del procedimiento" y señaló que una vaina había sido encontrada por agentes de la comisaría 2ª sobre el cordón de la peatonal.

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La vóragine del microcentro, en pleno horario de cierre bancario, se alternó por las estampidas de las balas de los asaltantes.

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