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 miércoles, 20 de octubre de 2004

La seguridad es el tema central en la campaña presidencial en EEUU
Encrucijada global: ¿la guerra o la paz?
El electorado se debate entre la ofensiva de George Bush o los nuevos caminos que plantea John Kerry

Laszlo Trankovits

Washington. - La política exterior domina, por primera vez desde hace décadas, las elecciones presidenciales del 2 de noviembre en Estados Unidos. Los votantes saben que están en juego la guerra y la paz. El electorado está profundamente dividido en torno a la cuestión de quién puede traer al país la tranquilidad y la seguridad.

No sólo el presidente actual, el republicano George W. Bush, y el candidato demócrata a sucederlo, John Kerry, consideran que la próxima es "la elección más importante" de su generación. Según un sondeo de la empresa especialista Gallup, el 72% de los estadounidenses consideran "muy importante" la opción entre el ex gobernador de Texas y el senador por Massachusetts. Hace cuatro años, sólo el 47% de la población utilizaba ese calificativo para la elección entre Bush y el demócrata Al Gore, mientras que en 1996 el porcentaje fue del 41%. En efecto, los comicios de 2004 suponen una elección histórica de la dirección a seguir.

Bush, de 58 años, ve a EEUU y a Occidente en una "nueva guerra mundial" contra el extremismo islámico y el terrorismo internacional. Para él y para los influyentes neoconservadores de su equipo no hay alternativa a una política ofensiva y preventiva que busca llevar el escenario de confrontación a las regiones centrales para el enemigo. La guerra de Irak fue consecuente con esta percepción de Bush. El mandatario cree en su "misión" de llevar la libertad y la democracia occidentales al mundo árabe-islámico.

El senador Kerry, de 60 años, quiere establecer alianzas nuevas y hallar nuevos caminos para combatir el terrorismo, sin que Estados Unidos coseche odio a nivel mundial, encuestas de todo el mundo reflejan que hacía mucho tiempo que ningún presidente del gigante norteamericano inspiraba tanto rechazo como Bush.

Kerry está convencido de que podría sumar más entusiasmo de aliados distanciados como Alemania o Francia para los esfuerzos de pacificación de Cercano Oriente y de paso reducir con ello las cargas personales y materiales que soporta Estados Unidos.

El demócrata quiere concluir "con éxito" la guerra de Irak. Esto es, no pretende retirar las tropas antes de que el país del Golfo Pérsico esté estabilizado. Afirma además que, en caso de necesidad, también actuará de manera unilateral para defender los intereses de seguridad.

"Estados Unidos es la potencia líder del mundo", señalan tanto Kerry como Bush, respecto a la única superpotencia que resta, tras el colapso de la Unión Soviética.

En el curso de la maratoniana campaña para estos comicios, el senador por Massachusetts ha criticado reiteradas veces la guerra de Irak, en términos duros. Desde que el mismo Bush se vio obligado a admitir que Irak no tenía armas de destrucción masiva y que Saddam Hussein no estuvo implicado en los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, Kerry apunta que la guerra fue una equivocación.

Sin embargo, el demócrata utiliza sobre todo los errores de Irak y las razones que sirvieron para justificar la guerra y que resultaron ser falsas para poner en duda la credibilidad de Bush en una amarga campaña.

La campaña más cara de la historia (en la que en total se han gastado más de mil millones de dólares) ha estado plagada de publicidad negativa y de acusaciones emocionales.

El 2 de noviembre están también en juego 34 de los 100 escaños de Senado y las 435 bancas de la Cámara de Representantes. Los republicanos tienen ahora una pequeña mayoría en ambas cámaras. Según las encuestas, en la Cámara de Representantes mantendrán su dominio, pero en el Senado la lucha podría ser ajustada. Quizás, como en 2000, la balanza la podría volver a inclinar el independiente Ralph Nader, un liberal de izquierda que hace cuatro años arrebató a Gore los votos decisivos que le habrían permitido derrotar a Bush. (DPA)

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Bush junto a su hermano Jeb, gobernador de Florida.

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