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 domingo, 05 de septiembre de 2004

Hablando de inseguridad

La tragedia de la inseguridad que aflige a los argentinos es un tema de honda preocupación para todos y parece no tener fin. Enfocada desde distintos ángulos: político, económico, social, cultural y jurídico, no es de fácil o rápida solución. La inseguridad es la consecuencia de la destrucción de un país y su gente por gobiernos incapaces y corruptos. El menemismo y la Alianza llevaron a una generalizada pobreza, indigencia y corrupción como jamás se vieron. A su vez, esta realidad es caldo de cultivo y expansión de la enorme ola de violencia e inseguridad que nos afecta a todos. Secuestros, robos, asaltos, crímenes, etcétera, ocupan a diario los medios de comunicación, dejando un tendal de víctimas y una sensación colectiva de miedo y falta de seguridad en todas partes. Esta terrible situación no tendrá fin si no se atacan y cambian las causas que la generan: una economía al servicio de la clase dominante, millones de desocupados, sueldos de hambre y falta de educación y justicia. Desaparecidas las causas cesarán los efectos o bien serán mucho menor. También hay otra inseguridad que no se la nombra como tal y no por eso es menos grave o dolorosa. La padecen a diario, desde hace años, millones de personas que viven un presente desgraciado y un futuro sombrío e incierto. Son los pobres, hambrientos, enfermos y desempleados víctimas de una violencia constante como los mencionados secuestros y asaltos por doquier. Estadísticas recientes señalan que la mitad de los argentinos habitan en hogares pobres y más del 60% de niños menores de 14 años viven en esa condición. Otro tanto pasa con los jóvenes y adolescentes hasta 22 años. Si la seguridad consiste en estar libres y exentos de todo daño, peligro o riesgo, ¿en qué situación están estos chicos y adolescentes pobres? ¿Cuál es su presente y su futuro? ¿Hay seguridad de algo para ellos? ¿Y los jubilados con ingresos miserables? Solucionar tantos males demanda políticas de avanzada, integrales y de profundo sentido nacional y humano. Además de ideas nuevas y políticos honestos y capaces que las apliquen en beneficio de todos. Con decisión y coraje todo puede cambiar.

Roberto Torres



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